Agradecimiento: una habilidad que se aprende en la familia.

La gente que es agradecida experimenta emociones más positivas y por lo general es más feliz porque en vez de preocuparse por las cosas que le faltan, sabe apreciar lo que tiene.



Hoy que todo lo importante tiene que ser medido y avalado por la ciencia, podemos afirmar que existen numerosos estudios que prueban que la práctica del agradecimiento reporta grandes beneficios a nuestro cuerpo y a nuestra mente, otorgándole además un gran poder para el bienestar.

La Universidad de California y la Universidad de Miami en un estudio en conjunto encontraron que nuestra memoria selectiva prefiere recordar los buenos momentos, las cosas buenas que nos pasan y precisamente, el agradecimiento, es una de esas emociones positivas relacionadas con los mejores momentos que vivimos.
Definamos entonces el agradecimiento como un sentimiento, emoción o actitud de reconocimiento que una persona percibe de un beneficio que se ha recibido afectuosamente, aunque sea pequeño y por el cual desea corresponder dejando en su persona algo positivo, que produce felicidad.

Bien dicen que las crisis sacan lo mejor de nosotros mismos. Y en estos tiempos de pandemia estamos siendo testigos de grandes muestras de entrega y servicio que llegan hasta el heroísmo, que nos conmueven el corazón y estalla en nosotros un genuino sentimiento de agradecimiento, pero para ser agradecidos no necesitamos llegar a esas cumbres, sino todo lo contrario. ¡La clave está en la importancia de las cosas pequeñas!

Quien vive descubriendo motivos para agradecer, se protege de emociones negativas como la envidia, el resentimiento, la avaricia y la amargura que sólo nos destruyen y pueden llevar a situaciones de depresión o ansiedad. Una persona agradecida tolera mejor el estrés y aumenta la capacidad de superar los retos que la vida conlleva, sobreponiéndose para lograr lo que se proponga.

La gente que es agradecida experimenta emociones más positivas y por lo general es más feliz porque en vez de preocuparse por las cosas que le faltan, sabe apreciar lo que tiene.

“Es de bien nacidos ser agradecidos” revela la sabiduría popular. Y es que quien sabe agradecer, ha crecido en una familia que le ha enseñado a valorar lo que tiene y agradecer lo que recibe.

Podemos pensar que ser agradecidos es una habilidad propia de la madurez de la vida, pero la realidad es que inicia desde la infancia. Es a la más corta edad cuando los padres enseñan a sus hijos a decir gracias, a pedir las cosas por favor, a ceder el dulce al hermanito, a prestar el juguete al primo…. ¡Y así, antes de los 6 años, ya se han puesto las bases para ser agradecido!

Durante el desarrollo y en la convivencia familiar, se aprenden pequeños hábitos como pedir las cosas por favor y dar las gracias, olvidándose de uno mismo para pensar en el otro y apreciando las cosas que tenemos poco a poco se arraiga como un hábito, la gratitud, que nos lleva a vivir más felices, sabiendo que la felicidad no es lo que nos pasa, sino cómo valoramos lo que somos, lo que tenemos, lo que recibimos y nos genera la necesidad de corresponder.

i) Educar en la gratitud. Cómo enseñar a apreciar lo positivo de la vida. Autores Jedrrey J. Droh y Giacomo Bono

ii) Realizado por Robert A. Emmons en la Universidad de California en Davis y su colega Mike McCullough en la Universidad de Miami.

 

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