La ropa sucia de la Presidencia

Lo que sí evidenció la revocación de mandato es que AMLO perdió a la mitad de quienes lo eligieron y no fueron a ratificar su decisión.



Dice un viejo dicho que “la ropa sucia se lava en casa”. Con ello se quiere decir que los defectos y problemas de una familia no deben salir a la luz pública, sino mantenerse en privado. Pues bien, el proceso de revocación del mandato presidencial, iniciado, promovido y alentado desde la Presidencia de la República, derivó en un espectáculo donde se exhibieron las suciedades de Palacio Nacional, su equipo, los gobernadores y Morena.

Con la peregrina idea de manifestar su arrolladora popularidad, Andrés Manuel López Obrador, que llegó a la Presidencia de la República con más del cincuenta por ciento de los votos disputados y con una legitimidad de origen innegable, se dedicó desde el inicio de su gobierno a malbaratar el bono político que tenía. Confiado en su capacidad de comunicación, no sólo como candidato de oposición, sino como gobernante del entonces Distrito Federal, fincó su estrategia en conferencias de prensa matutinas desde donde pretendía mostrar sus acciones de gobierno y presumir los éxitos de su administración.

Sin embargo, las “mañaneras” pronto se convirtieron en un escaparate de incongruencias y mentiras acerca de la realidad del país y de su gobierno, que arrinconaron al presidente en el fácil recurso de argüir “otros datos” para refutar las evidencias de una realidad que en lugar de ver cumplidas las promesas de campaña y registrar retrocesos en la economía, la salud, la educación y el combate a la pobreza, llevaron a contrastar con la experiencia de quienes han perdido sus empleos, los inversionistas que observaron con temor la cancelación de obras en regla y a punto de iniciar la producción con pretextos demagógicos. La desaparición del Seguro Popular para sustituirlo por el fracasado INSABI, con el consecuente deterioro de la atención de la salud, la falta de medicinas por el diseño de un ineficiente sistema para adquirirlas, afectando de manera importante, entre otros, a los niños con cáncer. No hablemos de la inexistente política de seguridad pública, que bajo el lema de “abrazos no balazos” tiene manchado al país en una oleada de sangre de víctimas de ejecuciones del crimen organizado. Y la lista podría continuar.

El efecto del fracaso de las políticas públicas de este desgobierno, ha sido la continua pérdida de popularidad y confianza en el Presidente Andrés Manuel López Obrador, aunque él no lo admite con sus “otros datos”. Por eso decidió exhibirse más allá de haber incluido la revocación de mandato en la Constitución, para que la sociedad pudiera promoverla si perdía la confianza en el Presidente. No le bastó, pues, legislar sobre el tema, sino que decidió aplicarse a sí mismo, la primear experiencia en la materia. Y como el pueblo, aunque inconforme con sus políticas, con excepción de FRENA no se movilizaban para recoger firmas, ordenó, primero, que gente afín a Morena, si no es que del mismo partido, iniciara y consiguiera mediante presiones, falsificación de firmas de difuntos e inclusión de falsos apoyos, el inicio del proceso de revocación de mandato.

Desde ahí se inició la cadena de sucesos donde con el Presidente a la cabeza, se violó la legislación que el mismo Presidente había propuesto y que Morena negociando con la oposición logró que aprobara el Congreso.

Con gran cinismo, López Obrador que había presumido que en su gobierno nadie actuaría al margen de la Ley, al ser reconvenido por las acciones que estaba realizando, simplemente salió con una justificación inadmisible “no me vengan con que la ley, es la ley”. Por lo tanto, a pesar de la prohibición legal y el llamado de atención de los organismos electorales para que cambiara de conducta, se negó a hacerlo. Pero no quiso ir solo, sino que impulsó a su gabinete, a la jefa de gobierno de la Ciudad de México, a los gobernadores y a funcionarios públicos, a que exhibieran la suciedad con la que se lanzaban a impulsar un proceso concebido originalmente para revocar el mandato a un Presidente, y convertirlo en una ratificación –innecesaria- de su permanencia en el cargo.

La gran movilización oficial y de Morena para hacer de este ejercicio de democracia participativa un éxito, la convirtieron en una operación de Estado contraria en espíritu y forma a un proceso ciudadano. Si antes alguno tenía duda de la corrupción de este gobierno, la exhibición pública de su violación de la ley, ha permitido conocer la suciedad que se pretendía ocultar en Palacio Nacional que saltó a la calle, no sólo desde las mañaneras, sino con la actuación del equipo gubernamental y la ilegal promoción del voto por el mismo presidente de Morena, acarreando a los ciudadanos que se resistían a acudir a las urnas. Para ello se manipuló a los beneficiarios de los programas sociales. Primero se anticipó el pago de los recursos de los mismos por varios meses, a fin de que quienes los reciben apreciaran su beneficio. Luego se les dijo que, si no apoyaban al Presidente, los perderían o se los quitarían. Esto provocó, incluso, que en el afán de conservar los apoyos hubiera movilizaciones que, desafortunadamente, provocaron la muerte de varias personas en un accidente.

Y todo para qué. Un ejercicio inútil que, como estaba previsto, no podría alcanzar el 40 por ciento necesario de votantes inscritos en el padrón electoral. Las casillas permanecieron desoladas, y no fue la carencia de las mismas, sino la indiferencia ciudadana lo que derivó en que la votación apenas superara los 17 millones de votos, y de ellos apenas 15 fueran a favor de la permanencia del Presidente en su cargo, cuyo periodo es de seis años.

Lo que sí evidenció este ejercicio, es que Andrés Manuel López Obrador perdió a la mitad de quienes lo eligieron y no fueron a ratificar su decisión. Morena y sus aliados exhibieron cuál es su capacidad de movilizar ciudadanos con acarreo y amenaza, lo cual alienta a los partidos opositores en su alianza para impedir que en 2024 sigan en el poder los ineptos que ahora lo ostentan.

También a los ciudadanos nos congratula que el “arrasador” triunfo de la ratificación con 90 por ciento de los votos, sea consecuencia del desprecio con que la ciudadanía se hizo de lado al ver la ilegitimidad de la revocación. La gran mayoría de ciudadanos no están con el presidente.

 

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