La manipulación populista de la pobreza

Ciertamente no es fácil resolver la pobreza. Los obstáculos se multiplican tanto por parte de las estructuras como por parte de quienes la sufren.


Manipulación


El problema de la pobreza y los dramas que en ella se viven sólo dejan indiferentes a los egoístas. La mayoría de las personas no son indiferentes, aunque sea teóricamente, ante el problema de la pobreza. Muchos son solidarios con acciones concretas para atenuarla, otros intentan atacar polos de pobreza mediante acciones reales de desarrollo, otros buscan formas económicas y políticas públicas para distintos momentos: la asistencia y las medidas que ayudan a resolver la pobreza. Otros solo hablan de ella, pero no actúan en lo más mínimo para atacarla o resolverla.

Ciertamente no es fácil resolver la pobreza. Los obstáculos se multiplican tanto por parte de las estructuras como por parte de quienes la sufren. Es un problema complejo que pasa por las personas y las instituciones. Y aunque se admite que el único y real camino para resolverla es el trabajo, la organización de éste tampoco es fácil y sus fuentes no suelen resultar suficientes para atacar el problema.

Hoy la OIT habla de un “trabajo decente” y se refiere a que los trabajos realizados sean suficientes para la atención de las necesidades de las personas y sus familias. Eso va vinculado al tema de la producción, la productividad, la naturaleza de los productos, los términos del intercambio, de la inversión, de los salarios, etc. Muchos coinciden en la necesidad y la urgencia de combatir la pobreza, existen fórmulas exitosas que aportan caminos, pero no siempre se tiene éxito. Y a pesar de que las estadísticas muestren que hoy proporcionalmente tanto en número como en profundidad los pobres en el mundo son menos, todavía son millones los que viven en esas tristes condiciones.

Y es falso que hablar del tema y de la necesidad de combatir tal situación, sea una expresión comunista, pues mucho antes que los seguidores de tal ideología se mostraran como redentores de los pobres, sin que lo lograran, hubo muchos otros que sin violencia, y sí con amor, atacaron de diversas formas el problema, en la medida en que sus capacidades, sus recursos y su ámbito de acción se les permitió.

Pero hoy existen políticos que hacen del combate a la pobreza su discurso y dicen considerar a los pobres dentro de sus prioridades, cuando al llegar al poder, que no instrumentan políticas públicas efectivas, sino que utilizan los recursos del Estado, aportados por quienes pagan impuestos como consecuencia de su trabajo y la actividad productiva, para mantener en la pobreza, mediante dádivas siempre insuficientes a esos que dicen querer redimir, pero no lo hacen. No sólo eso, sino que mediante políticas económicas desacertadas, ineficientes o equivocadas, lejos de favorecer la vida productiva de las empresas, la obstruyen, la atacan y logran su cancelación.

Ejemplos de esas políticas han abundado en América Latina en el pasado y en el presente. Nuestro país no ha estado ajeno, ni está ahora, de tales acciones. La demagogia discursiva de quienes dicen querer combatir la pobreza manteniendo a los pobres en la misma condición y generan programas sociales que los mantienen como tales, sin mostrar el medio y el modo de superar esta condición, y en cambio usan a los pobres para conquistar y mantenerse en el poder, hoy es conocida como “populismo”. Y, hoy por hoy, estamos en medio de una fase más del populismo en México.

Un ejemplo clarísimo de tales acciones lo dio el presidente Andrés Manuel López Obrador, cuando en la publicidad de su Segundo Informe de Gobierno, utilizó al papa Francisco para respaldar su política asistencialista de apoyo a los pobres, deslindándose de quienes lo acusan de comunista, o partidario del nuevo socialismo latinoamericano que ha sumido en la pobreza, el caos y la dictadura a Nicaragua y Venezuela, entre otros países.

Al respecto convendría hacer referencia de las palabras del papa Francisco sobre el tema: “Un aspecto fundamental para promover a los pobres, está en el modo en el que los vemos. No sirve una mirada ideológica que termina usando a los pobres al servicio de otros intereses políticos y personales. Las ideologías terminan mal, no sirven. Las ideologías tienen una relación o incompleta o enferma o mala con el pueblo. Las ideologías no asumen al pueblo… Piensan por el pueblo. No dejan pensar al pueblo”.

La demagogia de Andrés Manuel López Obrador se ha caracterizado por la utilización del sentimiento cristiano del pueblo de México para atraer simpatías, desde el nombre del movimiento (Morena), luego convertido en partido. Durante la campaña electoral de 2018, hubo propaganda política de Morena que utilizó la imagen de la Virgen de Guadalupe y nadie hizo nada. Ahora, al menos, el INE pidió que se bajara la publicidad del informe que manipulaba el nombre del papa Francisco a su favor.

 

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