Socialismo o neoliberalismo, pero el pueblo siempre sale perdiendo

Esta crisis de la pandemia nos está dando la oportunidad de trabajar en buscar nuevos caminos y exigir a los políticos que también los busquen.


El pueblo pierde


Estamos en medio de una gran crisis agravada por la pandemia del coronavirus, pero es importante resaltar que la crisis económica en México es anterior a la llegada de esta pandemia, y que se venían agravando como fruto de varias de las políticas de este gobierno que estaban generando una gran desconfianza entre los inversionistas.

El lema de este gobierno es que la raíz de todos los males que nos aquejan es el llamado neoliberalismo, que además identifica también como generador de corrupción y que la cura para nuestros males será implementar políticas inspiradas en el socialismo que en realidad se convierte siempre en un estatismo improductivo.

Y hay que decir con toda claridad que ciertamente el liberalismo capitalista y su teoría del mercado totalmente libre no ha sido una solución y ha generado un mundo muy desigual y un México muy pobre; sin embargo, por otro lado hay que decir también que el remedio propuesto, es decir el socialismo populista, ha resultado siempre peor que el mal que según los de izquierda pretende corregir, porque además casi siempre termina en dictaduras que minimizan la libertad de los ciudadanos al concentrarse en el Estado, o sea en los políticos el poder económico y el poder político.

Y es que el mal de raíz en ambas propuestas económicas es el mismo, son sistemas materialistas que no contemplan la realidad de las personas que no son solamente económicas, sino también de orden espiritual, intelectual, afectivo y de libertad, es decir no contemplan que hay una dignidad de la persona humana que debería ser considerada y tomada en cuenta a la hora de elaborar las teorías de los sistemas económicos.

Hay principios fundamentales que se deben considerar para elaborar un sistema económico político:

La dignidad de la persona humana como un ser trascendente compuesto de cuerpo y alma.

El bien común, aquello que beneficia a todos, un orden social que proporcione a todos las oportunidades para un desarrollo basado en la justicia.

Propiedad privada con un contexto social de bienestar para una gran mayoría, pero dentro de un contexto que tampoco permite el abuso de unos cuantos sobre todos lo demás.

El principio de subsidiariedad, en donde la sociedad pueda desarrollar el mayor número de acciones en todos los órdenes, desde luego bajo leyes justas y supervisadas por autoridades competentes y responsables, que fomenten la creatividad de personas y grupos, para el desarrollo económico y social.

Desde luego habrá actividades que sean exclusivas del Estado y otras que se puedan hacer en forma coordinada entre este y la iniciativa privada.

El sentido de solidaridad, que fomente un sentimiento de responsabilidad para los demás, tanto en las instituciones, en las empresas, como en cada uno de los ciudadanos.

Y lo más importante es el respeto a la vida desde su origen hasta su final natural, como principio fundamental de todas las libertades, entre los cuales están la libertad de conciencia y la libertad religiosa, pilares para una sociedad sana y feliz.

Esta crisis de la pandemia nos está dando la oportunidad de trabajar en buscar nuevos caminos y exigir a los políticos que los busquen también, no en esos caminos trillados de la demagogia de izquierda que ya sabemos nos tienen asegurado el fracaso, pero tampoco por los caminos ya también ensayados en México de una extraña mezcla de complicidades empresariales y políticas sin un enfoque social, y desde luego analizar cambios en la educación, para fomentar la responsabilidad, el amor al trabajo, la honradez y el espíritu de servicio entre los ciudadanos, que también tenemos una enorme responsabilidad en el México que hemos creado y que tenemos que cambiar.

 

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