La popularidad

Las calificaciones que tienen los partidos, PRI, PAN, PRD, son bajísimas y Morena sale muy por encima de ellos.



‘Las encuestas reinan, pero no gobiernan’, dicen algunos a manera de metáfora para subrayar que no todo en los gobiernos debe decidirse por la opinión mayoritaria. Hay decisiones que deben de tomarse independientemente de lo que parezca a una colectividad. Digamos, la pena de muerte, por más que en un momento dado de rabia colectiva se esté a favor de ella, es una decisión, desde mi punto de vista, que no debe tomarse. Es decir: en materia de gobierno las decisiones no siempre se deben tomar por el parecer de la mayoría. Recordemos que una mayoría mató a Sócrates.

Esto nos lleva a la popularidad. Tenemos un presidente muy popular. De hecho, nuestros presidentes por lo general han sido populares. Zedillo, Fox y Calderón tenían, a estas alturas de sus respectivos gobiernos, números semejantes a los de López Obrador. Salvo Peña que fue una bajada constante, los mexicanos tienen en alta estima a sus presidentes. Al respecto, Lorena Becerra (encuestadora del periódico Reforma) escribió un interesante artículo titulado 2024: qué dicen los datos (Reforma 13/05/22). En el texto, Becerra dice que es muy diferente la aprobación del Presidente a la de Morena, por ejemplo, y que si López Obrador está bien evaluado su gobierno no lo está. Es más, en algunos aspectos como inseguridad, economía y combate a la corrupción tiene “números preocupantes”. Tenemos entonces que el presidente es aprobado y su gobierno reprobado. Interesante.

Hay en ciertos sectores del antilopezobradorismo una preocupación constante por la alta calificación que recibe el presidente. Hay una suerte de urgencia por verlo desplomarse y entonces tener algo de tranquilidad respecto al futuro. No creo que vayan a experimentar esa sensación satisfactoria de verlo caer estrepitosamente (a menos que suceda algo tremendo, cosa que no le conviene a nadie). Según parece vamos a vivir con un presidente popular hasta el final de sexenio, lo que no es ninguna novedad.

La propia Becerra señala en su texto que la aprobación no se traduce en votos y que las elecciones son juego aparte de la calificación del presidente. Pone el ejemplo de Fox y Calderón que empezaron abajo en las encuestas y ganaron o el propio Peña que empezó con una diferencia de dos dígitos y terminó ganando por seis. La aprobación de AMLO se queda con él y no hay manera de trasladarla, de ahí la preocupación que les genera Sheinbaum y su anticarisma. La competencia en 2024 será entre otras personas, y aunque López Obrador tenga candiat@ no necesariamente le lloverán los votos.

Claro, esto no quita la lentitud y la falta de creatividad opositora que se encuentra en la lona. Las calificaciones que tienen los partidos, PRI, PAN, PRD, son bajísimas y Morena sale muy por encima de ellos. Sin embargo, todo parece indicar que tendrán que ir en alianza si quieren competir. MC tiene fuerza concreta en algunos estados y tendrá que decidir en su momento si va con la alianza o juega solo con los costos que cualquiera de las decisiones que tome traiga consigo.

El asunto es que la oposición tiene que decidir rápidamente cómo va a empujar a sus candidat@s. No le queda mucho tiempo. Tendrá que decidir también si va con un anti-Peje radical o alguien que se le asemeje un poco para robarle votos. Por lo pronto, lo único que queda claro de las encuestas a la fecha es que el presidente es muy popular, su gobierno está mal calificado y la oposición está en el suelo, pero tiene oportunidad, si decide bien, de ser competitiva.


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