Estoy de acuerdo con AMLO

A la luz de esta experiencia, estoy de acuerdo con el presidente Andrés Manuel López Obrador en eliminar a las organizaciones campesinas como intermediarias en la administración de los recursos.


Campesinos


Al sistema político mexicano nacido con Plutarco Elías Calles, admirador de los fascismos del siglo XX, se le conoció como un sistema corporativo que, fundado sobre la base de partidos regionales de la era posrevolucionaria, fue derivando en un sistema de corte fascista consolidado por Lázaro Cárdenas al establecer los cuatro sectores iniciales que sostenían al modelo: el campesino, el obrero, el popular y el militar.

La función de los cuerpos intermedios, es que sean instituciones de organización social, solidarios y subsidiarios, que organizan al pueblo, y que tienen la virtud de hacer llegar sus necesidades y aportaciones hasta la cúpula del Estado, partiendo de la base. Pero en el fascismo estas sociedades se corrompen y se vuelven instrumentos de control del Estado al ser instrumentalizados para regir la sociedad de arriba hacia abajo. Esta red permite al sistema no sólo ordenar, sino evitar las rebeldías y disidencias.

Cuando maduró el sistema, los militares desaparecieron como pilar corporativo, quedando un trípode de sustentación, pero como parte del Estado mismo, el ejército también era un medio de control e, incluso, llegó a ser utilizado como instrumento represor.

Ahora grupos de campesinos se han apostado a las afueras de la Cámara de Diputados para presionar y pedir que se les otorguen apoyos económicos, como en el pasado. Y es que parte de la disciplina corporativa del Sistema Priista, implicaba una toma y daca de fidelidad y compensación administrada en recompensa. Las organizaciones sindicales y campesinas, principalmente, fueron el instrumento de control político durante buena parte del siglo XX. La CTM y la CNC fueron los instrumentos preferidos. Cuando la inevitable descomposición surgió y se multiplicaron las organizaciones, se inventó el Congreso del Trabajo y el Consejo Agrario Permanente para mantenerlos bajo control.

A la llegada del presidente Fox, surgió una problemática semejante a la que hoy se vive, pues al perderse el control desde la cúpula presidencial, los campesinos iniciaron un movimiento que, bajo la consigna de “el campo no aguanta más”, que derivó en un Acuerdo Nacional por el Campo y permitió restablecer esos canales para el flujo de recursos.

Tuve la oportunidad de tratar y ser víctima de esas presiones a través de la operación del Programa de Adultos Mayores del Campo, donde pude apreciar las virtudes y defectos de dichas instituciones. Como el Programa nació a mitad del año en beneficio de campesinos de zonas rurales de alta y muy alta marginación, integrar un padrón hubiera sido imposible sin las redes de esas organizaciones que hicieron llegar a la SEDESOL las listas de posibles candidatos y así se confirmó el primer padrón. Sin embargo, las organizaciones buscaban su beneficio, exigiendo cuotas para satisfacer a sus candidatos con un doble objetivo, ejercer control sobre ellos y cobrarles parte del beneficio que se les otorgaría por “gastos de gestión”. Para asegurarse de ello, al inicio fueron el conducto por el cual la información de los beneficiaros bajó a través de las mismas organizaciones. Hubo algunas que llegaron a “mocharles” –como dice el presidente– hasta el 50% del apoyo.

Para limpiar el programa de beneficiarios no elegibles por no cumplir las reglas de operación, pues se habían inscrito declarando bajo protesta de decir verdad que sí reunían los requisitos, se modificaron las reglas de operación y se hizo una verificación de los beneficiarios registrados, lo cual permitió limpiar el padrón, al mismo tiempo se eliminó a las organizaciones campesinas –contra su voluntad– de ser el canal notificador y esto se hizo a través de Telégrafos de México que publicaban las listas en las localidades cercanas y pagaban mediante giro telegráfico con la respectiva identificación con credencial de elector. Esto no mermó la eficacia del ejercicio del recurso y se atemperó la manipulación de las organizaciones campesinas.

A la luz de esta experiencia, estoy de acuerdo con el presidente Andrés Manuel López Obrador en eliminar a las organizaciones campesinas como intermediarias en la administración de los recursos, aunque reconozco que ellas son necesarias para una comunicación hacia sus agremiados, pero sin que ellas manipulen los programas.

Pero no estoy de acuerdo en que sean los “servidores de la nación”, identificados con Morena, quienes registren y notifiquen a los posibles beneficiarios de los apoyos, al convertir estos padrones un sistema de control partidista, donde la supuesta desaparición de las organizaciones intermediarias, en realidad está siendo aprovechada como un medio de cooptación para los partidos de la Cuarta Transformación. Y aunque efectivamente ya no hay los “moches” en efectivo, no todos los solicitantes han sido incluidos, sobre todo si a pesar de declararse como de beneficio universal, son excluidos aquellos sospechosos de no ser “agradecidos” con Morena ni susceptibles de ser acarreados para aplaudir al presidente, su gran benefactor.

 

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