La obsesión por contar

Cuando a uno no le cuesta algo o cree que va a durar para siempre o peor aún cuando quiere evitar ver la realidad es cuando uno deja de contar.


Informe de AMLO


Esta ñora no va a presumir que escuchó o vio el Informe de Gobierno del digo-que-me-ponen-camaritas-para-distraerlos, pero obviamente vio las fotos y los cortos donde se veía lo de Tercer en lugar de Primer. Es evidente que hay varias opciones para ese problema con los números: o quienes hicieron el letrero sólo tienen el 1% de capacidad que se ha puesto como requisito para trabajar en el gobierno lo cual no deja bien parado a ese mismo gobierno; o fue a propósito para tener una distracción en caso de que las frases lanzadas en el mismo no fueran suficientes. O en tercer caso, mostraría una intención de crear una realidad a partir de las palabras. Lo cual es muy preocupante, pero eventualmente inútil porque la realidad tiende a resistir.

Además de ese asunto confuso, esta ñora escuchó algunas de las frases que se dijeron el domingo, la que más le llamó la atención fue la que decía algo así como que se debía acabar con la obsesión neoliberal por contar. Esta ñora desde luego que se quedó sorprendida por esas palabras, y no es que sea especialmente dada a los números, nada más poquito y los que importan. Procura sabe cuánto va a gastar porque aunque el ñor le eche ganas, la verdad, es que el dinero es limitado. La ñora también anotó cuidadosamente durante los primeros de los años de los escuincles, perdón, bendiciones, el peso y talla de cada uno cada mes, o cada que los llevó al pediatra.

O sea, para las cosas que importan esta ñora se vuelve una cuentachiles. Cuando a uno no le cuesta algo o cree que va a durar para siempre o, peor aún, cuando quiere evitar ver la realidad es cuando uno deja de contar. Esa ñora en un caso extremo admitiría que alguna vez evitó de manera reiterada pesarse… sí, hubo una época en la que esta ñora parecía bi-ñora, dos veces ella. Todo comenzó muy levemente, seguro los pantalones se habían encogido al lavarse, o las tallas ya no se hacen como antes… o sea puros cuentos. Caramba, qué coincidencia con el gobierno del hago-un-circo-con-el-16-de-septiembre porque resulta que desde que inició su periodo, y se reflejó en el Informe, lo que ha hecho es contar cuentos.

En eso en el español es muy curioso, porque se usa la misma palabra para contar cantidades como para las historias, sobre todo, las fantasiosas. El encargo-el-circo-al-funcionario-cuestionado-por-no-tener-medicinas-en-existencia justamente con toda la intención de mostrar que sus cuentos, que su narrativa, que su versión, que sus desvaríos al enfrentar una pregunta son más importantes que dar cuentas de las fallas. Está obsesionado como los neoliberales por contar… su versión.

La ñora sabe que los escuincles, perdón, las bendiciones cuando son pequeños prefieren los cuentos para dormir, en lugar de las tablas de multiplicar. De hecho, siguen odiando las tablas de multiplicar hasta que tienen la madurez para entender para qué sirven y aun así algunos las siguen odiando para siempre. Lo que queda claro es que el gobierno actual pretende tratar a los ciudadanos como niños, y posponerles indefinidamente el mostrar los números. No sólo por la intención de minimizar a la ciudadanía, sino porque los números sólo se pueden modificar hasta cierto punto para encubrir el fracaso de sus políticas asistencialistas sin ton son, la incapacidad para sortear la cada vez más evidente desconfianza, las fallas para generar certidumbre jurídica y democrática, etc.

Es entendible que el alabo-a-Barlett-por-sobre-cualquier-otro-funcionario-porque-me-sabe-mis-más-sucios-secretos busque como estrategia contar cuentos y no números, y considere una obsesión andar midiendo las cosas. Lo que sería lamentable por generaciones es que los ciudadanos optaran por regresar a la infancia y preferir esas historias para dormir antes que la exigencia constante, que la presión en redes, en los correos de los diputados y senadores, en los teléfonos de quejas, en el apoyo al periodismo de denuncia, en la plática constante con los demás para que vean la realidad y cualquier otra estrategia que refuerce la resistencia a volver a ser menores de edad en la democracia.

La ñora espera que la sociedad mexicana renuncie a los cuentos y busque que le rinda cuentas de manera obsesiva. Si la ñora perdió el miedo a la báscula y se puso a contar porciones y calorías, seguro los mexicanos también pueden. Esta ñora confía.

 

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