La paz no ha llegado a Morena

Hoy todos aplauden a Mario Delgado, mientras Porfirio Muñoz Ledo rumia su derrota. Sin embargo, la llegada del nuevo presidente no garantiza al partido que las aguas se calmen.


Morena sin paz


Finalmente, y gracias a una encuesta, seguramente no de esas que se equivocan como en EU, Mario Delgado ha llegado a la presidencia de Morena. Meses de divisiones, descalificaciones y enfrentamientos, así como la necesidad de la intervención del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, fueron necesarios para dar por terminada la fase sucesoria.

Para los observadores de la política nacional no pasó desapercibida la honda división que hay en ese partido, que, como sus antecesores de izquierda, está conformado por tribus. Dos son los factores que mantienen la cohesión interna: la creencia de que Morena es hoy un canal adecuado para llegar al poder, y la figura de Andrés Manuel López Obrador. Sin embargo, los intereses particulares de los grupos actúan como fuerzas centrífugas que amenazan la unidad y debilitan al partido.

Los tiempos actuales no son para hacer profecías políticas. Los vientos van y vienen con fuerza y las veletas se mueven de rumbo. Aún quienes presumen de ser fieles a ideologías, cambian si el viento amenaza con ser contrario. Sino que lo digan los expriistas, expanistas, experredistas, etc., que cambiaron de chaqueta. Sin embargo, hay que reconocerles su olfato político, pues abandonaron a tiempo los barcos que se hundían.

Hoy todos aplauden a Mario Delgado, mientras Porfirio Muñoz Ledo rumia su derrota. Sin embargo, la llegada del nuevo presidente no garantiza al partido que las aguas se calmen. Ya Alejandro Díaz Durán, que otrora también fuera contendiente por la dirigencia del Partido, ha señalado el peligro de que Delgado reine, pero no gobierne, como en las monarquías parlamentarias.

El temor de Díaz Durán es que quienes controlan los órganos internos del partido, tomen como rehén a Delgado y éste no pueda conducir al morenísimo en esta etapa electoral, donde se jugarán importantes cargos a nivel local y nacional, y se medirá la verdadera fuerza de este grupo político. Y para, evitarlo, anuncia que recurrirá nuevamente al Tribunal para impugnar la forma en que están integrados el Consejo Nacional, el Consejo Consultivo, la Comisión Nacional de Elecciones y la Comisión Nacional de encuestas. Nada más.

Si alguien pensó que la paz ya había llegado a Morena, se ve que no va a ser así. Ahora la lucha se traslada a otros órganos directivos, se supone para que Mario Delgado renueve el equipo que hereda y no necesariamente lo apoyaría. Pero, del mismo modo, en el proceso de renovación podría desatarse una lucha interna que no garantice la formación de un equipo cohesionado que pueda conducir al partido con claridad hacia las próximas elecciones. Por lo pronto, y a pesar de los cambios provisionales, el barco navega sin destino cierto.

Por otra parte, habrá que esperar qué va a ocurrir con quienes hicieron acusaciones y señalamientos que, en algunos casos, podrían implicar la comisión de delitos. ¿Habrá borrón y cuenta nueva o se pedirán cuentas claras?

Si la bandera de Morena, o al menos de quien como su candidato llegó a la Presidencia de la República, no sólo se debe barrer en Palacio Nacional de arriba abajo –cosa que hasta ahora no ha sucedido– sino también en casa. De lo contrario, se evidenciará que las promesas no se cumplen y que también en este partido hay alimañas que se salen con la suya.

La tarea no es fácil, pero el tiempo dirá.


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