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Inexplicable

Es ilógico que AMLO sea bien visto y estimado por la mayor parte de la misma ciudadanía que está siendo afectada negativamente por los delirios de grandeza presidenciales.



Entre más se trate de explicarlo, más inexplicable se torna. Me refiero al misterio de la invariable y elevada popularidad de AMLO. Con cierta frecuencia aparecen en los medios informativos y redes sociales explicaciones, por cuyos autores sólo siento el mayor respeto, sobre ese que para muchos mexicanos y extranjeros constituye uno de los misterios más intrincados del universo. Se dice, por ejemplo, que en el caso de la popularidad de López Obrador, hay que distinguir entre él y su obra; entre él y sus actos como gobernante. Que el popular es él, no su desempeño como gobernante, y mucho menos populares son los resultados de ese paupérrimo, criminal, desempeño. Y esto es precisamente lo que para mí es la parte más insondable de este asombroso caso.

¿Cómo es posible -me pregunto a mí mismo, y a quienes siguen calificando bien al personaje Peje mientras reprueban su trabajo- que una persona logre distinguir entre la obra de un mal gobernante y su persona, calificando a la primera de corrupta, inepta, caprichosa, antipatriota, asesina, y alabando simultáneamente al autor de la misma?

Es que me es difícil digerir la idea de que tantos mexicanos, víctimas directas o indirectas de las veleidades, estupideces e inmoralidades gubernamentales del presidente, puedan defenderlo de modo alguno. ¿Cómo se puede explicar de modo lógico, racional, el que haya ciudadanos que alaben al individuo Andrés Manuel López Obrador sabiendo que ese mismo individuo es quien, rodeado deliberadamente de maleantes de la peor calaña y de funcionarios incompetentes, ha llevado a la muerte a cientos de niños con cáncer, a cientos de mujeres enfermas, a cientos de doctores y enfermeras? El hecho de que él haya elegido deliberadamente a esos funcionarios, y de que los defienda a pesar de las críticas de los expertos y de grandes grupos ciudadanos, significa que él es igual de corrupto, incompetente y malvado que las personas que él eligió. ¿O no? ¿Cómo explicar racionalmente que tal personaje continúe siendo popular y bien querido? Las burradas gubernamentales más comentadas y probadas de este gobierno, a saber el aeropuerto Felipe Ángeles, la refinería de Dos Bocas y el Tren Maya, han sido más que suficientemente expuestas como actos probadísimos de corrupción, de mentiras, de incompetencia y de simple protagonismo neroniano de AMLO. Es por tanto lógicamente inexplicable que su autor y promotor sea bien visto y estimado por la mayor parte de la misma ciudadanía que está siendo afectada negativamente por esos delirios de grandeza presidenciales y que los reprueba masivamente.

Todo lo anterior me pone a dudar de la estabilidad mental de la mayoría de nosotros, los ciudadanos mexicanos. Me dan escalofríos de pensar que poseedores de una mentalidad tan bizarra podamos llegar algún día a elegir buenos gobernantes. Pues del mismo modo que vemos bien al malhechor ignorante y psicópata, seguramente veremos mal al bienhechor, bien preparado, honesto y juicioso. ¿Quién salvará a México del desvarío de sus propios ciudadanos?


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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com

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