Presidencialismo en tiempos de coronavirus

A México no le falta gente trabajadora, solidaria y con ganas de salir adelante, pero ningún esfuerzo será suficiente si la fuerza del Estado lo sigue oprimiendo.


Presidente y capricho


¡Pobre México! Tan lejos de Dios y tan cerca de… ¿por dónde empezar?

Pareciera que el 2020 atendió la súplica de todos cuantos desearon ser sorprendidos este año… y es que vaya que lo ha cumplido. Nos ha sorprendido con la mayor crisis económica y sanitaria nunca antes vivida, derivada del brote del nuevo coronavirus, COVID-19. Un evento sin precedentes que ha venido a desafiar la fuerza de nuestra generación como individuos y como colectivo social. Pero claro, no todos hemos sido capaces de encararlo al mismo nivel.

Desafortunadamente para México, el brote de este virus y la crisis que ha acarreado consigo, nos ha encontrado en el peor momento posible. Y es que decidió llegar cuando el país ya atravesaba por uno de sus peores padecimientos; una enfermedad ocasionada por la falta de un gobierno estable y competente, a cuya cabeza se encuentra un hombre caprichoso e ignorante, que al parecer, vive en una realidad alterna a la de todos los mexicanos, y que al día de hoy, no ha hecho más que empeñarse en imponer su mensaje político, por el que se niega a atender lo que el pueblo y la situación le demandan, para dejarnos muy en claro que el que manda aquí, es él.

Día con día el pueblo mexicano ha tenido que afrontar –y poco a poco aceptar– la cruda realidad del sistema que lo rige; este no es el gobierno del pueblo, este es el gobierno del presidente. Lamentablemente, ese sistema de división de poderes del que se habla con tanto romanticismo sólo soporta los buenos ratos donde las autoridades tienen la amabilidad de respetarlo, pero que, si llega un tirano que a su capricho busque desmembrar el sistema de justicia, al saber que cuenta con todas las facultades para hacerlo, y que aquellos supuestamente capaces de detenerlo, no le hacen ni cosquillas, nos damos cuenta que nuestro querido sistema de distribución, no es más que un simple maquillaje.

El presidencialismo en México siempre ha sido una realidad; por supuesto, no se busca negar que hubo grandes avances y mejoras en el sistema de justicia de nuestro país, pero con la llegada de nuestro actual mandatario nos damos cuenta que se les olvidó ajustar ese fino detalle, por el cual el presidente es el verdadero ostentador del poder. Ahora bien, tal vez esta figura no estaría condenada a la miseria si quien ejerciera el mando fuera una persona respetuosa del Estado de Derecho y con plena conciencia cívico-moral, pero ninguna de esas cualidades se reúne en nuestro actual gobernante. Al contrario, en él aflora la peligrosa unión del poder y la ignorancia, la cual sólo es capaz de reflejar su resentimiento social e invita a todos quienes se sienten representados con él, a perder el respeto por la ley y actuar de la manera más ignorante y conformista posible.

Aún es difícil dimensionar los alcances de la presente crisis sanitaria, y las consecuencias económicas que acarreará. Siempre escuchamos que no hay que culpar al gobierno de nuestros males y que es necesario actuar como sociedad civil; eso sólo es parcialmente cierto. Esto es un trabajo en equipo, a México no le falta gente trabajadora, solidaria y con ganas de salir adelante, pero ningún esfuerzo será suficiente si la fuerza del Estado lo sigue oprimiendo, y al contrario de apoyarlo, sólo lo castiga con el pago de impuestos fruto de su trabajo como si se tratara de un simple medio para satisfacer intereses políticos.

Como ciudadanos, nuestro deber a partir de hoy será ser conscientes. Fomentar una cultura en torno a la educación e información por la cual no hagamos al lado los temas que a todos nos conciernen, y no permitirnos seguir fomentando las brechas sociales como si no estuviéramos todos orientados a un mismo fin, que es el bienestar colectivo. Debemos involucrarnos en las decisiones que conciernen a nuestra sociedad, y educarnos en torno a nuestros derechos y obligaciones, para que el día de mañana, no permitamos a cualquier personaje político que llegue a destruir, a su arbitrio y capricho, lo que tanto nos ha costado construir como sociedad.


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