El fracaso en salud

Acabaron con el Seguro Popular, al que le pudieron cambiar de nombre y llamarle como quisieran, pero no; ese afán fundacional de este gobierno terminó con todo, golpeando a los más necesitados.


Afectan a enfermos 


Cualquiera hubiera pensado que este gobierno empezaría a tener algún desfonde por la seguridad o la economía. De hecho, son sus grandes retos. Esta administración ha sido vista desde un inicio con suspicacia en ambos temas y, en efecto, ha quedado a deber en ellos. Sin embargo, siempre se consideró que López Obrador sabría moverse con soltura en el ámbito de lo social, que siempre ha sido su fuerte y en el cual hace que su liderazgo le genere amplias ganancias. Por lo mismo, nadie pensó que los problemas graves surgieran en el sector de los servicios de salud y, menos aún, para los más pobres.

A mediados de su primer año, se dieron las primeras señales de alarma ante el manejo inepto y avaro del gobierno respecto de las compras de medicinas y desarrollo de infraestructura hospitalaria. La plausible voluntad de romper un monopolio se enfrentó con la incapacidad de generar una salida correcta al reto planteado en abasto de medicinas. La renuncia de quien fuera titular del IMSS, denunciando ahorros inhumanos y la voluntad de hacer del instituto un botín de los burócratas presupuestarios, hoy es una realidad.

Si se trata de pagar: primero los pobres. Y es que las reformas hechas a las carreras y el desorden que priva en el gobierno terminaron por pasarles factura –literal– a los enfermos más pobres. Los incrementos en las aportaciones son enormes en la mayoría de los casos. El asunto se complica y el gobierno anuncia que ¡les va a devolver el dinero! Qué absurdo. Pero fue el propio gobierno el que generó el problema y no va a parar aquí, pues tratamiento no recibido, lógicamente, empeora la situación del enfermo.

El presidente se queja amargamente de la burocracia, pero la burocracia funcionaba razonablemente bien hasta que llegó él y dijo que no servía, corrieron a medio mundo, pusieron sujetos ideologizados al frente de oficinas de servicios a diseñar políticas públicas sin razonamientos de eficiencia y el resultado es el desorden que vemos: falta de medicinas, gente quejándose en la calle, enfermeras y doctores demandando material para poder realizar su trabajo, enfermos suplicando ayuda. Esas son imágenes del gobierno de López Obrador: la enfermedad agravada como producto de la ineptitud gubernamental.

Las ganas de acabar con todo lo hecho han llevado al lopezobradorismo al límite de no reconocer nada bueno de lo hecho anteriormente. Han hecho del desmantelamiento y la destrucción su misión de gobierno. Sobre el Seguro Popular se les dijo y se les advirtió lo que se podía avecinar. Incluso secretarios del sector salud de anteriores gobiernos hicieron un llamado al diálogo para no afectar a la población con improvisaciones como las que ya desde hace meses delineaba el gobierno de la cuatroté. Pero el diálogo es una palabra que no está en el diccionario de este gobierno. Acabaron con el Seguro Popular, al que le pudieron cambiar de nombre y llamarle como quisieran, pero no, ese afán fundacional de este gobierno terminó con todo, golpeando a los más necesitados.

Acabar con todo lo que se hizo en el pasado siempre será más rápido que encontrar las correctas alternativas. Este gobierno acaba con lo que puede, pero es incapaz de construir soluciones adecuadas. Sus grandes proyectos, los grandes beneficios empiezan y se acaban en las mañaneras. Por lo pronto en el sector salud el problema es grave y fue alimentado por el propio gobierno. Son víctimas de sus ambiciones demoledoras.


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