Formar en valores genera hijos felices

Cuando le preguntas a un papá o mamá qué es lo que desea para sus hijos, invariablemente y sin pensarlo mucho responden: que sean felices.


Niños felices


La felicidad es la meta y la búsqueda de cada persona y también el anhelo de todos los padres que aman a sus hijos; sin embargo, el mundo de relativismo en el que vivimos nos hace perder el sentido de la verdadera felicidad, envolviéndonos en una serie de intentos que producen satisfacción fugaz y alegría efímera, haciendo más grande el vacío y la necesidad de ser felices.

En un afán de evitarles cualquier tropiezo, nos hemos dedicado a maleducar a las nuevas generaciones, que han aprendido muy bien sus derechos, pero no les hemos enseñado que cada uno de éstos, conlleva una responsabilidad y una obligación.

Queremos que crezcan libres, pero no los preparamos para volar. Deseamos que sean felices, pero no los fortalecemos para enfrentar una realidad inevitable que tarde o temprano se presentará en sus vidas: el sufrimiento.

El alarmante aumento de suicidios de niños y adolescentes (quinta y segunda causa de muerte en México respectivamente según datos del INEGI), nos permite vislumbrar que nuestros niños están creciendo con un enorme vacío existencial y una gran incapacidad para enfrentarse a la frustración y a la adversidad… no están logrando ser felices.

Los papás preocupados por el futuro de sus hijos, muchas veces hacen grandes esfuerzos por inscribirlos en escuelas que ofrecen buen inglés, computación, y algunas otras actividades extracurriculares, que les proporcionen las herramientas necesarias para ser más competitivos el día de mañana, pero que le han restado importancia y tiempo a la formación de valores.

Como resultado, tenemos generaciones de pequeños que han quedado a merced de las redes sociales, de los medios de comunicación, de quienes los ven como un excelente “mercado” y les crean falsas necesidades y falsas expectativas con modelos a seguir muy bien fabricados para atraerlos a un consumismo que no tiene fin y les presentan como sinónimo de felicidad.

No lo estamos haciendo bien. Quizá muchos papás envueltos en las necesidades que nos presenta una sociedad cambiante y superficial, no nos hemos percatado que la única profesión en la que somos únicos e insustituibles es en la de ser papás.

Los padres de familia apoyados por los maestros tenemos la oportunidad de darle a la educación su verdadero sentido: esculpir el corazón de los educandos para lograr una versión más humana, más bondadosa, más perfecta, más persona. Desarrollar todas sus habilidades, pero también formar su interior para descubrir el bien, la bondad y la belleza.

El día a día nos presenta un sinfín de oportunidades para lograrlo, pues es en lo cotidiano y en la intimidad del hogar donde se presentan las oportunidades para, con un amor incondicional, cincelar el alma de nuestros hijos. Es en casa donde se prepara para la vida que no siempre es justa, pero si te da limones, habrá siempre la posibilidad de hacer limonada; porque sufrimiento y dolor no son antónimos de felicidad.

Padres y maestros tenemos que prepararnos y responsabilizarnos ante este reto, y buscar los medios que nos permitan prepararnos para una educación integral de las nuevas generaciones.

El IV Congreso de la Red de Educación de la CIRM “Educar la interioridad”, es un esfuerzo y una oportunidad para ahondar en estos temas.

 

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