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Agustín de Iturbide, libertador de México

Los enemigos ideológicos de Iturbide lograron hacer a México olvidar al consumador de su Independencia, y para ingenuamente sustituirlo se les ocurrió nombrar a Guerrero como el “verdadero” consumador.


 


Tradicionalmente, México acostumbra a celebrar el inicio de su guerra de Independencia, el 15 de septiembre por la noche, pero, por razones meramente de fanático partidismo ideológico, hay un olvido oficial voluntario de la consumación de nuestra Independencia, e inclusive se ha llegado al grado de negar la historia documentada para desconocer al autor intelectual y material de ella.

Un sueño y un principio en 1810, la Independencia nacional se convierte en realidad absoluta el 27 de septiembre de 1821, por obra de un joven militar que, demostrando una extraordinaria habilidad política, logra terminar el derramamiento de sangre y unir a anteriores adversarios en el Ejército de las Tres Garantías y al recién llegado nuevo Virrey, para firmar la existencia de una nueva nación y celebrarlo con una entrada triunfal a la ciudad de México ese mismo día.

Agustín de Iturbide fue el consumador de la Independencia, él reflexionó sobre las posibilidades de terminar felizmente la guerra, sobre cómo debería conformarse la nueva nación, de acuerdo a la mentalidad política de su época, y sobre cómo ganarse las voluntades de los líderes combatientes, para que se unieran a él en la consumación de la Independencia, obligando ello al Virreinato.

El Plan de Iguala, en el que se trazaba la nueva nación como Imperio Mexicano, fue obra sólo suya, y no producto de redacción colegiada de las partes interesadas. Iturbide proclamó dicho Plan y pidió la adhesión de combatientes y dirigentes políticos y sociales, que le fue concedida, destacándose como adherente el militar insurgente más hábil de la época, Don Vicente Guerrero.

Sin embargo, los enemigos ideológicos de Iturbide, representados básicamente por las logias masónicas, lograron hacer a México olvidar al consumador de su Independencia, y para ingenuamente sustituirlo se les ocurrió nombrar a Guerrero como el “verdadero” consumador.

La historia los desmiente. Guerrero era un buen militar, pero ni ganó la guerra ni hizo labor política; aceptó a Iturbide, y en el discurso a sus tropas, que se le atribuye en ocasión del abrazo de Acatempan, claramente elogió al señor Iturbide y se puso bajo sus órdenes. En todo el proceso político que siguió y concluyó con la firma del Tratado de Córdoba reconociendo la Independencia mexicana, no vuelve a aparecer Guerrero, sólo Iturbide; él firma este tratado con O’Donojú (finalmente también fusilaron a Guerrero).

No habiendo podido mantener acusación alguna contra Iturbide desde que traidoramente lo fusilaron sus fanáticos enemigos en Padilla, lo único que ahora logran decir es que era “ambicioso”. ¡Qué pecado!

Todos los héroes tienen ambiciones, para su patria y sus ideales y, por qué no, para ellos mismos, ya que el mando, el poder y el reconocimiento público, son los medios para llevar adelante sus objetivos. ¿La ambición nulifica los méritos?

Bulnes, historiador liberal, de honestidad fuera de duda, escribió: “Para honrar a Iturbide bastan dos cosas, saber historia y ser justiciero”. Pero los liberales mexicanos del siglo XIX y los jacobinos trasnochados del siguiente siglo y sus herederos del Sistema, se empecinaron en desvirtuar la historia, ignorando a Iturbide y la fecha de consumación de la lucha que Hidalgo inició 11 años antes.

Hace ya muchos años, la fiesta popular más grande de México era la celebración religiosa de la festividad de San Felipe de Jesús, el 5 de febrero, pero para desvirtuarla, los liberales escogieron precisamente esa fecha, de entre los 365 días del año, para proclamar las constituciones de 1857 y 1917.

Pues lo mismo hicieron hace menos años, escogiendo el 27 de septiembre para celebrar la nacionalización de la Industria Eléctrica por López Mateos y buscarle un nuevo significado a esa fecha.

El día de la Independencia Nacional es el 27 de septiembre, y el libertador de México es uno solo, por la vía de la paz entre las partes beligerantes: Agustín de Iturbide. Lo contrario es antihistoria e injusticia, reminiscencias de un liberalismo masónico fanático del siglo antepasado.

Quienes afirman lo contrario, denigrando a Iturbide, tendrían que probarlo históricamente, pero los documentos de la vieja Patria Mexicana los desmentirían, y algún día deberán reconocer que la historia no se cambia por decreto, como lo han pretendido los detentadores del poder público en varias ocasiones.

Hidalgo (cura político), inicia y muere en el intento, tras haber sido emboscado y fusilado. Iturbide (católico seglar) consuma y muere también fusilado por designo de sus enemigos políticos, que no podían perdonarle haber logrado lo que ellos no pudieron hacer. El 16 de septiembre se inicia la acción militar independentista, el 27 de septiembre, once años después, la conciliación iturbidista consuma, con acciones políticas de los militares mexicanos, pero ya sin sangre, el nacimiento de la Nación Mexicana. Esto, es la historia. Ahora falta la justicia de los mexicanos de hoy.

 

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