Inventemos el tiempo

La vida empieza cuando queremos. Esa es la fortuna que tenemos los seres humanos: al contrario de los árboles cuando crecen torcidos, nosotros sí podemos enderezar nuestras ramas. Siempre, todos los años, todos los días.


reloj


Si el hombre insiste en medir el tiempo, es sólo por su afán de ubicarse en el mundo.

Desde el primer llanto hasta ese lecho último, tratamos de llenarnos las manos para no comparecer vacíos en el momento en que se acabe el aliento.

El reloj es nuestro enemigo, nuestro cómplice o nuestro compañero en esta cuenta regresiva que es la vida. De algún modo tenemos que medirnos, que emplazarnos, que sabernos, que perdonarnos.

Pasan las horas del reloj vital, pero al compás de las manecillas se forja caminos inimaginables, que se vuelven visibles gracias a las lentes de nuestra voluntad.

Cuando un año muere, el que nace pinta el futuro con el verde de la esperanza. ¡Hay tantas cosas que no están en nuestras manos; somos tan precarios, tan pequeñitos…!

Pero en medio de todo, también somos inmensos, tenemos libertad para decidir cómo queremos caminar y cómo vamos a afrontar el inevitable ser y transcurrir de lo que escapa a nuestro control, a nuestra voluntad, a nuestra decisión.

Termina un año que ha sido difícil en múltiples aspectos. Abrimos los ojos con la pérdida de la paz, y terminamos con muchos problemas económicos. Pero más allá de todo, incluso de los imponderables, estamos nosotros. Basta ya de esperar a que otros hagan lo que nos corresponde a cada uno. Empecemos a ser solidarios, patriotas, en el exacto sentido que ambos términos tienen.

Cerremos la página; que queden atrás los recortes, las frustraciones, las omisiones, las irresponsabilidades. Que el reloj sea nuestro amigo y que podamos llenarnos las manos de actos positivos, trascendentes.

Más allá del calor hogareño hay otros rostros, otras necesidades, ¿por qué no tomamos la decisión de salir a su encuentro?

La vida empieza cuando queremos. Esa es la fortuna que tenemos los seres humanos: al contrario de los árboles cuando crecen torcidos, nosotros sí podemos enderezar nuestras ramas. Siempre, todos los años, todos los días.


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