La planeación económica y la izquierda

Muchos proyectos sociales no han logrado las metas previstas. Su constitucionalidad de nada sirve, si no hay con qué aplicarlos y si sus reglas de operación no son claras y sus controles estrictos, para darles cumplimiento.


El gobierno no funciona 


Una de las características de la izquierda durante los gobiernos comunistas fue la economía centralmente planificada. La planificación de todo por parte del Estado se concebía como una forma de asegurar la producción que, desde su punto de vista, las autoridades consideraban necesaria para la atención de las necesidades sociales y el crecimiento económico del país.

Fue tal el impacto de las tesis a favor de la planificación, que el mundo occidental, particularmente en los gobiernos socialdemócratas, que se buscó introducirla en las economías gobernadas por estos partidos de izquierda. Sin embargo, en esos países se impuso una variante: la planificación indicativa.

Por otra parte, en las economías libres también se acepta la planificación; pero sólo para las actividades gubernamentales, a sabiendas que, de cualquier forma, el ejercicio de presupuesto incide en la economía nacional, pero los particulares planean su actividad productiva libremente, conociendo y considerando las políticas públicas. Las empresas también hacen planes.

Independientemente de los modelos económicos, la planeación es necesaria, reconociendo los límites y la necesaria flexibilidad para que los planes se adapten según las circunstancias. La planeación centralizada fue un fracaso y en parte fue la causante del fracaso del socialismo real.

En México, se pretendió la instauración de una planeación indicativa con los planes nacionales de desarrollo. Esos planes poco han aportado al país, pues ni se les da seguimiento ni son evaluados al final, a pesar del tiempo y costo que representa su elaboración, pero a fin de cuenta han quedado como un intento de poner orden en la Administración Pública. Como quiera, son considerados como puntos de referencia de lo que pretende hacer y alcanzar el sector público.

Todo esto viene a cuento porque el actual gobierno, que se dice de izquierda, no realizó un Plan de Desarrollo propiamente dicho, sino un conjunto de proclamas políticas y de buenos deseos que se supone lograrían el verdadero desarrollo del país. Se trató de una repetición de los discursos políticos de la campaña, pero sin gran claridad de planes y programas, con asignación de recursos y metas claras que se pretendiera alcanzar. Como se recordará, este documento fue realizado en la Presidencia de la República, desechando el Plan elaborado en la Secretaría de Hacienda conforme a las normas previstas para el mismo.

Las consecuencias de la falta de un verdadero Plan en la Administración Pública están a la vista y han sido evidenciadas por el entonces secretario de Hacienda, Carlos Urzúa. Los argumentos del entonces secretario fueron claros: desorden en la administración de recursos y asignaciones sin adecuada planeación. El secretario dio a entender con claridad, que en Presidencia no se toma en cuenta a los expertos y, entonces, su presencia no era necesaria.

Carlos Urzúa ha señalado que el presidente no sabe de economía, pero tampoco escucha a los economistas. En declaraciones a El País, ha afirmado que se está actuando al estilo del gobierno de Luis Echeverría, cuando se inició la debacle económica del país y las crisis recurrentes. Eso nos ubica, ya, en un escenario previsible para el futuro, pero más grave porque el gobierno, ha dicho el exsecretario, no tiene dinero. Y si con dinero baila el perro, sin dinero bailas como perro.

Los fabulosos proyectos sociales del gobierno empiezan a hacer agua. Un ejemplo son los ambiciones planes del Banco del Bienestar, con la apertura de más sucursales que cualquier banco privado, soslayando los costos que eso significaba. Con bombo y platillo se anunció la adquisición de ocho mil cajeros automáticos para la entrega de los apoyos sociales en los rincones más apartados del país, a donde no llega la banca privada. Mucho espectáculo, pero ya se ha dado marcha atrás. Se canceló de la adquisición de los cajeros, cuya licitación y asignación ya habían sido acordadas.

Por otra parte, los sueños petroleros de esta administración se han ido por la borda y las pérdidas de Pemex crecen y crecen, a pesar de los intentos de rescate. Se hicieron las advertencias de que Dos Bocas era un error, pero no hicieron caso. El proyecto sigue adelante, hacia el precipicio.

Otros proyectos sociales no han logrado las metas previstas. Su constitucionalidad de nada sirve, si no hay con qué aplicarlos y si sus reglas de operación no son claras y sus controles estrictos, para darles cumplimiento y evitar la corrupción.

Este gobierno no está funcionando.


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