Toca a la sociedad mover al Estado Mexicano

Aunque corresponda a la autoridad la promoción del bien común, no es ella quien lo genera, sino los propios ciudadanos, algo que aún no ha entendido el presidente López Obrador.


Falta de liderazgo


En medio de la crisis de la pandemia de salud y el daño colateral en la economía, la educación y la sociedad en general, el Estado Mexicano –sociedad y gobierno– se encuentra dividido por el empecinamiento del presidente Andrés Manuel López Obrador, cabeza del segundo, de menospreciar a quienes desde la sociedad y sus propias competencias y capacidades, se esfuerzan por contribuir con propuestas a favor del bien común.

El presidente dice gobernar para todos los mexicanos, pero de inmediato se contradice al señalar que gobierna para los pobres y a ellos se avoca, otorgándoles dádivas para sostenerlos en su pobreza y no sacarlos de la misma. Al mismo tiempo, descarta de un plumazo, una y otra vez, las iniciativas generadas por la sociedad para contribuir a la atención de los problemas económicos y sociales del país.

Pareciera que el presidente no entiende que el Estado está configurado por dos partes: sociedad y gobierno, y aún cuando en México el primer mandatario es cabeza del Estado y el Gobierno, eso no significa que la sociedad no tenga derecho a participar en la propuesta y atención de la vida pública, pues aunque corresponda a la autoridad la promoción del bien común, no es ella quien lo genera, sino los propios ciudadanos.

El comportamiento que ha mostrado Andrés Manuel López Obrador deja mucho que desear y se presta a toda clase de interpretaciones. Cuando se trata de finanzas y recursos públicos, no puede olvidarse que como estudiante de Ciencias Políticas reprobó economía y matemáticas. Pero como militante de la izquierda, también se puede pensar que sus decisiones y las acciones que promueve en la Administración Pública están orientadas a desquiciar la economía en perjuicio del sector privado, para favorecer un nuevo intervencionismo gubernamental en la vida productiva.

Se ha demostrado que, en parte, López Obrador se identifica con el populismo de los años setentas, cuando era militante del PRI, y se identifica con las políticas asistencialistas que han servido para controlar a millones de mexicanos en pobreza y convertirlos en clientela electoral para la permanencia en el poder.

Al no presentar al país un plan estructurado para enfrentar la crisis en que ya estamos inmersos, el presidente pareciera buscar que se incremente la población en condición de pobreza, al producirse un creciente desempleo y quiebre de empresas, como consecuencia de su desconocimiento de la vida empresarial, en la que nunca ha estado inmerso.

La conclusión es clara: la sociedad va sola y a contrapelo de quien debería ser factor de unidad, de suma de esfuerzos y auténtico promotor del bien común. Afortunadamente, en estos tiempos que hemos enfrentado la Pandemia, ha aflorado la reserva social, el compromiso, la solidaridad y la creatividad de los mexicanos para ponerse en movimiento y atender las diversas situaciones que han surgido en la problemática del desarrollo humano.

Los organismos naturales de la sociedad, familia, escuela y empresa, han retomado funciones que quizá indebidamente habían cedido al gobierno; al mismo tiempo, los cuerpos intermedios han recobrado una vitalidad que parecían haber perdido, y las iniciativas políticas se manifiestan de manera creciente, aunque no siempre bien encauzadas, pero generan esperanza de una movilización ciudadana que podrá rectificar el “error de 2018”, al elegir a un vendedor de ilusiones, un político ambicioso, pero un desconocedor de la Administración Pública, la problemática económica y la vida social.

López Obrador ha demostrado ser un faccioso, un manipulador a quien el Instituto Nacional Electoral tuvo que marcar el alto para que no utilizara los recursos públicos, los créditos a través del IMSS, como promoción personal.

En la práctica, el presidente ha asumido en su gestión los mismos errores y acciones que criticó como oposición. Hoy es posible contrastar su discurso del pasado, con sus acciones del presenta, y las contradicciones son evidentes. Lo mismo ocurre con las mañaneras, donde incurre en mentiras y contradicciones, negando lo dicho, como si fuera víctima de Alzheimer.

A los mexicanos, ante la ausencia de la cabeza en el ejercicio de un liderazgo de unidad, nos toca asumir, como sociedad, las tareas de restablecimiento de la normalidad, de impulso a la vida económica y de solidaridad generosa. Nos tendremos que mover coordinados al margen del gobierno, no porque se le quiera ignorar, sino porque es él quien nos rechaza. Esperemos que ante la iniciativa social, finalmente la autoridad se sume y aporte la parte que le corresponde.

 

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