El costo de la educación gratuita

Hace falta un enorme esfuerzo educativo e informativo para que los ciudadanos tomen conciencia de que se requiere de una educación de un alto nivel en conocimientos, pero también en la formación de valores cívicos y ciudadanos.



Hay un dicho que dice que lo que es gratis, es muchas veces lo más costoso, y tal vez sin darnos cuenta este dicho aplica de una manera precisa en la educación, que hoy en día es gratuita, al menos en los primeros años en la mayoría de las naciones.

En el pasado, cuando la educación se empezó a llevar a un mayor número de personas, fue la Iglesia la que en principio trabajó para hacer llegar los conocimientos a un mayor número, aquí en México, por ejemplo, tenemos la labor de los misioneros que establecieron el Colegio de la Santa Cruz de Santiago Tlatelolco, que fue la primera institución de educación superior de América, destinada a los indígenas, fue el centro más importante de las ciencias y las artes durante la primera mitad del siglo XVI. Vasco de Quiroga y otros misioneros trabajaron también por la educación de los indios, y a nivel universal, tenemos a grandes innovadores como San Juan Bautista de la Salle, San Juan Bosco y a las órdenes religiosas como los Jesuitas, fundadores de colegios y universidades.

Hasta antes de la Revolución Francesa el Estado es en general indiferente a la educación, por lo que es casi un monopolio de la Iglesia, a partir de ese momento empieza la idea de que el Estado tiene una responsabilidad sobre la educación y este pensamiento tarda en evolucionar, porque no todos pensaban que la educación era para el pueblo en general, sino tan sólo para quienes necesitan ciertos conocimientos para gobernar y ejercer otras funciones.

Con el paso del tiempo los Estados fueron entendiendo que el control de la educación no era solamente una responsabilidad social o un derecho de la población, sino una oportunidad para ejercer también un control sobre los gobernados, para lo cual consideraron importantísima la idea del laicismo, es decir que la religión no formara parte de esa educación, porque de cierta forma seguía permitiendo a la Iglesia tener una gran influencia social, que de alguna manera era un contrapeso político muy importante contra el cual no querían competir, y adicionalmente los principios religiosos muchas veces no compaginaban con algunas ideas que interesaban a los gobernantes ir modificando en la sociedad.

Ya en el siglo pasado el Estado empezó a trabajar en sistemas educativos que fueran modelando las forma de pensar de los niños y adolescentes según las conveniencias de quienes estaban en el poder, y poco a poco se fue convirtiendo en adoctrinamiento, así se explica en parte que se hayan podido imponer en la sociedad sistemas como el fascismo o el comunismo, pese a sus terribles y nefastas consecuencias, y así lo seguimos viendo hoy en día en que los programas oficiales se adaptan para inculcar ideas que convienen a los gobernantes en turno, e inclusive hoy en día hay intereses que ya rebasan a los propios Estados y, que obedecen a intereses globales que por medio de los programas educativos oficiales quieren imponer pensamientos monolíticos, como por ejemplo, la ideología de género, que va contra la propia naturaleza y trata de modificar el pensamiento y, aún va más allá, tratando de hacerlo obligatorio mediante las legislaciones. Y desde luego la educación gratuita tiene también altos costos que se pagan mediante los impuestos, y que no necesariamente se reflejan en los índices de calidad esperados, y muchas veces ni siquiera estos beneficios llegan a los maestros, sino que se pierden en el entramado burocrático.

Es por ello que la sociedad y en particular los padres de familia deberían sentirse con mayores derechos para participar y opinar sobre los programas educativos, porque el gobierno al decir que la educación es gratuita se siente con pleno derecho a decidirlo todo, pero en realidad esa educación ya la han pagado la sociedad y los padres de familia por anticipado con sus impuestos, y peor aún es que el Estado imponga el derecho de exigir o prohibir ciertas enseñanzas aún en las escuelas privadas, donde los padres pagan doble, porque ya le han pagado al Estado una educación para sus hijos que no están disfrutando, y además le tienen que pagar a la institución privada que está obligada a seguir los planes educativos estatales.

Y ese concepto de la gratuidad los extienden los gobiernos en general, pero sobre todo los populistas a diversos rubros de la economía, y saben manipular estos conceptos de tal manera que los ciudadanos se sientan comprometidos y agradecidos por lo que aparentemente el Estado les regala, pero que en realidad proviene de las empresas y de los ciudadanos que con su trabajo diario generan ingresos y de ahí pagan sus impuestos que es de donde viene el dinero que después utilizan los gobiernos.

Hace falta un enorme esfuerzo educativo e informativo para que los ciudadanos tomen conciencia de que se requiere de una educación de un alto nivel en conocimientos, pero también en la formación de valores cívicos y ciudadanos no manipulados por ideologías o partidos en el poder, que desarrollen ciudadanos conscientes de que la riqueza de un país procede del trabajo, que el trabajo necesita tener fuentes que proceden de la inversión, y que para que esto ocurra se necesitan gobiernos que apoyen la misma, y después procedan a administrar los impuestos en forma eficiente, y detrás de todo esto estarán siempre los valores de los cuales se han perdido muchos éticos y religiosos, que fueron siempre parte integrante de las sociedades, muy disminuidos desde que el laicismo se impuso obligatoriamente en la educación y cuyos resultados vivimos día a día ante la corrupción, la violencia y el temor que se siente en la sociedad actual.

 

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