El genocidio avanza

El aborto es un medio para el desarrollo de la “libre personalidad” de la mujer, impidiendo, también, el desarrollo de la libre personalidad del menor a quien se quitará la vida.



Atrapados en lo políticamente correcto, legisladores y jueces se han lanzado, una vez más, a permitir el aborto en nuestro país, bajo una falsa concepción de los derechos humanos que en estos casos permite la discriminación flagrante, en tanto que en otros que no lo son, sí la declaran y la persiguen.

En la Suprema Corte se declara contrario a la Constitución que el impedimento de aborto por violación tenga límite de semanas, a propósito del caso de una joven de 17 años a quien se negó asesinar al niño que llevaba en el vientre por haber rebasado el tiempo permitido por la ley. Invocando que con ello se había ignorado el derecho de la menor, hasta se han impuesto sanciones a quienes acatando la legislación no realizaron el procedimiento.

Al leer la información respectiva y la alusión a la violación del derecho de la menor, me pregunté dónde quedaba el derecho del más menor, por decir de algún modo, que como ser humano y de acuerdo con el reconocimiento del derecho a la vida en la Constitución, hubiera sido afectado en el caso de ser abortado. Dos varas y dos medidas, que ahora generan jurisprudencia por haberse aprobado la sentencia por unanimidad. Este es un primer fruto de las nuevas normas que rigen la vida de la Corte y que, como se ve, de un plumazo son capaces de consagrar como válido para todo el país, el aborto por violación en tiempo ilimitado, como se está poniendo de moda.

Por otra parte, y sin mucho ruido, el Congreso de la Ciudad de México, que ha sido la avanzada en el ataque a la vida de los niños en el seno materno, aprobó modificaciones a la Ley de Salud que a semejanza de la Corte elimina la temporalidad para abortar en caso de violación. Y como también se ha puesto de moda en nuestro país, no es necesario que exista prueba de la existencia de violación. Bastará la afirmación de la madre de que fue violada, para que entonces sea posible el asesinato del niño en el vientre materno, independientemente de los meses de embarazo.

La iniciativa fue promovida por Claudia Sheinbaum y, desde luego, defendida y votada por los legisladores de Morena, continuando con la tradición iniciada por el PRD y apoyada por algunos legisladores del PRI y de otros partidos, con la sola oposición sistemática del PAN.

En cuanto Hidalgo, la cosa resulta más grave, pues la legislación aprobada permitirá el aborto sin una causal específica, a simple petición, con lo cual se derriban todas las barreras de protección al niño.

Un argumento común en estos casos es la defensa de que la mujer es “propietaria” de su cuerpo y puede disponer de él como se le dé la gana, menospreciando, ciertamente, los derechos preferenciales del menor a quien se le pretende negar personalidad. Se arguye, también, que el aborto es un medio para el desarrollo de la “libre personalidad” de la mujer, impidiendo, también, el desarrollo de la libre personalidad del menor a quien se quitará la vida.

Está claro hacia dónde se dirige la raíz de la transformación que se está realizando en nuestro país: el exterminio sistemático de la vida humana en el seno mismo de la madre, que como se puede apreciar puede llegar hasta prácticamente el momento previo del alumbramiento cuando el niño está a punto de ver la luz, y no digo que sea viable, porque está demostrado que hay niños que antes de las 20 semanas han logrado sobrevivir y desarrollarse con los debidos cuidados. No existe, por tanto, pretexto o justificación alguna para dar vía libre al aborto. Ni siquiera en el caso de violación se restablece la justicia a quien, sin duda, ha sufrido un atropello a su dignidad y sus derechos. Por el contrario, con el aborto se comete una nueva injusticia en donde quien es partícipe de la misma es la propia madre, aunque ella tenga atenuantes, pero no así quienes sin los mismos ejecutan esa acción.

Se trata, no hay duda, de un genocidio que en la Ciudad de México lleva ya miles de víctimas, no sólo de la capital del país, sino de quienes se trasladan desde otras entidades para someterse a abortos que, por cierto, no son inocuos. Se sabe –aunque se oculta- que no han faltado muertes entre quienes se han sometido a este sometimiento, con lo que se desmiente la falacia de que se trata de un “aborto seguro”.

No podemos menos que manifestar oposición y dolor a estos hechos.

 

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