La historia según AMLO y los suyos

“Los déspotas son propensos a las ilusiones”. Antón Chéjov


La version de AMLO


En el afán de apropiarse de todo, de sentir que el país se trata solamente de ellos y no cabe nadie más, el presidente y sus seguidores han decidido apropiarse de la historia. Es entendible que el afán de cambio, la cantidad de votos obtenida y la esperanza depositada en la figura presidencial le abriera un margen de acción para cambiar y efectivamente transformar algunas cosas en el país. Sin embargo, el afán de acabar con todo el pasado reciente no solamente se centra en determinados personajes o políticas del llamado y vilipendiado neoliberalismo, sino en desaparecer incluso espacios físicos y, si se puede, la memoria de quienes habitaron aquella zona de la historia.

Es un esfuerzo al que han dedicado la mayor de sus energías. Y tiene sentido, pues, parafraseando al presidente: destruir no tiene mucha ciencia. No es una cuestión de videos solamente, son señalamientos constantes, acusaciones sistemáticas, revelaciones y ficciones sobre los actores del pasado reciente, que componen el alimento de este gobierno, es su razón de ser, ya que no parecen tener a la mano soluciones de política pública. Habrá harto circo, eso sí: mucho pastelazo, carcajadas de payasos, animales exhibidos, acrobacias múltiples y bastante de decadencia.

Como totalitarios que son, como gente con afanes de control, no dejan a un lado la historia. Y no es que la quieran de su lado. Sino que quieren su propia versión de la historia, que su interpretación sea la que figure. Por supuesto que también quieren que figuren sus héroes como ellos piensan que fueron, haciendo las cosas que ellos piensan que hicieron.

El asunto del águila en el periodo de Juárez que han puesto ahora como iluminación en el Zócalo no está ahí por el benemérito sino porque esa águila, precisamente esa, es la que aparece en el logotipo de Morena. Escudarse en Juárez es una vulgar trampa, pues se trata de una acción de propaganda y no de la celebración de las fiestas patrias. Durante años se luchó para que los ciudadanos pudieran distinguir claramente la propaganda gubernamental de la información oficial. Con el gobierno de la transformación vamos para atrás.

Lo mismo sucede con esa afición por apropiarse de las acciones de los héroes patrios para convertirlas en delitos cometidos por los actuales gobernantes y sus cercanos. La patética comparación de Leona Vicario, que arriesgó su vida y fortuna y que, junto con su inteligencia y valentía, las puso al servicio de la causa independentista, con el pillo electoral del hermano del presidente es una absoluta desproporción. De seguir así las cosas pronto justificarán el asesinato de algún adversario político diciendo que Miguel Hidalgo organizaba matazones de españoles en Guadalajara y por donde pasaba.

El propio presidente se equivoca de héroes a cada rato en su ambición de ser el nuevo cronista de la historia patria. El problema no es un error aquí, otro allá, eso se entiende en quien tiene que hablar todos los días, sino la invitación a sus esbirros para que lo imiten con acciones similares. Fue el caso de la senadora y eterna legisladora Dolores Padierna, que, según ella, tuiteó al presidente Guadalupe Victoria con un globo tipo cómic invitando a lavarse las manos, pero la fotografía era ni más ni menos que de Antonio López de Santa Anna. No pueden ni con eso y quiere adueñarse y reescribir la historia. Son ilusiones (como el avión, sus aeropuertos, su refinería, su combate a la corrupción), pero las ilusiones no son buenas compañeras de los gobernantes, pues las terminan buscando debajo de la alfombra, o adentro de una alcantarilla.

 

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