Las elecciones en Estados Unidos y el fantasma del populismo

El populismo se basa en Unidos siempre han llamado la atención en México. Es natural que, tratándose de nuestro particular país vecino, el resultado de sus elecciones sea trascendente para México, aunque debe quedar claro que somos nosotros los responsables de lo que pasa en nuestro país y nadie más.



No tengo duda que se trató de una elección diferente porque reflejó la batalla más importante que estamos librando en el mundo. No se trató de una elección en la que se hubiesen debatido ideologías, ni ideas, sino de la consolidación del neopopulismo que estamos viviendo no sólo en México sino en el mundo.

Hemos dejado de discutir sobre las ideas, los valores morales, la justicia, la justicia social, la libertad y la democracia. Pasamos a la masificación de todo y al debilitamiento de las ideas y el vacío de las palabras. En esas condiciones el neopopulismo se instaló cómodamente en nuestros países.

El populismo se basa en un discurso de odio para detentar el poder y nada más. No le interesa discutir nada, sólo mandar y mantenerse en el poder. De ahí que le sea muy fácil romper con los valores democráticos al utilizar un discurso polarizante que niega los derechos de los otros, empezando por el de la libertad de expresión. Quien siembra discurso de odio, quien señala con desprecio al enemigo y lo acosa hasta considerarlo como culpable de los males, no requiere ser de izquierda o de derecha. Eso no importa.

Por supuesto que para México era muy importante que el odio promovido hacia los mexicanos no funcionara para atraer votos suficientes como para ganar la elección presidencial en Estados Unidos. Pero no es cosa menor que el discurso ganador fuera el moderado frente al radical, el de la serenidad frente al ataque, el de la inclusión frente a la exclusión. Lo vimos en los discursos de Joe Biden y en los de Kamala Harris (¡la primera mujer vicepresidenta en la historia de los Estados Unidos!) en los debates.

Estos días electorales nos recuerdan sobre todo que la batalla que se está librando en el mundo es entre el populismo y la democracia. Al populismo no le importan las ideas sino solo la técnica para acceder y mantener el poder, por eso se presenta en la izquierda o en la derecha. Sin duda esta elección ha sido un mensaje en favor de los valores democráticos.

Me es inevitable referirme a nuestro país y las reacciones del Poder Ejecutivo Federal frente a las elecciones de Estados Unidos.

1. Antes de la elección:

El actual presidente de México imitó a Enrique Peña y apoyó públicamente a Donald Trump. López Obrador es un político que conoce bien la mercadotecnia y los signos, así es que conocía muy bien el significado de la señal de apoyo que estaba mandando al acudir a un evento con el presidente/candidato y lo que significaba un aplauso de su parte. El presidente mexicano apostó por Trump consciente del error que eso podía significar para México, pero no para el propio Andrés Manuel. Tiene ya su enemigo, si no salen las cosas es porque no quiso apoyar a Biden, así es que internacionalmente ya tiene su enemigo tal y como marca el manual del populismo.

2. Después de la elección:

Para el domingo 8 de noviembre habían ya reconocido el triunfo de Biden jefes de Estado como Justin Trudeau de Canadá (socio de México en el T-MEC), Ángela Merkel de Alemania, Boris Johnson del Reino Unido, Alberto Fernández de Argentina y hasta Nicolás Maduro de conocida amistad con López Obrador.

Fuera de toda norma elemental de protocolo, diplomacia y educación, López Obrador no sólo no reconoció el triunfo, sino que envió un mensaje de rechazo acompañado de una insinuación irresponsable de fraude electoral y, por si fuera poco, les dijo a los demás jefes de Estado que formaban parte de una “cargada” reprobable.

Habrá quien piense que legalmente no se ha declarado a Biden como presidente, ¿piensan esperar entonces al 15 de diciembre cuando se reúna el Consejo Electoral? ¿Por qué nuestro presidente ha felicitado a otros en el mismo día de la elección? Lo propio de López Obrador es la contradicción y sobre todo la negación de la derrota. Y México es el que paga sus errores, pero no le importa.

Ante el fantasma del populismo y su inminente amenaza en el panorama geopolítico internacional, tenemos que saber reconocer las lecciones que otras latitudes nos ofrecen, tenemos que ser conscientes del anacronismo que implica tener y sostener un gobierno que funciona gracias a tácticas y prácticas que han dejado de ser efectivas desde hace décadas. Tenemos que reconocer que pagaremos un precio muy alto si permitimos que nuestra sociedad se divida cada vez más.


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