Vaya semana…

Es obvio que el decálogo presidencial y sus intenciones de hace unos meses han sido solo palabras sin acciones concretas.


Gobierno sin resultados


La semana que concluyó tiene distintas interpretaciones y dependen del cristal con el que se observan para manifestar puntos de vista particulares. Para Morena, con la lógica de justificar sus actos, vanagloriarse de los absurdos y desviar la atención del abuso del poder público, se trató, en palabras del senador Ricardo Monreal, de un triunfo completo: “¡Vaya semana! Juicio del siglo (caso Lozoya); amplía EUA investigación contra Pequeño y Palomino en caso García Luna; fin a la corrupción farmacéutica; combate a fondo del imperio ilegal aduanero; limpia en los puertos y las API. Va en serio la erradicación de este cáncer social”. ¿Pero qué dicen los datos reales, los oficiales, también difundidos en esta semana?

En lo legislativo, ante la carencia de insumos médicos y medicamentos que ha afectado principalmente a niñas y niños con cáncer, se aprobó una modificación a la Ley de Adquisiciones, Arrendamientos y Servicios del Sector Público, para dar facultades excesivas a la autoridad federal en la adquisición de suministros sanitarios en el extranjero, de forma directa, sin una licitación internacional de por medio.

Por la vía legal, se termina con la transparencia y las reglas operativas y se da paso a la gustada práctica presidencial del “porque lo digo yo”, mediante la discrecionalidad, el posible conflicto de interés y la imposición de decisiones. Puerta abierta para las corruptelas que, dicen querer erradicar, pero han dado espacio, por ejemplo, a los ventiladores de los Bartlett.

En el México de cada día, con datos oficiales, la situación es preocupante. El Producto Interno Bruto (PIB) registró una pérdida de 18.9 por ciento, lo que significa que no hay generación de empleos, ni de dinero. Representa la mayor baja anual de este registro desde 1981, que la historia contempla como parte del período neoliberal. Ahora es superior. Nuestra economía está paralizada, con alrededor de 12 millones de personas que pasarán a integrar el conjunto de pobreza.

Pemex registra pérdidas, en lo que va del 2020, de 600 mil millones de pesos, lo que significa que las medidas aplicadas durante estos 20 meses no han funcionado y nuestra principal empresa nacional sigue en un coma profundo, mientras las autoridades continúan con el suministro de parches energéticos.

Resulta que México pasó a formar parte de los países con mayor número de fallecidos por COVID-19, más de 48 mil personas han perdido la vida, y con un índice de letalidad superior al 11 por ciento, cuando en el resto del mundo es inferior al 5 por ciento. El gobierno se vio rebasado en sus propios y fallidos pronósticos; ahora se pretende, en lugar de asumir y corregir los errores, repartir la responsabilidad a los gobernados.

A la ya de por sí difícil situación que viven las mujeres, no sólo por extenuantes jornadas de cuidado y atención del hogar, debe sumarse el maltrato y violencia familiar que muchas de ellas padecen. Es alarmante el incremento de 45.8 por ciento de llamadas al 911 por violencia de género que reconoció la secretaria de Gobernación, pero es más preocupante la carencia de políticas públicas que inhiban este dolor, que es evitable y que puede tener un desenlace fatal. Es obvio que el decálogo presidencial y sus intenciones de hace unos meses, han sido solo palabras sin acciones concretas.

Y para concluir, lo que los morenistas ya califican como el “juicio del siglo”, es más bien el “montaje de julio”. En un hecho inaudito para la justicia, que ha demostrado su selectividad en la aplicación de las normas para mantener una narrativa de polarización y odio, se tiene a un “testigo colaborador”, presunto delincuente que contribuyó a desfalcar al erario, en condiciones más que favorables para mantener su libertad.

Sin duda, vaya que ha sido una semana trágica, marcada por el dolor, el desempleo y la incertidumbre, mientras el gobierno trabaja incansablemente en el siguiente capítulo de su telenovela política. Hoy, las y los mexicanos necesitan mucho más que circo.


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