Sin la llegada de los españoles la mayoría de nosotros no existiríamos

Es muy importante prestar atención a todos los movimientos que van confundiendo nuestras raíces y orientándonos a un camino diferente al que por naturaleza nos conduce a nuestra tradición cultural.



Cuando renegamos de la llegada de los españoles y vemos nuestros nombres y apellidos y resulta que son de origen español, y además estamos utilizando el idioma español para decirlo, y después nos dirigimos a una comida que llamamos típica y encontramos en ella muchos platillos de origen colonial, y después vemos los edificios a nuestro alrededor y resulta que fueron construidos durante trescientos años de consolidación de México en lo que llamamos la colonia, resulta que estamos renegando de nuestra propia existencia, de nuestra propia cultura, de nuestra propia esencia y del mismo México que no existiría sin esta llegada y fusión.

Así de absurdo resulta esa ideología histórica que no ha inventado este gobierno, pero que está empeñado en radicalizar a favor de un indigenismo falsamente histórico, y que en poco beneficia a los indígenas de la actualidad, que en la mayoría de los casos viven en la marginación económica y cultural, y que no van a mejorar quitando la estatua de Colón y poniendo la imagen de una mujer indígena, lo que queda en puros discursos que fomentan el odio contra nuestra propia esencia.

Es incomprensible que las ceremonias de las fiestas de independencia no se enfoquen en exaltar nuestra nacionalidad que se basa en la cultura prehispánica, más la aportación española y, en todo lo que se fue desarrollando por la fusión de ambas en los trescientos años de la colonia que fue donde se forjó el México que iniciará su vida con la Independencia que logró Agustín de Iturbide sin derramamiento de sangre, y que se debe festejar el 27 de septiembre con la entrada del Ejército Trigarante encabezado por Agustín de Iturbide y Vicente Guerrero, y la firma del acta de independencia al día siguiente.

Aunque muchos historiadores serios lo han hecho ya, es necesario que llegue el momento en que las autoridades reivindiquen el nombre de Iturbide como consumador de la independencia, que como muchos otros ya la venía madurando desde tiempos de Hidalgo, al cual no se unió Iturbide no porque no compartiera esa idea, sino porque no apoyaba los métodos del saqueo y desorden de Hidalgo.

Es lamentable que año con año sigamos utilizando las fiestas patrias para motivos políticos y no para hacer honor a la verdad histórica, desde luego nunca tan lamentable como este año dedicado a confundir más de lo acostumbrado, a sembrar la división y hasta a glorificar la tiranía de un gobierno como el de Cuba que no ejemplifica para nada las auténticas tradiciones y aspiraciones del pueblo mexicano, sino al contrario representa exactamente lo contrario; el autoritarismo, la falta de libertad, de progreso y de justicia.

Detrás de las realidades históricas están siempre ideas y símbolos, por eso es muy importante prestar atención a todos estos movimientos que van confundiendo nuestras raíces y orientándonos a un camino diferente al que por naturaleza nos conduce nuestra tradición cultural.

Recordemos que el significado original de los colores de nuestra bandera fue: Unión, de todos los habitantes de este territorio, Religión que en ese momento era el lazo común de prácticamente todos los mexicanos e independencia que no significa odio ni a lo español que es parte esencial de nuestra cultura, ni a lo que puedan aportarnos otras culturas.

Debemos como sociedad profundizar en nuestra historia como fuente de riqueza espiritual que nos motive a sentir una verdadera solidaridad por nuestra sociedad, esto requiere de un cambio profundo en la educación que debe partir de conocer la historia como relación de sucesos reales y no como ideología manipulada, y después darle un enfoque de responsabilidad social, basada en los valores religiosos, espirituales, cívicos y sociales que recibimos durante siglos, en la que todos aportemos y recibamos, algunos darán más según sus capacidades intelectuales, económicas, sociales, personales, y otros menos, algunos recibirán más y otros menos, pero todos con la conciencia de que con el trabajo de todos, con instituciones sólidas, empezando por la familia, después la comunidad escolar, la comunidad del trabajo, la comunidad empresarial, los dirigentes sociales, religiosos y políticos , con leyes y jueces justos, todos enfocados en una misma dirección, será la única manera de cambiar el rumbo por el que vamos transitando y que hoy nos va encaminando a una situación muy grave no solamente en lo económico, sino hasta en lo referente a la democracia y a las libertades sociales e individuales.

 

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