Iglesia: santa y pecadora

Siempre habrá más de bien, pero las sombras nos deben enseñar a reorientar caminos, a resignificar procesos y a adelantarnos a prevenir más desgracias.


Inseguridad en la Ciudad de México


No es grato ver constantes noticias acerca de clérigos que abusan de la confianza de los feligreses y con ello llegan a cometer delitos que lastiman la Fe del pueblo.

A partir de las sospechas que llevaron a aclarar y mostrar el verdadero rostro de Marcial Maciel, es que se quitan máscaras para afirmar: sí, en la Iglesia existe el crimen.

Numerosos son los casos que alrededor del mundo muestran esta doble faceta moral de quienes se dicen ser pastores de un rebaño. Dicho rebaño ha despertado y con ello ya no se cree todo desde un fanatismo cegado por la cerrazón.

Hace unos días se comparte que el presunto responsable de la muerte de Leonardo Avendaño es el párroco de la comunidad donde el joven seminarista asistía pastoralmente. Más allá de señalar si esto es cierto o no, la pregunta es: ¿qué necesita la iglesia reformar en su fondo para mostrar otra forma?

Un seminarista muerto y un sacerdote señalado debe significar un semáforo rojo para toda la comunidad creyente: ¿qué le falta a la Iglesia?, ¿qué le sobra?, no hay que quedarse en el hecho aislado - que duele, molesta, y es condenable. ¿Qué sucederá con los siguientes seminaristas?, ¿Qué está pasando con los actuales sacerdotes?

El Papá Francisco ha insistido constantemente: se requieren pastores con olor a oveja. Esta analogía hace referencia a que la Iglesia requiere de hombres comprometidos con la causa del Evangelio, la causa de Jesús Maestro.

La Iglesia es más que estos hechos, pero estos hechos suceden en la Iglesia. Siempre habrá más de bien, pero las sombras nos deben enseñar a reorientar caminos, a resignificar procesos y a adelantarnos a prevenir más desgracias.

Sí, le corresponde a la cúpula dar lineamientos. Pero está en la conciencia de cada uno tener la conducta más apropiada y más pertinente que de razón de los actos personales sin alterar La Paz de otros.

“Esto sea el alimento para el pueblo de Dios. Que vuestras homilías no sean aburridas, que vuestras homilías lleguen al corazón de la gente porque salen de vuestro corazón. Porque lo que vosotros decís a ellos es lo que tenéis en el corazón. Así se da la Palabra de Dios. Y así vuestra doctrina será alegría y apoyo a los fieles de Cristo. El perfume de vuestra vida será el testimonio porque el ejemplo edifica, pero las palabras sin ejemplo son palabras vacías, son ideas, no llegan nunca al corazón. Incluso hacen mal, no hacen bien.

Vosotros continuaréis la obra santificadora de Cristo. Mediante vuestro ministerio el sacrificio espiritual de los fieles se hace perfecto, porque junto al Sacrificio de Cristo, que por vuestras manos en nombre de toda la Iglesia viene ofrecido de forma incruenta en el altar en la celebración de los santos misterios. Cuando vosotros celebréis la misa, reconoced por tanto lo que hacéis. No hacerlo deprisa. Imitad lo que celebráis, no es un rito artificial, un ritual artificial. Porque así, participando en el misterio de la muerte y resurrección del Señor, lleváis la muerte de Cristo en vuestros miembros y caminad con Él en novedad de vida”.

Homilía Papa Francisco. Ordenación Diaconal 2015.

 

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