Es hora de la unidad, por el bien de México

El boicot al proceso de revocación de mandato tendrá que convertirse en un activismo político y social orientado al proceso electoral de fin del sexenio.


 


La oposición ya probó las mieles de un triunfo frente a Morena y sus aliados. Esto fue posible porque el partido en el gobierno perdió la mayoría calificada que le permitiría hacer reformas constitucionales. Sin embargo, cuando se trata de la aprobación de leyes, el presidente López Obrador todavía cuenta con el apoyo de sus aliados y puede realizar reformas legales que aunque él ha calificado de irreversibles en diversas ocasiones, lo cierto es que aunque las cambie ahora, del mismo modo pueden ser cambiadas en el futuro.

Si el presidente insiste en reformas legales que no sean consensadas y aceptadas por el resto de los partidos, sus triunfos serán pírricos. Y eso es previsible en tanto que la oposición que logró triunfos en las elecciones intermedias, tengan la sensibilidad y la prudencia necesaria para ir juntos en las elecciones del 24, superando sus intereses particulares y, sobre todo, tomando en cuenta a la sociedad en la elección del posible candidato a la presidencia y en el programa político que diseñen entre todos.

Eso, pasa, también, por el comportamiento que los partidos tengan en el Congreso en los próximos años y en las campañas electorales donde habrá elecciones éste y el próximo año. La unión hace la fuerza, y aunque es bien sabido que no en todo están de acuerdo los partidos que lograron detener la reforma eléctrica en la Cámara de Diputados, en una sesión histórica en cuanto a su asistencia y los votos que desecharon, por primera vez en muchos años, una iniciativa presidencial de reforma a la Constitución.

Esta experiencia demuestra que por encima de las diferencias, los políticos pueden encontrar puntos en común, y éstos son los que de manera evidente representan un beneficio a la sociedad y a la nación. Esto es, verdaderamente, un ejercicio de pluralismo como pocas veces se había visto con anterioridad.

En los sistemas parlamentarios es frecuente que fuerzas disímbolas se unan para formar gobierno cuando ninguna de ellas logra mayoría. Y aunque esto representa ciertas dificultades de gobierno, también es un buen ejercicio conciliatorio donde las partes tienen que caminar juntas en un ejercicio de ganar-ganar, no sólo entre ellos, sino en beneficio del país.

Y si bien México tiene un sistema presidencialista copiado del norteamericano, durante los últimos años, como consecuencia de la transición democrática, se transformó en multipartidista donde, hoy por hoy, ninguna de las fuerzas tiene mayoría, de tal suerte que no se vive la problemática de un bipartidismo que se convierte en un sistema rígido donde tiene que gobernar uno u otro, al menos que el Congreso actúe como balance, como ocurrió en la segunda mitad del gobierno de Ernesto Zedillo y que fue la apertura de la alternancia y el aceleramiento de la transición democrática.

Las democracias no son estáticas, y menos cuando son recientes e inmaduras. Se requieren estadistas de envergadura y gran responsabilidad para consolidarse. Por desgracia esto no ha ocurrido en México, de ahí que con la llegada de Morena al poder, engañando a muchos y capitalizando los errores del pasado inmediato, nos encontramos en una peligrosa recesión que requerirá de todo el empeño de los partidos no alineados con la actual administración para comunicarse clara y contundentemente con la sociedad y que ésta sea receptiva y les dé una nueva oportunidad, ya que por ahora es imposible pensar en la aparición de nuevos partidos.

El reto no es fácil. Sin embargo, el resultado del frustrado proceso de “ratificación del mandato”, que mostró una importante caída de la adhesión al presidente López Obrador –más allá de lo que digan las encuestas-, muestra claramente que una derrota a Morena es posible. A ello se agrega el deterioro de la calidad de vida en el país, la frustración de aquellos a quienes se hicieron grandes ofrecimientos que hasta ahora –y parcialmente- se limitan a la transferencia de recursos a ciertos grupos sociales que no necesariamente tiene que ser leales a un presidente, si se les recuerda y enfatiza, desde ahora, que se trata de apoyos del Estado y no de una persona o un partido.

El boicot al proceso de revocación de mandato tendrá que convertirse en un activismo político y social orientado al proceso electoral de fin del sexenio.

Respecto de la posibilidad de unir a quienes tienen divergencias, vale la pena recordar la proeza de Schumann, De Gásperi y Konrad Adenauer, quienes recién terminada la Segunda Guerra Mundial, lograron unificar a quienes poco antes eran enemigos enfrentados en una terrible guerra, para que fuera posible la creación del Mercado Común Europeo que ha evolucionado en la Comunidad Europea.

Un México unido es mucho mejor que los intentos divisionistas que constituyen la perversa estrategia de quienes hoy ocupan el poder. Eso es posible.


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