El anillo al dedo no es de oro, ya enseñó el cobre

Las medidas tomadas por el gobierno demuestran que el anillo al dedo que presumió el presidente, no es un anillo de oro, que simbolice la riqueza social, sino que aunque brille ya enseñó el cobre.


Cobre y no oro


Tal parece que al presidente Andrés Manuel López Obrador no le preocupa la pandemia del Covid-19. Desde el inicio, cuando alentaba a no tomar precauciones y a mantener un ritmo de vida normal, desoyendo al mismo doctor López Gatell y las experiencias de otros países, mostró una especie de entusiasmo por la enfermedad y sus consecuencias. Prueba de ello fueron aquellas afirmaciones de una de sus mañaneras, de que la situación que estamos viviendo, le venía como “anillo al dedo” para la realización de su proyecto político que califica de Cuarta Transformación, y que ya es visto, por una gran mayoría de mexicanos, como una transformación de cuarta.

La expresión del presidente no fue una mera fórmula retórica. El subconsciente, o plenamente consciente en la señal que daba a sus partidarios, mostró que el deterioro físico de los mexicanos, los efectos colaterales de la pandemia en los ámbitos educativo, económico y social crearían situaciones que permitirían aprovechar el proceso revolucionario que plantea el socialismo del siglo XXI promovido por el Foro de Sao Paulo. Se trata de una versión más, de las muchas que existen, de los intentos que se han dado en el mundo para aplicar las tesis de Marx.

Inspirados en la dialéctica y la confrontación de los contrarios en la búsqueda de una nueva síntesis. A través del tiempo se ha aplicado este método a diferentes grupos de oposición. Lo más popular fue proletarios contra explotadores, pero o es lo único. También se ha aplicado a la lucha entre sexos o entre ricos y pobres (fifís y chairos).

La situación actual se presta, desde ese punto de vista, para acelerar la confrontación. Por eso aparece como anillo al dedo para quien desde el inicio de su gestión se ha dedicado a dividir, a enfatizar las diferencias que existen en una sociedad plural, pero que no necesariamente se resuelven mediante la confrontación, puede existir diálogo, negociación o complementación. De hecho se considera que para un auténtico desarrollo social, la unidad es un requisito.

La crisis ha presentado, sin duda, oportunidades para hacerle frente. En tanto que se trata inicialmente de un problema de salud, los esfuerzos del personal sanitario han salido a relucir por encima de las carencias de infraestructura, equipo y conocimientos acerca de la naturaleza y cura del mal. Pero resulta que un presidente que no cree en los preparados, sean técnicos y profesionales, y a los que denostó desde el principio de su gestión y calificó de corruptos. Por ello, no pudo evitar agredirlos en medio de la crisis, provocando la indignación de todos los grupos gremiales, exigiendo una disculpa pública, que dio a medias. Pero lo dicho estaba dicho, nuevamente lo delató el subconsciente.

Pero no solamente fueron los médicos los agredidos en un momento crítico de la pandemia y el dolor social. También ha agredido sistemáticamente a la prensa y a las redes sociales que pasaron de benditas a malditas, cuando los bots que ha contratado desde la campaña para agredir a los críticos y opositores. Otro grupo que ha sido blanco de sus críticas fueron los ingenieros, por lo que los descartó para que sean desarrolladores de vivienda, porque el pueblo sabio es autosuficiente y se le entregan directamente recursos. Ya veremos el resultado. Sin embargo, también las asociaciones del gremio manifestaron su protesta.

En torno al tema económico, hemos visto cómo el presidente menosprecia a los empresarios, aunque ha tratado de aprovecharse de ellos. Los invitó a una reunión para venderles boletos de la no rifa del avión. Para eso sí son útiles. Pero no para aquello que son expertos: la vida productiva y para los problemas económicos. Lejos de atender sus propuestas, reiteradamente se ha esforzado por deformar lo que ellos sugieren para enfrentar la problemática que ya se vive y que seguramente se agravará. Por el contrario, las medidas que ha adoptado y puesto en práctica, resultarán insuficientes, la pobreza aumentará, pero ello es conveniente para quien hace de sus programas sociales un instrumento de dependencia y de adhesiones con posible beneficio electoral.

Por otra parte, las cancelaciones de inversiones no se limitaron al aeropuerto de Texcoco, ni a la cervecería de Mexicali, ya lo intentó con las energías limpias, las cuales “afean” el paisaje, pero dice que pretendían, ¿conspiraban?, contra la Comisión Federal de Electricidad, como también dice que la participación de empresas privadas eran contra la empresa más ineficiente del país: Pemex.

Con estas reiteradas señales, junto con la pretensión de reformar la Ley para manejar el presupuesto, los legisladores de Morena y su partido se han ido envalentonando, proponiendo iniciativas que limiten los derechos humanos, que fiscalicen la propiedad de los ciudadanos para transformar el sistema fiscal y cobrar impuestos de manera progresiva para disminuir la mala distribución de la riqueza, seguramente mediante nuevos programas sociales “redistributivos”, que lejos de hacer de la vida productiva el camino del desarrollo personal, familiar y sociales, con el pretexto del paternalismo mantienen a los pobres como tales, porque si dejaran de serlo, entonces ya no votarían por él.

Estas medidas y las que sucedan en adelante, nos demuestran que el anillo al dedo que presumió el presidente, no es un anillo de oro, que simbolice la riqueza social, sino que aunque brille, la calidad de lo que representa, claramente nos manifiesta que ya enseñó el cobre.


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