La improvisación gubernamental

Resulta lamentable que las obras insignia de la actual administración se hayan concebido y se estén ejecutando más por capricho que por un claro sustento de su viabilidad y utilidad para el país.



Desde su origen se comentó el riesgo del proyecto del Tren Maya. A primera vista perecía una idea adecuada para el desarrollo y la comunicación de una zona con potencial turístico y que, a su vez, permitiría la comunicación de zonas aisladas. Sin embargo, siempre se advirtió de los riesgos acerca de su viabilidad financiera y operativa. El tiempo ha pasado y poco a poco se van mostrando las debilidades del proyecto.

Lo primero que se ha mostrado es la incertidumbre sobre su ruta real y viable. Los puntos que tocaría han variado por distintos motivos, entre otros, la oposición de pobladores, así como los intereses políticos, pues esto explica por qué, por ejemplo, se decidió finalmente que este tren no llegara a Mérida, donde hay una afluencia turística importante y ahí podría haber interés de los visitantes de abordar dicho transporte hacia las zonas de Quintana Roo.

Resulta claro, sin embargo, que no hubo una planeación seria sobre la ruta y el trazo, ya que las peculiaridades del terreno en la Península de Yucatán no han permitido asentar vías en terrenos que por su composición son frágiles y podrían constituir un riesgo a la seguridad del tren. Al mismo tiempo, la presencia de cenotes en dicha zona se ha constituido en obstáculo para el tendido de la vía. Esto ha provocado uno de los daños ecológicos que ya se preveían. Según se informa, algunas de estas formaciones en el suelo han sido rellenadas con cemento, modificando el entorno y eliminando lo que, incluso, podría ser parte del atractivo para los viajeros.

Estas acciones son parte de lo que los ecologistas advirtieron por carecerse de un serio estudio de impacto ambiental respecto de este proyecto y las posibles formas de mitigar los posibles daños. Pero nadie hizo caso sobre el tema.

Otro tema sobre el cual poco se sabe, es el arqueológico. La ruta está diseñada sobre un territorio del que se sabe que se asientan numerosos restos de la cultura maya que si bien en algunos casos están identificados, no se pueden rescatar por falta de recursos, habrá otros que son desconocidos y que podrían ser afectados por el Tren Maya, dañando o eliminando un patrimonio histórico de gran importancia.

Estos problemas son parte de la improvisación en el lanzamiento del proyecto, a lo que se suma la improvisación de los responsables de su ejecución, quienes han mostrado su incompetencia y han tenido que ser removidos del cargo y sustituidos por nuevos improvisados que tendrán que terminar el proyecto cuyo costo final y conclusión resultan inciertos.

El Tren Maya es un ejemplo paradigmático de la conducción y ejecución de este gobierno. Lejos de que con el paso del tiempo surjan elementos que contradigan lo que se preveía desde el anuncio de la obra, conforme pasa el tiempo los hechos van reafirmando los malos augurios.

No sería este el primer caso del fracaso de una obra de esta naturaleza, ya en tiempos de José López Portillo se pretendió comunicar con un tren moderno a la Ciudad de México con Querétaro y el proyecto fracasó. Otro tanto ha ocurrido con el Tren Rápido (en realidad lento) que comunicaría a México con Toluca, una obra transexenal que muestra la ineficacia de dos gobiernos, uno del PRI y el otro de Morena.

Resulta lamentable, como se ha dicho hasta la saciedad, que las obras insignia de la actual administración se hayan concebido y estén ejecutando más por capricho que por un claro sustento de su viabilidad y utilidad para el país.


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