Morena: el desastre de México

Los desplantes de los candidatos a la presidencia en los medios son alarmantes: amenazas de cárcel, denuncias penales, acusaciones de enriquecimiento y procesos de expulsión son la norma en el intercambio entre candidatos.


Pleitos y jaloneos


Lo que ha pasado en estos días con Morena es delicado. Perdidos en sus pleitos internos han jaloneado al Tribunal Federal Electoral, han puesto patas para arriba a su propio partido, han intercambiado acusaciones, han usado magistrados para una cosa u otra, el presidente les ha dicho que son muy poca cosa quienes aspiran a la dirigencia y, para concluir tan sólo una semana, terminaron los diputados morenistas aprobando la extinción de los fideicomisos –según dicen quienes conocen los movimientos internos– a cambio de que se permitiera continuar con la elección de dirigente que el propio Trife se disponía a cancelar.

Son las formas y los modos de la política en tiempos del gobierno de López Obrador. Todo es a gritos, insultos y amenazas entre los que militan en el partido del presidente. Se ve que le aprendieron bien el modo a su líder. No debe sorprendernos. La falta de estructura mental de varios de los líderes de ese partido se ha traducido en su falta de vida interna, en el desorden generalizado que es ese partido. No han podido organizar la elección de su líder desde hace bastante tiempo. Todo es bronca. La autoridad los ha conminado en repetidas ocasiones a que la organicen de acuerdo con sus lineamientos y normas. No han podido. Hace un par de meses la autoridad los obligó a llevarla a cabo por medio de una encuesta coordinada por el INE. Acostumbrados al descontón, ¿quién de ellos iba a aceptar un resultado que lo sacara de la competencia? Ninguno. Ahora hay más inconformes que satisfechos y continuará el zafarrancho entre ellos hasta que termine el reparto de las plurinominales.

En medio de la pelea interna, el presidente necesitaba que sus diputados lo apoyaran suprimiendo 109 fideicomisos. En unas horas todo se arregló: el Trife dijo que continuaba la elección con el método de la encuesta y los legisladores morenistas aprobaron otro de los delirios presidenciables. Los afectados son las áreas más distantes al gobierno y sus secuaces en el Legislativo: el arte, la cultura, la ciencia, la investigación, la academia, las becas, los proyectos especializados. Todo para atrás. Incluso hasta la posibilidad de auditarlos, de investigarlos la mandaron al traste y todo para repartir dinero en las elecciones. Como en las épocas más ramplonas del PRI, las épocas de la obediencia lacayuna al presidente, así los diputados de Morena. Claro, no se olvide que el líder de los diputados, Mario Delgado, compite por la presidencia de Morena. Y dicen que no son iguales.

Los desplantes de los candidatos a la presidencia en los medios son alarmantes: amenazas de cárcel, denuncias penales, acusaciones de enriquecimiento y procesos de expulsión son la norma en el intercambio entre candidatos. El asunto ha escalado mediáticamente. A falta de oposición, el interés queda íntegro en el partido del gobierno y nadie puede decir que inspiran tranquilidad y confianza.

No se necesita analizar mucho para darse cuenta que la irresponsabilidad y el atropello son la norma en la vida del gobierno y su partido. Basta ver el tema de los fideicomisos y la propia elección interna de ese partido.

No pueden gobernar el país quienes son incapaces de gobernarse a sí mismos. El ejemplo está a la vista.


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