Ni abrazos ni balazos: irresponsabilidad

En seguridad simplemente no hay estrategia, ni buena, ni mediocre ni mala, los hechos así lo demuestran. Esta irresponsabilidad de dar seguridad a la población parte de las propias declaraciones y decisiones de AMLO.


Estrategia seguridad


La principal responsabilidad del Estado, es proteger la seguridad de los habitantes, incluyendo el recurso a la fuerza pública para hacerlo. Por eso las naciones tienen ejércitos y cuerpos de policía. La seguridad pública incluye también una serie de medidas materiales de protección, leyes migratorias, regulaciones legales y reglamentarias para prevenir, en lo posible, la inseguridad.

Debe el Estado tener instituciones de procuración de justicia, y un eficiente Poder Judicial. Esto permite llevar ante la justicia a los delincuentes, sus cómplices y encubridores dentro de las estructuras de administración pública y en la sociedad.

Pero la protección de la población tiene que tener estrategias, decisiones y acciones para llevarla a cabo. Estrategias a nivel federal, estatal y municipal, en coordinación inteligente, no para efectos de imagen.

En el caso de México, la protección de la ciudadanía y la garantía de la paz pública tienen muy graves deficiencias. Especialmente a nivel federal. Esta administración de López Obrador heredó serios problemas de inseguridad ocasionados por la delincuencia organizada principalmente, muy cierto. Pero en las administraciones pasadas había acciones definidas en contra de esa delincuencia, con muchas fallas y omisiones, sin duda. Pero algo se hacía.

Cuando Felipe Calderón inició la lucha armada en contra de las bandas de sicarios del narco, y la cacería de capos, lo hizo sin antecedentes, sin duda con falta de estrategia al principio, la misma que se fue configurando al pasar el tiempo. Las fuerzas armadas enfrentaron a esas bandas, que operaba y operan como guerrillas urbanas y rurales. Esto impidió que el narco siguiera apoderándose del control de diversas zonas del país.

Muchas de esas fallas obedecían a diversos factores, como la falta de interés en el tema, la falta también de medios y capacitación de las personas encargadas de la protección, las policías, estrategias insuficientes, connivencia e incapacidad para llevar ante la justicia a delincuentes detenidos. Pero ahora en esta nueva administración federal todo se ha vuelto muy grave, deficiente e incompetente.

Se habla de estrategias equivocadas o insuficientes de AMLO en contra de la delincuencia, pero no es el caso, lo que hay es una irresponsable falta de estrategia. Eso es: simplemente no hay estrategia, ni buena, ni mediocre ni mala, los hechos así lo demuestran. Pero esta irresponsabilidad de dar seguridad a la población parte de las propias declaraciones y decisiones del presidente AMLO.

Sus declaraciones de que se había terminado la guerra contra la delincuencia organizada, el también abandono de la cacería de capos, y el más que irresponsable política de “abrazos, no balazos”, son efectivamente sus decisiones en contra de su constitucional responsabilidad de velar por la seguridad poblacional. Su inacción está costando miles y miles de muertos y de víctimas en otros órdenes a manos de una multitud de organizaciones criminales. No hay ni abrazos (públicos, quizá sí en lo oscurito) ni balazos, y los pocos que hay son como respuesta a los del sicariato armado.

De nuevo se justifica el reclamo popular del pueblo (bueno y sabio), sus organizaciones, grupos informales, partidos políticos y miembros de la prensa y la academia, de que el presidente es gravemente omiso en materia de seguridad pública. Los hechos y los datos (los oficiales o “los otros”) no mienten, pintan un panorama y un futuro muy, muy negro. Con justa razón, ese pueblo le demanda que no haya cumplido con su juramento al tomar posesión del cargo.

En el transcurso de los meses de esta administración, han ocurrido muy lamentables hechos, que han costado la vida y la pérdida de bienes a muchas personas. Estos hechos han ocupado principales espacios en medios informativos, nacionales e internacionales y en las “benditas” redes sociales. Pero todo ha quedado en la nada respecto a respuestas federales.

El caso de Ovidio en Culiacán, además de gravísimo es patético. No sólo es injustificable su liberación, sino seguido de mentiras contradictorias oficiales y un delito tipificado en el código penal, artículo 150, cometido, por su propia declaración, por el presidente.

La destrucción de la policía federal, con todas sus virtudes y defectos, pero con saldo a favor, no tiene justificación alguna. La creación de una innecesaria y claramente incompetente Guardia Nacional, no son las respuestas a la delincuencia, pues no hay una estrategia para combatir al crimen organizado.

Lo más descarado son las declaraciones oficiales sobre una supuesta lucha contra la delincuencia, pues no se ve más que en hechos aislados. La impunidad reina. Las condolencias a víctimas y la “solidaridad” oficial con ellas no tienen materia alguna, son declaraciones vacías de contenido. Se habla de respaldo a las autoridades que han sufrido ataques arteros por los delincuentes, pero eso no se ha convertido en acciones comprobables y efectivas. Es verborrea política.

Y es importante volver a insistir en que señalar las faltas de acción y en este caso de omisión de la administración de López Obrador, no es atacarlo, como él y sus corifeos quieren que se vea. Son denuncias de hechos, señalamientos y exigencia de que cumplan con sus deberes constitucionales. Desgraciadamente, López Obrador y sus funcionarios responsables de la seguridad ni siquiera se han molestado en dar a conocer planes, acciones y estrategias para el combate a la delincuencia, solamente se les escuchan frases diciendo que se le combate, que se seguirá haciendo y que se reforzarán sus (¿cuáles?) acciones.

El escándalo del atentado contra el licenciado García Harfuch, visto como blanco importante por los delincuentes, vuelve a poner el tema de la inseguridad en primer plano. Al parecer él sí hace bien tu trabajo. ¿Qué va a hacer el gobierno federal, para cambiar su política de abrazos, no balazos y del fin de la guerra al narco tras este hecho en particular? ¿Reaccionarán al menos para intentar salvar la sucia cara frente a las elecciones del 2021? ¿Tendrán al menos algo de acción política (esa actividad que según AMLO “no tiene ciencia”) para demostrarle algo al pueblo que va a votar?


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