¿Sentir compasión por “el Chapo” Guzmán?

AMLO, nunca se ha pronunciado solidario con los sentimientos dolorosos de los cientos de padres de familia que perdieron a sus hijos en manos de las drogas vendidas por el Chapo.


AMLO y El Chapo


AMLO, el emotivo.

Fue inevitable que la declaración hecha por el presidente López Obrador al enterarse de la condena a cadena perpetua del celebérrimo mafioso, “el Chapo” Guzmán, causara tantos comentarios y memes. Pocas personas hubieran imaginado, estoy seguro, que un jefe de Estado, de aquí o de cualquier otra nación, podría manifestar públicamente que sentía compasión, que se había sentido movido, por la condena de un criminal a causa de sus crímenes. Pero, bueno, nuestro actual presidente no es cualquier Jefe de Estado. Y sus razones son difíciles de comprender para el ojo del pueblo, por más sabio que éste sea.

Uno puede hacer el intento de comprender la compasión, la conmoción, experimentada por nuestro Primer Mandatario respecto al criminal más famoso de la historia reciente del país, y decirse a uno mismo que el hecho de que una persona humana termine como está terminando el Chapo siempre es algo lamentable, y que es difícil no sentir una tristeza primordial ante tal suceso. No es que uno esté del lado del criminal, sino que es imposible no pensar que nadie debería acabar encerrado de por vida en la prisión, de que nadie debería haber recurrido al fraude, a la mentira, la corrupción a la ilegalidad y al asesinato. Y quizás fue en ese sentido que AMLO sintió -¿y aún siente?- compasión por el criminal. Pero, también es ineludible pensar que hay algo más de fondo en la compasión presidencial por el Chapo. La prensa nos informó hace un tiempo que el presidente de la República, compadecido de la madre del mismo delincuente, la había ayudado con medios gubernamentales para que pudiera visitar a su hijo en la prisión estadounidense en donde está encerrado desde hace unos años. No parece tener lógica que se favorezca con medios gubernamentales a la familia de quien tanto daño ha causado a la nación. Pero, se trata de AMLO, presidente compasivo y solidario.

Lo que llama la atención al ponerse uno a pensar en esto es que AMLO, que se compadece públicamente de los criminales y sus familias, nunca ha dejado ver ni el mínimo sentimiento respecto a las innumerables víctimas de aquellos. Que yo sepa, el presidente jamás ha dirigido una palabra de compasión a las familias de los mexicanos muertos por órdenes del Chapo. Nunca se ha pronunciado solidario con los sentimientos dolorosos de los cientos de padres de familia que perdieron a sus hijos en manos de las drogas vendidas por el Chapo. A los ojos del presidente sólo el sufrimiento que el criminal se causó a sí mismo como consecuencia de sus delitos es lo que lo conmueve, lo que merece sentimientos de compasión. ¿Será que así es como debe actuar un jefe de Estado?

Parecería que sí. Basta volver los ojos a la época en que López Obrador no era jefe del Ejecutivo Federal de México, sino únicamente un aspirante a serlo. Ya desde entonces él sobresalía por mantenerse ajeno a las penalidades de las víctimas de la ilegalidad y la violencia. Sobre todo si estas artimañas eran utilizadas por él. El ejemplo más patente de tal actitud del actual presidente es que jamás pidió perdón, ni admitió error alguno, ni mostró compasión hacia los numerosos ciudadanos que perdieron sus negocios cuando él se apoderó violentamente del Paseo de la Reforma durante semanas sin fin. Lo más seguro es que tampoco pedirá perdón, ni mostrará solidaridad, hacia las víctimas de la disparatadas y costosísimas decisiones de gobierno que él ha tomado desde que inició su ejercicio presidencial: los que perdieron trabajos por la cancelación del aeropuerto de Texcoco, los niños que se dice que murieron en instituciones federales de salud a consecuencia del desabasto de medicinas, los que han sido cesados de tantas dependencias federales, etcétera, etcétera, etcétera.

Pero eso no importa. Mientras la Cuarta Transformación siga el ejemplo de su iniciador y guía moral, México va por buen camino, no puede equivocarse... según dice quien ya saben ustedes.

 

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