La postpandemia: qué esperar

 Probablemente en unos cuantos años las discusiones que tenemos ahora sobre cómo se debe conducir la economía, nos parecerán absurdas, bizantinas.


Después de la pandemia


“Esto también pasará”, nos dicen y tienen razón. Ninguna pandemia dura para siempre. Hasta las gravísimas pestes de la Edad Media sólo duraron algunos años. Y aunque barrieron con un tercio de la población europea, finalmente llegaron a su fin. Actualmente, con mejores instrumentos de investigación, mejor equipamiento y capacidades, es muy probable que los daños tengan menor duración. Otro asunto es el impacto económico: probablemente sus efectos sean de mayor duración en la propia pandemia. Pero esto, claramente, son suposiciones. Estamos confiando en las capacidades de los científicos para encontrar soluciones efectivas en un plazo corto. Pero, si no es así, algunos especialistas en prospectiva predicen que podría haber una segunda ola de infecciones hacía noviembre, cuando empiece de nuevo la temporada de fríos en el hemisferio norte.

Pero lo más probable es que se encuentren vacunas o terapias para vencer la enfermedad. En lo que sí están de acuerdo casi todos los expertos es que no regresaremos a la normalidad como la conocimos en el año 2019. Como ha ocurrido en las grandes pandemias, las civilizaciones han sufrido cambios importantes, casi siempre para bien. Y no es sólo el efecto de una crisis económica: además de ello las prioridades de la sociedad cambiarán, abriendo nuevas oportunidades y, posiblemente, haciendo cambios importantes en la economía.

Algunos ejemplos: el negocio del transporte de personas, fuertemente dañado por la restricción de movimientos, probablemente sufrirá más por una recuperación muy lenta del turismo. En parte, por el efecto de los ingresos menores y el endeudamiento de sectores importantes de la población, pero también por el hecho de que una buena parte del turismo depende de personas edad madura y avanzada, que serán los más afectados por la pandemia. El turismo, el hospedaje y el transporte de personas tienen características peculiares: la mayor parte de sus costos son fijos, es decir, los aviones trenes y autobuses, así como hoteles cuestan lo mismo si operan a baja capacidad que si operan a plena capacidad. El costo de operar un vuelo de avión al 30% de ocupación es prácticamente igual al de operar al 80% o más. En otro extremo, negocios como los taxis, que generalmente son de individuos o en todo caso empresarios que tienen cuando mucho una docena de taxis, se encuentran durante la pandemia con una muy baja ocupación mientras que los pagos de su equipo no se reducen y muchas veces tienen que seguir circulando para encontrar algún pasaje. No es sólo que sus ingresos sean bajos, sus costos no se reducen cómo podría ocurrir en las empresas fabriles.

Otro caso interesante: si en una temporada larga la sociedad se acostumbra a operar virtualmente, nos encontraremos con mucho personal trabajando desde sus casas, así como alumnos de escuelas y universidades tomando clases en sus propios domicilios. Si al terminar la pandemia esas costumbres permanecen, nos encontraremos con un exceso de instalaciones de escuelas y oficinas que no se van a ocupar. Al no tener ocupación, el costo de esos inmuebles bajará fuertemente, y la industria de la construcción tendrá una etapa mucho más larga de recuperación. Otro ejemplo: las cadenas de ventas al menudeo podrían encontrarse con que el modelo de recibir sus mercaderías en casa o recogerlas en un punto de entrega, haría innecesario las instalaciones enormes que hoy tienen. Instalaciones que no encontrarían mercado porque son muy específicas para el uso que se construyeron.

No todo, sin embargo, sería negativo. En medio de la pandemia se están creando nuevos tipos de trabajo: por ejemplo, una gran cantidad de gente dedicada a hacer entregas a domicilio, muchas personas que enfrentan la situación económica desarrollando nuevos productos y nuevas maneras de venderlos y entregarlos a través de internet. Los especialistas en comunicaciones electrónicas están viendo un aumento importante en las ventas de sus aplicaciones para comunicaciones de alta calidad, mismas que se ofrecen a los que están trabajando en sus domicilios y a sus empresas. Los cursos para capacitar al personal que trabaja remotamente están en auge.

Hay otros conceptos que valdría la pena revisar. La cuarentena creó una reducción súbita del consumo, sobre todo del consumo discrecional. El consumismo cayó fuertemente y el resultado es que grandes cantidades de personas que vivían del consumismo de las clases medias, ahora se encuentran sin ingreso. Ambulantes, fondas y restoranes, tiendas al menudeo de productos de consumo discrecional, se encuentran con que el consumismo generaba mucho empleo y que, al desaparecer ese consumismo, no hay manera fácil de generar ingreso para grandes grupos de la población.

¿Cómo cambiará la sociedad después de la pandemia? No es fácil de prever. Hay otros temas que no tienen enfoque económico. Por ejemplo, la solidaridad que se crea en situaciones límites, como son las guerras y las pandemias. La consolidación de valores sociales, la reducción del egoísmo, el agradecimiento por lo bueno que tenemos y que nada no nos puede quitar, ni siquiera la propia muerte. Seguramente estos beneficios serán los que prevalecerán. Los cambios económicos, finalmente, encontrarán nuevos equilibrios. Probablemente en unos cuantos años las discusiones que tenemos ahora sobre cómo se debe conducir la economía, nos parecerán absurdas, bizantinas. Enfrentados a problemas de fondo, nuestras discusiones que hoy nos ocupan nos parecerán banales. A largo plazo, estaremos fortalecidos. La duda es que tan lejos quedará ese largo plazo.


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