El Tribunal Electoral y el autoritarismo

El Tribunal Electoral fue una de las primeras instituciones que significaron una señal del inicio de la transición democrática en México. 



“El camino hacia la dominación totalitaria pasa por muchas fases intermedias, para las cuales podemos hallar numerosos precedentes y analogías. El terror extraordinariamente sangriento de la fase inicial de la dominación totalitaria sirve, desde luego, al propósito exclusivo de derrotar a los adversarios y de hacer imposible toda oposición ulterior; pero el terror total comienza sólo después de haber sido superada esta fase inicial y cuando el régimen ya no tiene nada que temer de la oposición”. Hannah Arendt.

El Tribunal Electoral fue una de las primeras instituciones que significaron una señal del inicio de la transición democrática en México. Por décadas, se exigió al PRI-gobierno su creación, primero, y su fortalecimiento, después.

He conocido a casi todos los magistrados que han integrado la Sala Superior del Tribunal Electoral y, hablando particularmente de quienes hoy la componen, vaya que los he venido conociendo, ¡y de qué manera!

Desde el 2018 hasta ahora se puede ver y se hace cada vez más evidente la enorme degradación de una institución hoy debilitada por sospechosas resoluciones a cargo de un solo bloque de magistrados.

Cito de memoria algunos casos: el juicio de validez de la elección a gobernadora de Puebla; o el juicio que revocó la multa a Morena por el fideicomiso que crearon supuestamente para ayudar a los damnificados y en el que el Tribunal dijo –aquí sí– que faltó investigar al INE para identificar a los donadores. Y, por supuesto, cito el caso de México Libre. Los tres casos, casualmente, le fueron turnados a un solo magistrado: José Luis Vargas. En los tres, resolvió utilizando criterios inconsistentes e incongruentes. Lo que se dijo alrededor de estos casos, en términos de corrupción, ameritaba una investigación, pero nadie la hizo.

El caso de México Libre debería estudiarse por el Consejo de la Judicatura e, incluso, debería ser de interés para el propio presidente de la Corte –Arturo Zaldívar–, al que constantemente se le involucra como “promotor” de despidos injustificados o resoluciones contrarias a Derecho.

Del 4 de septiembre al 15 de octubre, me encontré con un Tribunal debilitado por sus intrigas y famosas historias de corrupción, una corrupción ocasionada particularmente por el bloque de la mayoría que tiene todo controlado. Empleados, litigantes, analistas, y pasantes me fueron expresando su opinión. Escuché frases como “el Tribunal no es de Derecho, más bien es político”, “el Tribunal es de compensación”.

Incluso escuché afirmaciones que describían al bloque que detenta el poder: “el presidente, la veleta que dice defender a mujeres, el corrupto y el cobarde”. Aun así, debía presentarme sin prejuicios ante el Tribunal y así nos preparamos para hacer los mejores alegatos que muchos de ellos han escuchado en su vida.

Al principio, creí que habíamos tenido la “mala suerte” de que nuestro caso “cayera” en la ponencia del magistrado Vargas. Ya hablaré de la manera en que nos engañó y, lejos de ser juzgador, se convirtió en contraparte.

Vuelvo al tema de los turnos sospechosos. Es decir, de la forma en que los asuntos son distribuidos a los distintos magistrados que componen el Tribunal. He recibido un análisis que demuestra la manera en que se interponen recursos para modificar el turno. Pongo un ejemplo: es el caso del recurso interpuesto por Fuerza Social por México, que se presentó el 11 de septiembre a las 22:14 horas y que le habría correspondido a Felipe de la Mata, pero no fue así, fue turnado a la ponencia del magistrado Felipe Fuentes, porque a las 22:13 horas fue presentado un escrito de una ciudadana que ni siquiera estaba firmado. Se trató de un recurso fake para acomodar a modo el turno del recurso de Fuerza Social. Más tarde, un diario daba cuenta del festejo de celebración y de cómo se agradecía efusivamente en la fiesta al hijo del magistrado Fuentes por “su ayuda”. Algo parecido dicen que sucedió en el caso de la elección de Morena, y también con alguna recusación por ahí.

Al parecer este bloque de tres magistrados hombres (a la mujer, ni la toman en cuenta) decide y ofrece puestos a cambio de votos y posiciones, hacen del Tribunal lo que quieren menos un Tribunal. Cada quien con sus intereses: Vargas no está dispuesto a ser presidente de la Sala Superior porque prefiere estar más escondido y utilizar al presidente Fuentes; y de la Mata, con un papel triste, traicionándose a sí mismo… “Ay doctores de la ley.”

¿Por qué lo cuento? Primero, porque estoy denunciando la injusticia y no quiero que vuelva a suceder. De nada me va a servir a mí o a México Libre, porque ya nos negaron el registro, pero no quiero que se vuelvan a vulnerar los derechos ciudadanos de nadie –incluyendo los que apoyan al gobierno–. Segundo, porque quiero llamar la atención al Consejo de la Judicatura Federal para que revise las actuaciones de estos magistrados, ya que se ha vuelto evidente que los ciudadanos nos encontramos en estado de indefensión frente a un Tribunal que tiene la última palabra en las próximas elecciones del 2021 y, por último, porque mañana deciden quién será el presidente del Tribunal Electoral.

Hoy, el Tribunal Electoral es una institución que da la clara señal del proceso acelerado de transición autoritaria que estamos viviendo en México.


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