PEMEX, un comodín político

Lejos de ser de los mexicanos, PEMEX ha sido del Gobierno, por una parte, y del Sindicato Petrolero por la otra. El primero se ha beneficiado económicamente, hasta llevarla a la quiebra en que ahora se encuentra.


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Desde la expropiación petrolera efectuada por el presidente Lázaro Cárdenas, se nos ha dicho hasta la saciedad que el petróleo es nuestro. Cada 18 de marzo se efectúa el ritual político para conmemorar este hecho y aplaudir lo que la empresa Petróleos Mexicanos ha beneficiado a nuestro país. Pero este ha sido uno de los mitos políticos creados por el sistema. Más que un acto nacionalista, hay quien afirma que la expropiación fue sugerida por los norteamericanos para sacar del país a las empresas petroleras a las que había beneficiado Porfirio Díaz.

Lejos de ser de los mexicanos, PEMEX ha sido del Gobierno, por una parte, y del Sindicato Petrolero por la otra. El primero se ha beneficiado económicamente, hasta llevarla a la quiebra en que ahora se encuentra. Se aplicó en este caso la sentencia de empresario rico (el gobierno) y empresa pobre.

Entre los distintos momentos que ha vivido PEMEX, se puede recordar cómo en tiempos de José López Portillo, cuando íbamos a administrar la abundancia, se petrolizó la economía mexicana y lejos de haber sido la plataforma del desarrollo del país, sumió al país en una profunda crisis y su director, Jorge Díaz Serrano, pasó del paraíso a la cárcel como chivo expiatorio de los errores presidenciales.

En cuanto al Sindicato, es de sobra sabido que su poder llegó a tales excesos, que Joaquín Hernández Galicia, La Quina, llegó a desafiar al Presidente, hecho que le costó, más tarde, servir para que el presidente Carlos Salinas de Gortari diera un golpe de mano en su contra, lo tomara preso y demostrara quién manda en este país. Pero lejos de que eso terminara con la corrupción y poder del Sindicato, simplemente cambió el amo, todo lo demás siguió igual.

Políticamente la dirección o cargos en PEMEX ha sido un premio o refugio de políticos como Efraín Buenrostro, Jesús Reyes Heroles, Julio Rodolfo Moctezuma, Mario Ramón Beteta, Francisco Rojas, entre otros. Durante la alternancia panista, se intentó otro tipo de administración con un dirigente empresarial como Raúl Muñoz Leos, quien salió en medio de escándalos administrativos, y hasta Felipe Calderón pasó por la empresa antes de ser candidato a la Presidencia de la República.

Felipe Calderón devolvió al priísmo la empresa, nombrando a Jesús Reyes Heroles González Garza como su director. Y durante su sexenio también surgió la idea de hacer otra refinería. Para ello, el Presidente inventó una pasarela de estados de la República que estuvieran dispuestos a recibir los beneficios –o perjuicios- de esta nueva planta. Tras la ronda de propuestas, quedaron dos finalistas: Guanajuato e Hidalgo. Siguió el concurso y se obligó a las dos entidades a invertir en terrenos adecuados para ella, y quien llegara primero a la meta sería el ganador. Se afirma que Guanajuato llegó primero, pero que mediante una “concertacesión”, se dio el triunfo a Hidalgo. A la postre se quedaron vestidas y alborotados los dos estados, con el gasto realizado, y no se construyó la refinería.

Más recientemente, Enrique Peña Nieto llevó a Emilio Lozoya a la dirección, a quien se ha vinculado con los sobornos de la empresa Odebrecht y corrupción política. Es uno de los casos de la Administración pasada que fortalecen la argumentación política del presidente Andrés Manuel López Obrador, pero que al mismo tiempo generan la duda de si forma parte de la amnistía ofrecida o si por ser una investigación iniciada en 2017 no alcanza el beneficio y pasará ser, como ocurría también en los sexenios del PRI, el chivo expiatorio que sirva para lavar la carta del nuevo gobierno de que sí se actúa contra la corrupción. Por lo pronto, el ex director goza de un amparo que lo mantiene fuera de la cárcel, pero ha prometido soltar la sopa y decir toda la verdad, si se le garantiza un juicio imparcial y se le respetan sus derechos. ¿Por qué duda?

El robo de hidrocarburos va más allá de la ordeña de los ductos, que no podía ignorarse y desconocerse al interior de la empresa, a menos que hubiera tal desorden administrativo u ocultamiento para justificar el robo en las mismas plantas de la empresa, con doble contabilidad y falsificación de facturas.

Por ahora no parece que las cosas vayan a cambiar. Ha llegado a la dirección de PEMEX Octavio Romero Oropeza, un ingeniero agrónomo que fuera oficial mayor del Gobierno del D. F. con Andrés Manuel López Obrador, y, por tanto, del manejo de los recursos durante su administración, algunos de los cuales no son transparentes, como es el caso de los segundos pisos. A él se le ha encargado, junto con la Secretaría de Energía, la construcción de una nueva refinería, en el querido estado del Presidente, Tabasco, en Dos Bocas. Proyecto en el que no quisieron participar las empresas extranjeras invitadas, “las mejores del mundo”, por considerarlo inviable en su costo y el tiempo para realizarla. Esto, además, en medio de las críticas por seguir un camino cuyo agotamiento se anuncia próximo, pues las energías no renovables vendrían a sustituir a la gasolina.

Pero eso sí, PEMEX es un emblema político que los presidentes han usado para sostener su gobierno y a muchos corruptos.

 

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