Demoler el sistema, ¿con videos?

Los santos revolucionarios sienten que su labor de limpieza es el bien mayor y que mientras más impactante sea el ejemplo, mejor aún.


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En una interesante conversación sobre los videoescándalos, las especialistas Georgina Flores y Giselle Pérezblaz comentaban la poca relevancia en términos electorales que tienen ese tipo de escándalos mediáticos a nivel nacional, además de mencionar cómo había una suerte de disparo a sí mismo del sistema en lo que parece convertirse en una guerra del video pues es claro que todos estaban mezclados (aquí la liga a la mesa de discusión https://twitter.com/latinus_us/status/1299457266920443904).

Efectivamente, uno de los efectos que está teniendo el famoso caso Lozoya es el de meter a todos en el mismo saco, igualar en inmundicia a toda la clase política. Al decir esto hay que tomar en cuenta que son todos, sin importar el partido al que pertenezcan, los que están en medio del torbellino. Porque decir todos incluye, por supuesto, al hermano y demás familiares del presidente que gustan de estar metidos en la política.

El sistema político mexicano tiene en su columna vertebral el reparto de dinero. Todos le entran. Insisto: todos es todos. Algunos se llevan el dinero a sus bolsas, otros lo reparten, otros compran votos, otros “arman estructura”, otros hacen “trabajo de tierra”, incluso los que no toman un quinto para sí mismos –como seguramente es el caso de AMLO–, saben que abajo de ellos el efectivo circula aunque ellos no lo toquen.

Si van a cambiar el sistema, el funcionamiento del mismo, qué bueno; es una tarea vital que sin duda saneará la vida pública de este país. Claro, hay que ver con qué se sustituye pero por lo pronto estamos en la faceta de la demolición, la destrucción –una de las especialidades de este gobierno–. No es una tarea sencilla pero es la más básica, destruir así solamente requiere de voluntad, la identificación de algunos traidores y cierto comportamiento primitivo para arremeter contra los demás. Nadie sabe qué vendrá, si habrá algo nuevo o solamente contemplamos el desmoronamiento del PRI, del PAN y de un hermano del presidente. Refugiarse en que nomás roban poquito es algo cínico, pero también cobarde porque el sistema lo conforman todos: los de mucho y los de poquito. Además sabemos que los de a poquito lo mismo toman la bolsa del super que la maleta deportiva, siempre y cuando tengan dinero, es simplemente un problema de oportunidad, no de conducta.

Hasta hace unos días los esfuerzos demoledores estaban circunscritos a la derecha, los conservadores, los medios de comunicación, los que piensan distinto, los empresarios, los neoliberales. Es probable que en su afán purificador, el presidente cargue con todos, hasta con su familia. Los santos revolucionarios sienten que su labor de limpieza es el bien mayor y que mientras más impactante sea el ejemplo, mejor aún. Recordemos aquí que hace no muchos años –cuatro– el propio presidente López Obrador negó a uno de sus hermanos porque estaba apoyando al candidato a gobernador del PRI en Veracruz. “Ustedes me comprenderán, todos en la familia tenemos siempre alguien que desentona, que le gusta acomodarse, se dice en el argot del hampa de la política colarse, son aspiracionistas, no tienen ideales, no tienen principios, por eso yo ya no tengo esos hermanos”. Ahora con otro de sus hermanos fotografiado en las Islas Caimán, a saber qué pasará en la familia, pero en la estrategia de demolición del aparato lo que importa es el demoledor mayor que es el presidente. El problema es que no trae solución alterna, así que veremos videos sin límite.


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