La maceta presidencial

Lo de que la vocación de AMLO era el púlpito, o como buen evangélico, los auditorios llenos de feligreses, es más que obvio.


Crecimiento económico


El ñor tiene un amigo de muchos años al que ve de vez en cuando. A veces esta ñora lo acompañaba, pero la paciencia de esta ñora tiene límite y es que este amigo siempre se está quejando, pero la más recurrente queja es que por él hubiera sido arquitecto, filósofo o escultor –ni siquiera dice siempre lo mismo– pero que estudió contaduría porque su papá lo convenció de que era mejor tener un ingreso asegurado… (aunque con el recorte en el SAT, ni eso se le hizo).

Esta ñora ha notado que el se-les-arruinó-el-lamento-porque-crecimos-cero-punto-uno también muestra ciertas frustraciones parecidas. Hace ya varios meses comentó que iba a ser beisbolista, que hasta le habían echado el ojo para las grandes ligas, pero que alguien le echó el mal de ojo –no faltará el que piense que el mal de ojo le cayó a todo el país– y se le frustró la carrera. No destacó que la rodilla se le hubiera ching…, perdón, esta ñora ya no va a decir groserías y ni falta que hace porque se entiende.

Hace sólo unos cuantos meses, explicó que le encantaría ser simplemente un profesor o investigador de historia, pero que casi casi el destino lo había arrancado de esa sacrosanta vocación y lo había obligado a ser político. Que se había resistido, pero como ya tenía chin… la rodilla, pues no hizo suficiente fuerza y ya se sabe dónde está. Sin embargo, sus afanes de esparcir el conocimiento no mueren: hace unas cuantas semanas se lamentó de no tener tiempo para escribir oooootro libro –es la envidia de todos los escritores mexicanos, porque ganó más regalías que las de todos ellos sumadas– ahora de Economía moral. Pero para suerte de los mexicanos, luego dijo que siempre sí y que además el libro estaría listo en diciembre, justo para época de las compras navideñas. Esta ñora no puede esperar, tiene un macetero con una pata más corta y cree que justo con eso la va a nivelar.

Además de esas vocaciones expresamente manifestadas por el ahora-castigo-las-marchas-y-plantones-que-me-dieron-tan-buen-resultado, esta ñora le ha notado otras potencialidades. Lo de que lo suyo era el púlpito, o como buen evangélico, los auditorios llenos de feligreses, es más que obvio. Algunas mañaneras se ve que se aguanta la tentación de pedir a los periodistas que se tomen de las manos y las eleven en lugar de informar algo que sea relevante. Pero no es la única afición que demuestra en las mañaneras, a veces parece que lo suyo era el stand-up-comedy. Sí, esos que tienen rutinas con las que la gente se desahoga riendo, nada más que los suyo es el stand-up-tragedy, porque a la ñora de dan ganas de llorar cada que lo oye.

Estos meses también ha mostrado claras habilidades para la crítica gastronómica, –según ya ha destacado esta ñora en alguna columna anterior– se ve feliz entre la memela y el jugo de mango que a su mecha qué bueno estaba. Pero también tiene potencial para guía de museos según un video difundido recientemente, donde destaca la importancia de una prensa que funciona todavía con ¡un burro! Aunque pequeño detalle, lo consideraba ¡la maravilla de la maravilla! ¡Tecnología de punta! De la punta de atrás del mecate, pero de punta, pues.

Es muy claro tiene habilidades de orientador vocacional como ha probado con sus más cercanos. Ya van varios miembros de su “ayudantía” que consiguen chamba. Unos andan la CRE, otros acaban de ocupar plaza en el nuevo instituto que va a sustituir haciendo lo mismo que el Seguro Popular; pero con otro nombre, o sea, la versión de medicina de similares, lo mismo pero más barato. Y se acaba de anunciar que en el SAT acaba de entrar otra chica más que viene de su ayudantía. Los coloca bien y variado.

De lo que esta ñora no le ha visto trazas es de potencial para gobernar ni para entender la economía, porque quedarse un milímetro de chocar sí es una hazaña, pero quedarse a esa distancia de la recesión económica y celebrarlo como si se hubiera crecido al 6% anual, es una burla. Aunque claro esa es otra de sus potencialidades no explotadas: ser “porrista” del (casi) fracaso.

Quizá en lugar de los pompones que usan estas alegres chicas de cortitas faldas, puede usar algunas de las decenas de coronas flores que le ponen en sus mítines de cada fin de semana. Cada que la ñora lo ve así se pregunta: ¿y si su verdadera vocación era ser maceta? Pero luego se acuerda de aquel refrán que dice: “El que nace para maceta, no pasa del corredor”. Esta ñora por lo pronto se va regar las suyas.

 

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