El orden natural, trastocado

Durante este año se han registrado movimientos sociales especialmente violentos en nuestro continente, donde las protagonistas en buen número de casos han sido las mujeres.


Trastocan naturaleza 


Nos acercamos al fin del año en medio de la incertidumbre y el desasosiego. Los problemas se multiplican y pareciera que no hay quién ni cómo sea capaz de resolverlos. Se trata de una situación generalizada en todo el mundo, y no sólo en México. Tanto en la política, como en la economía y la organización social, lejos de manifestarse el predicado progreso continuo de la humanidad, por momentos pareciera que, más bien, vivimos retrocesos que provocan confrontaciones, injusticias y pérdida del sentido de la vida.

Durante este año se han registrado movimientos sociales especialmente violentos en nuestro continente, donde las protagonistas en buen número de casos han sido las mujeres. Proclamando la defensa de su dignidad, el rechazo al acoso y el trato desigual, al tiempo que promueven como signo de liberación el dominio de su cuerpo al nivel de justificar como derecho la capacidad de dar muerte al hijo que llevan en su seno. Desde la Patagonia hasta nuestro país, ha surgido el movimiento de las pañoletas verdes.

Las féminas protagonistas de este movimiento, no sólo recaman una autonomía ética total, sin referencia a principios y valores que no sean sus propios intereses y sentimientos. Por ello se han erigido como un verdadero ejército que marcha por las calles agrediendo y destrozando cuanto pueden a su paso. En algunos lugares el extremo de su acción llega al grado de volverse contra lo sagrado: la religión, los ministros y las iglesias, así como insultando y escupiendo a quienes han tenido el valor de hacer guardia afuera de los tiempos para protegerlos.

Como parte de ese movimiento se les adhieren quienes promotores de la ideología de género que más perversa que ingenuamente, pretenden que pueden autodefinir su ser a voluntad, dando la espalda a lo que ya son, explicando que no se identifican con ello, sino con otras realidades que aspiran a asumir con una imaginación digna de mejor causa, pues a fuerza de voluntad no pueden cambiar lo biológicamente definido y que se llama sexo.

Lo peor de todo es que este discurso, es apadrinado por quienes ven en esta ideología una forma potente de control natal, pues las formas asumidas por las relaciones que pretenden que son matrimonios, son naturalmente estériles. Esta es la “solución” ideada después del fracaso de los intentos de control natal promovidos por intereses políticos y económicos, a partir del neomaltusianismo que se impulsó durante el siglo XX.

Esta es una muestra de que el orden biológico natural se ha trastocado, pero también el sano juicio de quienes caen en esta ideología imaginaria que afirman es una construcción cultural, cuando por definición lo que no ayuda a la realización ordenada del ser humana, no es un verdadero cultivo, sino todo lo contrario, es destrucción.

Pero esta ideología no habría llegado a ser tan popular, sino fuera porque quienes buscan hacerse del poder y las riquezas por cualquier medio, no vieran en ello una forma de someter a las poblaciones, alentando y promoviendo tales tendencias, a cambio de obtener beneficios materiales o de dominio sobre los demás.

El neomaltusianismo afirma que el crecimiento de la población llevará a la aniquilación de la humanidad, pues no hay espacio ni alimento para todos. Por lo tanto, en aras de un afán de satisfacciones materialistas, la propuesta se reduce, por brusco que parezca, a la transformación del dicho popular “entre menos burros más elotes”, en política pública.

La visión catastrofista no se ha cumplido, pues el intelecto humano ha gestado formas creativas de desarrollo, se hace énfasis en la innegable pobreza en que viven muchas personas y la gran desigualdad existente en el mundo. Pero los mismos promotores de la reducción de la población, son quienes propugnan por modelos económicos que institucionalizan la pobreza y la concentración de la riqueza, o un populismo paternalista que no busca soluciones sino dependencia.

Para asegurar este nuevo desorden, pues no merece el nombre de orden, los promotores de estos modelos buscan institucionalizarlos a partir de un positivismo jurídico, de corte kelseniano, que considera que porque los parlamentos deciden algo, en automático eso representa la justicia, aunque ello vaya en contra del derecho natural. De esta manera los legisladores creen que a partir de la ley, creada desde su capricho, se construye el Estado de Derecho, cuando en realidad sele ser imposible de cumplirse, y el entramado jurídico se convierte en un castillo de naipes que difícilmente se mantiene en pie.

Estas serían, brevemente señaladas, las causas por las cuales afirmo que el orden natural que se deriva de la esencia humana, está trastocado. Por eso no es posible que hoy el mundo pueda vivir en paz, justicia y amor. Se olvida la raíz del problema, se ignora la causa de los problemas y nos hundimos en un torbellino de propuestas que giran y giran, sin conducirnos a ninguna parte.

Y es que estas ideologías se olvidan del espíritu, del alma que nos hace ser lo que somos y que si bien requiere de una realización temporal plena, ésta sólo tiene sentido si es trascendente. Y sobre esta trascendencia que tiene como fin Dios, es sobre lo que gira el festejo de la Navidad que celebramos estos días, también rodeados de materialismo consumista, olvidando que se trata del momento en que el Hijo de Dios se hizo uno de nosotros.

Recordemos que Él vino a traer un reino de paz, de justicia y de amor, para revelar el hombre al hombre.

Les deseo una Feliz Navidad en Jesús, que vino a restablecer el orden perdido, para que como seguidores suyos, podamos contribuir a extender su Reino.


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