“Importan más los vidrios rotos…”

Lamentablemente vivimos en una sociedad que se ha dedicado a colocar a las mujeres en una posición de casi-santas.


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Hace unos días la Ciudad de México vivió un episodio de violencia que dejó como saldo a más de 34 personas heridas, de las cuales 16 fueron hospitalizadas. Monumentos históricos fueron vandalizados y propiedad privada fue destruida bajo el argumento de “protestar contra la violencia de género”.

Las responsables fueron integrantes del movimiento feminista, quienes tras los hechos emitieron un comunicado exigiendo a los medios de comunicación evitar hablar de los daños materiales y agresiones físicas que se llevaron a cabo durante la manifestación. Más aún: cuando en redes sociales se toca el tema, muchas feministas responden diciendo: “las paredes se limpian, las mujeres asesinadas no reviven”, o bien, “te importan más los vidrios rotos que la violencia hacia las mujeres”.

La realidad es que esta respuesta es un engaño en el que podemos caer con facilidad: el hecho de que nos importen y nos indignen las muertes y la violencia hacia las mujeres, no significa que no podamos también indignarnos y exigir justicia por los daños materiales ocurridos en la manifestación feminista. Ambas acciones deben ser castigadas, cada una según su gravedad, pero al fin y al cabo ambas son delitos. No permitamos que queden impunes simplemente porque “otros hacen cosas peores”.

¿Acaso los agresores de mujeres verán los monumentos vandalizados y, en consecuencia, dejarán de asesinar o violentar mujeres? Por supuesto que no. Esto no les afectará en absoluto, especialmente después de que las mismas feministas promovieron y lograron que se aplique en todo el país la NOM 043, que permite que una mujer pueda acceder a abortos simplemente diciendo que fue víctima de violación, sin necesidad de levantar una denuncia y sin que el responsable –suponiendo que la palabra de la mujer sea cierta– pague por lo que hizo.

“¿Cómo te atreves a dudar de la palabra de la mujer?”, dirán muchos por ahí. Lamentablemente vivimos en una sociedad que se ha dedicado a colocar a las mujeres en una posición de casi santas: nosotras las mujeres no mentimos, no asesinamos, somos sólo víctimas del sistema patriarcado opresor. No caigamos en la trampa. Las mujeres también somos capaces de muchos males, y basta con leer los medios para encontrarnos casos donde asesinan a sus hijos, a sus parejas y difaman a hombres asegurando que fueron víctimas de violación cuando sólo buscan venganza por alguna situación. Estos hechos son minimizados, porque lo que vende hoy son los llamados “feminicidios”. La mayoría de las muertes en México son de hombres, pero el movimiento feminista sólo habla de las muertes de mujeres. Y luego se atreve a decir que lo que busca es igualdad.

Hace varias décadas que el movimiento feminista dejó de ser un espacio que defiende los derechos de la mujer, para convertirse en una estrategia política que victimiza, miente y genera mucho dinero a través de organismos como el IPPF.

“Tengo derecho a decidir sobre mi cuerpo”, dicen las que lucen el pañuelo verde pidiendo que sea legal matar a sus hijos en el vientre. “Lo que llevas ahí ya no es tu cuerpo”, respondemos quienes hemos leído sobre embriología. “Te importan más los vidrios rotos”, dicen quienes quieren que sus actos queden impunes justificando su violencia. “Eso se llama dañar propiedad privada, y es un delito igual que aquello contra lo que dices protestar”, decimos quienes no caemos en el juego del lenguaje de la “sororidad”.

¿Cómo se defiende realmente a las mujeres? Promoviendo políticas públicas que generen consecuencias reales para los agresores, y no implementando la NOM 043 que invita a los agresores a continuar abusando de las mujeres para posteriormente llevarlas a abortar, quedando libres y destruyendo la única prueba de que hubo delito.

 

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