Incomprensiblemente humana

Las crisis son vientos que propician un vuelo más alto; un vuelo personal al que no quiero renunciar.


 Errores humanos


Hoy me constituyo en la soledad en compañía.

¿Dónde están las potencialidades? ¿Dónde quienes repiten palabras convincentes y profundas? ¿Dónde las vivencias que hacen vibrar? ¿Por qué los pensamientos hacen círculos concéntricos en una necia reverberancia de la desilusión y la desesperanza? ¿Por qué no puedo soñar en la plenitud?

¿Dónde está la que soy realmente? ¿Por qué esa sensibilidad única, que propicia mi satisfacción cotidiana, es hoy dolor que profundiza, que adivina, que inventa lo que descubren historias reales o ficticias?

Me rindo. Renuncio a analizar los gestos y las sonrisas; las satisfacciones y las pesadumbres; ya no quiero preguntar nada; tal vez la solidaridad de otras manos fue metáfora.

Esto es una crisis que no me gusta.

Quiero volver a ser la que soy, la que he sido; huir de la vulgaridad, no conformarme. El mundo gris necesita el arcoíris, la Luna, las estrellas del Principito que son cascabeles que ríen, y la lluvia que se entromete en las promesas. Pero dudo.

Tal vez porque el hombre vive a flor de piel y no puede ocultar la mentira. Quizá porque mi nombre no se pronuncia hoy de distinta manera. Posiblemente porque las palabras, que son fuente de verdad o de mentira, engañan y apuñalan mi preciada libertad.

Pero sólo es una crisis. Que no me gusta.

Quiero renunciar y rendirme, pero no puedo. Me lo impiden las vivencias de belleza, de miradas, de palabras, de comprensión, de solidaridad auténtica que se adivina en otros ojos y se vive como una certeza en el alma.

Si renuncio, no seré yo misma nunca más.

Dudo porque soy simplemente humana, Y tal vez porque los demás de equivocan humanamente, incomprensiblemente, como yo.

La balanza se inclina a plenitud. Otras palabras me devuelven la confianza; soy sensible otra vez, con todos sus riesgos. Adivino la verdad y la mentira porque siento en otros.

Y seguiré dudando. Pero siempre con dignidad; con la certeza de que las crisis son vientos que propician un vuelo más alto; un vuelo personal al que no quiero renunciar.


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