La verdad sospechosa del sorteo del avión

Ya conocemos la mercadotecnia de la rifa: comprometer a empresarios a adquirir boletos; presionar a la burocracia y sindicatos; la adquisición de boletos por parte del mismo gobierno.


Rifa sospechosa


Hace ya algunos años y si mal no recuerdo en tiempos de Luis Echeverría, un priista se acercó al presidente para pedirle un apoyo que éste le negó. Sin embargo, antes de que se retirara de la audiencia, el gobernante abrió un cajón de su escritorio, sacó una serie completa de billetes de lotería y se la obsequió, deseándole suerte. Y, suertudamente, tal billete resultó ganador. Así que el no apoyo solicitado y negado directamente, en realidad fue otorgado de manera indirecta. La concusión a la que llegaba mi interlocutor, es que en la Presidencia se disponía de algunos billetes que serían ganadores y se utilizaban como apoyo a discreción.

Había olvidado este hecho hasta ahora que reviso el resultado del tan traído y llevado sorteo del no avión presidencial, pero realizado simbólicamente como tal, después de que el presidente anunciara la rifa real de la nave, y de la cual tuvo que retractarse cuando supo de la imposibilidad de disponer del aparato, por no ser todavía propiedad del Gobierno, sino estar dentro de un arrendamiento financiero. Además de lo poco atractivo que era hacerse de un aparato de tal magnitud y que, según se informaba, carecía de posibles compradores.

Así que se decidió simular la rifa del avión, organizando un sorteo que recaudaría recursos para los ganadores y para el apoyo al sistema hospitalario, cuyo presupuesto había sido reducido por el propio presidente.

Ya conocemos la mercadotecnia de la rifa: comprometer a empresarios a adquirir boletos; presionar a la burocracia y sindicatos; la adquisición de boletos por parte del mismo gobierno, cuando se vio que no se vendían, y obsequiar un millón de ellos a hospitales del INSABI. A pesar de todo, según algunos informes, 24 horas antes del sorteo el número de boletos vendidos apenas era del 30 por ciento. Finalmente, la “colocación” de los cachitos ascendió a 4 millones 179 mil, que representaron el 70 por ciento. El resto, al no venderse quedó en manos de la Lotería Nacional.

De acuerdo con las cifras divulgadas, los felices ganadores fueron empresarios, hospitales del INSABI, escuelas, sindicatos, la misma Lotería Nacional, y 24 boletos premiados no se vendieron y sus premios también serán para hospitales.

Al parecer no hubo ningún ingenuo ciudadano premiado y si los hubo, aunque no muchos, solo desembolsaron 500 pesos de apoyo a este gran gesto presidencial de “devolver al pueblo lo robado”, como suele llamar a los eventos en que se subastan bienes en poder del Estado, confiscados a particulares por diversos motivos.

El resultado fue muy conveniente para la imagen de un sorteo tan cacareado y atascado, que requirió de que el mismo presidente, que había ofrecido no pisar el avión adquirido por Felipe Calderón y disfrutado por Enrique Peña Nieto, me recordó aquella anécdota de la serie de lotería obsequiada a un amigo del presidente, así como la reiterada suerte de algún gobernador que se sacó varias veces el premio mayor.

Como aquella historia proviene del pasado que tanto admira el presidente, quizá alguno de sus asesores de entonces le sugirió como manejar lo que durante unos días se vio como un desacierto, para sacarle juego a la imagen gubernamental.

Eso sí, con todo y sorteo, el avión presidencial seguirá guardado, invendible, costando al erario y sin uso. Una más de las sabias decisiones de la actual administración.


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