Las cuatro transformaciones y sus fracasos

Llegamos pues así a la llamada cuarta transformación, con resultados que hasta el momento presentan un panorama económico con números muy desalentadores.



Estamos viviendo en una época en que la propaganda se ha convertido en una herramienta política de primer orden, y como tal influye poderosamente en la democracia moderna, en donde muchas veces triunfa el que puede vender mejor estos lemas elaborados, que verdaderos programas de gobierno.

El caso que estamos viviendo es uno de ellos, y se nos habla de que estamos en una gloriosa cuarta transformación, y se nos plantea que ya hubo tres transformaciones claves y exitosas en nuestro pasado.

La primera la independencia consumada por Agustín de Iturbide en compañía de Vicente Guerrero se inició bajo los mejores augurios y esperanzas, bajo la única forma de gobierno que se había conocido en la nueva España y que en realidad se encontraba vigente en todo el mundo, un imperio. Pero teníamos un vecino de forma de gobierno republicana pero de mente imperialista que no simpatizaba con la idea de tener en sus fronteras un imperio que pudiera hacerle sombra, por lo que hábilmente envió a un ministro que en realidad era un espía y un agitador llamado Joel R Poinset, que aliado con la masonería supo hacer que el congreso conspirara contra el naciente gobierno, consiguió derrotarlo y pronto llegaría el sistema republicano con una etapa de absoluta inestabilidad, constantes golpes militares, divisiones entre conservadores y liberales, éstos últimos casi siempre apoyados por el gobierno de los Estados Unidos, después de la Guerra de Reforma, el efímero imperio de Maximiliano, y la llamada dictadura de Porfirio Díaz que pese a las críticas pudo dar paz al país y el inicio a una estabilidad e internacionalización, sin que por eso no se haya incurrido en muchas injusticias.

Así llegó la llamada Revolución Mexicana, tomada como bandera por los gobiernos desde el siglo XX, y presentada como la gloriosa lucha del pueblo contra la dictadura, pero que en realidad fue una guerra de caudillos luchando cada uno por sus intereses, cuya facción ganadora, en constitucionalista, redactó una constitución, en la que sólo la facción ganadora participó, y si bien en ella hubo grandes avances, también hubo una semilla para fijar un control estatal y atacar a una de las instituciones que eran muy importantes en nuestra cultura, la Iglesia católica a la cual pertenecían la mayoría de los mexicanos en ese tiempo.

Así llegamos a la otra transformación, liderada por Lázaro Cárdenas y recordada por la expropiación petrolera, que si bien pudo haber beneficiado mucho a México, fue hecha bajo una visión socialista de un control estatal que derivó en una empresa que por haber sido manejada siempre políticamente, y mantenerse de esa manera en la actualidad presenta resultados financieros desastrosos.

Llegamos pues así a la llamada cuarta transformación, con resultados que hasta el momento presentan un panorama económico con números muy desalentadores y sin que se vea una posibilidad real de mejora, además de políticas que van en sentido muy opuesto a la verdadera democracia.

Es por eso que los ciudadanos mexicanos requerimos estudiar y entender nuestro pasado, no para inútiles lamentaciones, sino para planteamientos más eficaces que los que se hicieron en el pasado e involucrarnos para que en el país haya una democracia más participativa de todas las fuerzas sociales y no se lleve a la nación por rutas ya que experimentadas en el fracaso como son las llamadas socialistas.

Es por eso que es importante apoyar todas las acciones ciudadanas que vayan enfocadas hacia la formación de una conciencia participativa donde se demuestre que queremos tener un país con plenas libertades de pensamiento, de trabajo, de educación, de cultura y de posibilidades de inversión donde gobierno y ciudadanía trabajen en armonía, y no bajo imposiciones estatales o personales que frenen el proceso de integración y crecimiento del país.


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