La gansoserie

La gansoserie no existe sola. De hecho, necesita espectadores. Los espectadores son los ciudadanos.


Gansoserie


Esta columna está de cumpleaños, el primero. Sólo es cumpleaños de la columna porque como se sabe las ñoras no cumplen años después de los veinticinco. Así que en nombre de la columna esta ñora agradece a todos aquellos que la han leído una vez, y agradece todavía más a los que la han leído más veces.

No pocas cosas han pasado en este año. De hecho, las últimas semanas se parecen más a una serie de esas en las que cada capítulo te asombra más que el otro. Esta ñora no alcanza a definir si se trata de una serie romántica, de acción o de absoluta tragedia, aunque quizá se trata de un género nuevo: la gansoserie.

La gansoserie se inauguró antes de que realmente empezara el sexenio -quizá porque oficialmente va a terminar en octubre y no en diciembre como solía ser- con el anuncio de la cancelación del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México y en ese momento el cancelé-el-aeropuerto-porque-yo-lo-valgo-y-ustedes-me-valen se veía emocionado, fuerte, de hecho autoritario que enamoró a muchos de sus fans y le ganó algunos por su “coherencia”. Iba a cumplir las promesas de campaña. La parte romántica de la gansoserie fue sin duda intensa, la popularidad subía y subía; se repartía dinero en efectivo, la gente se tomaba selfies en el avión, le cantaban, lo amaban. Claro, como cualquiera tuvo alguno tropezones que se le daban sabor al caldo: que si las estancias infantiles, que si los refugios para víctimas de la violencia. Luego se dieron algunas promesas incumplidas como la de mandar las secretarías a diferentes ciudades para “detonar” el desarrollo o las varias consultas populares como la de si se hacían denuncias a los expresidentes o no, pero ¿qué relación es perfecta?

Claro que luego empezaron los balazos en la gansoserie. Y no en forma metafórica la matanza de Minatitlán en plena Semana Santa fue la primera. Entonces se comenzó a repetir la escena de ausencia y de indiferencia de parte del sepulcros-blanqueados-son-todos-ustedes-conservadores. El caso más espeluznante hasta ahora fue el de la masacre de los LeBarón. Pero la serie de balazos tuvo un momento espectacular en Culiacán: ahí hubo un intento por recobrar el antiguo romance: que no ven que lo hizo todo por amor… no confunda las palabras de esta ñora, no fue por amor al Chapo como alguno podría pensar, sin por amor a la población que estaba bajo amenaza.

La gansoserie ha tenido capítulos de franca tragedia como el crecimiento económico, la defensa y traída de Evo, pero sobre todo en el aniquilamiento de los contrapesos con diversas técnicas eso sí: a algunas se mandó a burros, pero burros, con perdón de los burros a ocupar los puestos. Y la ñora recuerda cómo uno no distinguía un “cel” de un certificado de energía limpia, y todavía no se recupera del nombramiento de la Piedra, y sí se parece a una piedra porque ni siquiera levanta la mirada, que tiraron para romper la CNDH.

Sin embargo, la gansoserie no existe sola. De hecho, necesita espectadores. Los espectadores son los ciudadanos. ¿Ellos han ido cambiando a lo largo de este año? Ciertamente, la ñora se ha enterado de que especialmente en Twitter se han visto muy activos y escriben, se burlan, repelan y se pelean con los “bots”. Otros habrán ido a una marcha o quizá dos. Algunos más son fans de la difusión de peticiones en Change y las acompañan con memes.

La ñora no puede negar que todo ayuda. Aunque la cantidad de gente que ahora ya no apoya al me-traigo-a-Evo-en-avión-oficial-aunque-yo-pongo-en-riesgo-a-todos-cada-que-vuelo-comercial ha crecido, pero es obvio que se debe más a las acciones/inacciones. Tristemente cada que cae un chairo en el cumplimiento de su racionalidad, es decir, recupera el uso de sus facultades hay muchos que encuentran placer en reclamarle. Atracción de poder decir “te lo dije” es más adictivo que ciertas drogas.

Sin embargo, todo indica que el siguiente en la mira del haré-a-Evo-desfile-del-veinte-de-noviembre-con-muchos-caballitos-grandotes-y-los-chiquitos es el Instituto Nacional Electoral, ahí sí la ñora, como millares de opositores, está convencida de que es el último bastión. No es que esta ñora se acuerde, porque como quedó claro no pasa de los 25, pero sí sabe las dificultades, las protestas, las huelgas de hambre, las marchas, las acciones de resistencia pacífica en las que participaron ciudadanos de todo el país y de todas las ideologías para lograr tener uno de los institutos mejor preparados del mundo para garantizar una elección limpia. Sí, es un instituto caro; pero la democracia sí garantiza la oportunidad de vivir en libertad y de ampliar las posibilidades de desarrollo de un país: lo vale.

Esta ñora no parará de hablar de la importancia del INE con todos sus familiares, amigos, vecinos y hasta desconocidos. Dejar ir al INE como gorda en tobogán, no tiene nada de gracioso. El tobogán tiene el fondo en un foso del que costará mucho, pero mucho salir.

 

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