La sociedad de los derechos sin obligaciones

Siendo que el principal de todos los derechos es la vida, no puede haber un derecho para destruirla precisamente en su inicio como es el caso del aborto.



Vivimos en una sociedad sobresaturada de derechos, que se publicitan constantemente en los medios de comunicación, se incluyen en los programas educativos oficiales, se manejan en las campañas electorales, y pocas veces se hacen realidad, en muchas ocasiones porque las autoridades encargadas de hacerlos efectivos o no están capacitadas, o no cuentan con los recursos suficientes, o hay corrupción de por medio.

Pero en medio de esta corriente de saturación de derechos, poco se habla que a los derechos corresponden también obligaciones, y esto es lo que hace que una sociedad pueda desarrollarse en equilibrio y tener los recursos necesarios para satisfacer esos derechos.

Son muchos los puntos a tratar en este tema, por lo que nos enfocaremos en dos temas: La educación y los verdaderos y falsos derechos.

Es tendencia actual que la educación de los niños y jóvenes esté centrada sobre los derechos, sobre querer darles según algunos padres lo que ellos no tuvieron, sobre el olvido de la disciplina y el sacrificio, y la enseñanza de los valores espirituales y religiosos que van más allá de la solidaridad, a la generosidad, al servicio de los demás y al amor.

Ese concepto de educar simplemente para el éxito social y económico, pero sin inculcar el sentido de trabajo profundo y aún de sacrificio tiene como fruto lo que se llama la generación de cristal, una juventud con muchas ambiciones humanas y hasta con muchos conocimientos, pero con poca conciencia social y del esfuerzo que se requiere para conseguir algo en la vida.

Decía el Maestro Anacleto González Flores que: “La inconsciencia que se padece acerca de las propias responsabilidades, en orden al trabajo personal, ha hecho y hace que todos los días se tropiece con una multitud de individualidades que han querido quedarse en irreductible actitud de meros espectadores, delante del inmenso drama humano... la juventud es el momento de la plasticidad del espíritu y del cuerpo, es decir, es el instante en que cada uno debe moldearse, en cada uno debe hacerse, en que cada uno debe encontrar los rasgos definitivos de su propia fisonomía... ni la orientación del espíritu, ni la virtud ni la santidad ni nada de lo que sirve para darle el toque definitivo a la obra de hacernos totalmente se compra en ningún mercado. Todo lo hace, todo lo tiene que hacer, lo debe hacer el formador que todos llevamos dentro de nosotros mismos”.

Y para ellos es necesario educar en las virtudes, en los valores personales y sociales, y no dejar de lado lo que la tecnología no nos puede resolver, la educación en los valores religiosos que han sido siempre parte esencial de todas las culturas, y concretamente en México de nuestra tradición nacional como nación.

El segundo punto es que no ha todo lo que se llama derecho en la actualidad lo es, es más, algunos no solamente no son derechos, sino que son acciones que van contra la misma moral y la misma libertad.

Siendo que el principal de todos los derechos es la vida, no pude haber un derecho para destruirla precisamente en su inicio como es el caso del aborto, tampoco hay derechos como pretende el Estado que se siente sacralizado de inducir ideologías en los niños que van contra la misma naturaleza y contra el desarrollo de una sana sexualidad, en cuanto a su verdadero sentido que es precisamente el amor y la generación de la vida pero con un enfoque de responsabilidad, que es lo que la hace tan grande e importante, y no solamente una manipulación del placer que después genera tantos problemas emocionales entre la juventud.

Es tiempo de luchar por una educación equilibrada entre derechos y responsabilidades y deberes, donde se retome el valor del esfuerzo y del sacrifico, que se debe de ir inculcando durante la niñez y la juventud, esto requiere esfuerzos de los padres y de la sociedad, lo que requiere de mayor tiempo personal y menos tiempo de los aparatos tecnológicos que en gran parte son los educadores de los hijos.


Te puede interesar: El Estado sacralizado

* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com

@yoinfluyo

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.