Pegar a los medios para sembrar el miedo

En recientes semanas, y de manera sorprendente, la 4T la emprendió contra la periodista Carmen Aristegui en una campaña francamente deleznable.


Criticos destruidos


El miedo siempre ha sido una de las armas políticas que usan los gobiernos en dificultades. Si no hacemos esto será el desastre, si cambiamos ahorita nos hundiremos, no es momento de aventuras, hay que ir a lo seguro… fórmulas sobran. Muchas campañas electorales se centran en un miedo a perder tal o cual cosa y el discurso político se centra en compararse con otros gobiernos: no hay que volver a aquellas épocas, venimos de la noche pronto veremos el sol y otra serie de justificaciones para afianzar al gobernante en turno ante sus errores.

El gobierno de López Obrador ha decidido sembrar una política de miedo en el ámbito de la crítica y de la opinión opositora. No otra cosa es la andanada sistemática contra los medios de comunicación por parte del presidente y sus secuaces. Que el presidente descalifique a los medios de comunicación con cierta reputación en el país no es ninguna novedad. Es cosa de todos los días, ya se hizo costumbre, por eso no sorprende. Pero es una mala costumbre. Mala y peligrosa. Mala porque no es bueno tratar de inhibir, desde el poder, la crítica, y peligrosa porque en el fondo de lo que trata es de sembrar miedo en la población en general.

El presidente señala y vitupera a un periodista o a un medio, luego sus seguidores se dedican a satanizar e insultar al estigmatizado, le saturan de improperios y falsedades las redes sociales, arman hashtags, generan ataques. De lo que se trata es que la gente vea lo que pasa con los críticos del gobierno, cómo son tratados, vapuleados y difamados. Para eso, grupos en redes sociales, colectivos fake, grupos de legisladores de Morena, hacen manifiestos cotidianos en contra del periodismo mexicano porque critica y estorba al presidente. Un grupo de diputados federales lanzó hace unos días un video en que decía a los medios: “así, no”. Es claro que ellos saben el cómo sí.

En recientes semanas, y de manera sorprendente, la 4T la emprendió contra la periodista Carmen Aristegui en una campaña francamente deleznable. Participó en la campaña abiertamente la directora de Notimex, un bodrio de persona que es capaz de cualquier bajeza con tal de conservar su puesto. El asunto siguió y esta semana el jefe de la piara lopezobradorista, una bazofia que se llama Epigmenio, señalaba a Aristegui de haber tenido trabajos con una televisora hace veinte años. Y así, para atrás, todos pasan por el molino del presidente y su banda, No importa el medio –el presidente ya dijo que solamente cuatro personas hablan bien de él en los medios y al parecer ya nada más quedan tres–, tiene que pasar por la trituradora. No importa la trayectoria del periodista o del medio, están vendidos, estuvieron en contubernio, pertenecen a la pesadilla del pasado. La solución preparada: hay que quitarlos, hay que hacer otros medios, estos no sirven, no comprenden el proyecto, defienden el neoliberalismo, están coludidos. Por eso la entrevista más larga y con más acceso no se la dio a un periodista reputado sino a su propagandista favorito. Es lo que viene: comunicación hecha en casa.

Además, el componente del miedo llega al ciudadano, usuario final de los medios. Si el ciudadano ve cómo les va a los periodistas con prestigio, cómo los trituran, cómo ahogan a los medios en insultos y agresiones, su actitud normal será la de repliegue, la de silencio para no correr la misma suerte, considerará que su crítica al gobierno no merece la pérdida de su libertad o su reputación ante los seres queridos al ser estigmatizado en las redes. Por eso mejor callarse. Esa era la estrategia del miedo en los 70 y en eso, como en tantas otras cosas, con este gobierno estamos de regreso en aquellos años.

 

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