El presidente, fuera de la ley

Además de promoverse y promover a su partido, el presidente ha atacado continuamente a sus opositores e, incluso, se le ha señalado como promotor de actos de persecución política a los mismos.



Se podría decir que es casi genética la compulsión de Andrés Manuel López Obrador de violar la ley. Así ha sido su historia pública cuando las cosas no resultan a su modo y deseo. Lo hizo en Tabasco y en la Ciudad de México. Hoy lo podemos ver, día a día, en las mañaneras cuando cínica y descaradamente reconoce que no respeta la Ley Electoral y se mete en el proceso que llegará a su momento definitorio el próximo domingo.

Cuando el presidente Vicente Fox se pronunció en el contexto de la elección de 2006, López Obrador lo calló irrespetuosamente con su célebre frase “cállate chachalaca”. Y ese ha sido su estilo permanente: grosero, irrespetuoso, difamador y mentiroso. Pero no solo eso, él se considera no sólo el fiel de la balanza, sino el auténtico intérprete –a su gusto- de la ley.

Pero por si había dudas de sus actos ilegales en materia electoral –además de otros que pudieran imputarse respeto de otras materias- el hecho es que la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, revocó la resolución que había emitido la Sala Especializada que analizó si la difusión de su “informe” de trabajo de los primeros 100 días de su tercer año de gobierno. Resulta que la sala lo había exonerado, pero la instancia superior ya lo declaró culpable. Ahora se tendrá que emitir una nueva resolución por la Sala Especializada y establecer la sanción correspondiente.

Por su puesto que López Obrador ha rechazado, con su gran ciencia jurídica, la resolución inapelable de la Sala Superior. El evento por el cual ha sido condenado, no es el único que durante el actual proceso electoral puede considerarse como actos de propaganda que no pueden realizarse durante el proceso electoral. Y aunque la sentencia determina que se deben tomar medidas para la no repetición de estos actos de propaganda, la resolución llega tardíamente.

Del mismo modo, además de promoverse y promover a su partido, ha atacado continuamente a sus opositores e, incluso, se le ha señalado como promotor de actos de persecución política a los mismos, de manera principal del Gobernador de Tamaulipas y a quien se le ha otorgado protección jurídica, pese al desafuero acordado por la Cámara de Diputados, pero rechazado por el Congreso del Estado. Por lo pronto, se ha definido que, en cualquier caso, podrá ser juzgado una vez que concluya su encargo.

Es bien sabido que la “mañanera” está concebida como un acto permanente de propaganda política. Se trata de un atosigamiento con afirmaciones y dichos sin sustento –los famosos “otros datos”- y con tal cantidad de mentiras, que aquellos que llevan la cuenta señalan que ha superado a otros que también eran mentirosos, pero no como él.

Con la decisión de la Sala Superior del Tribunal Electoral, se sienta también un precedente que supera a aquello que se señalara al Presidente Fox. La pregunta sería cuáles serán las consecuencias de esa intromisión. ¿Acaso López Obrador está buscando la anulación de la elección porque según sus propios datos (que desde luego no nos comunica) estaría en riesgo de perder la mayoría en la Cámara de Diputados?

Toda esta conducta del residente nos marca la importancia que tiene el que el próximo domingo la ciudadanía se manifieste. Es necesaria una copiosa votación que pudiera anular y minimizar los posibles intentos de fraude, provengan de donde provengan. La pasividad ciudadana sería el mejor camino para debilitar la democracia en México. Una democracia incipiente e imperfecta, pero mejor que la supuesta que hubo en el Siglo XX.

Con todas las limitantes, defectos o excesos que tenga el sistema electoral vigente, es el que nos ha permitido avanzar en la transición democrática. Es el mejor que tenemos y nos lo quieren quitar. Eso significaría una regresión hacia el autoritarismo, quizá peor que el que estuvo vigente en el pasado. No lo debemos permitir.

Y, recodemos lo que se dijo antes y hoy es tan válido como entonces: si no votas, no te quejes.


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