Buenos deseos para el 2020

Reconozcamos que un año bueno no es responsabilidad únicamente del gobierno, ni de la clase política. Un año bueno depende de que todos.


Un mejor año


¡Le deseo los mejor para este próximo año! ¡Que sea un año mejor que los anteriores! Son deseos cordiales, que vienen del corazón. Pero muchas veces no nos damos cuenta de que no basta que el año sea nuevo para que un año sea bueno. He escuchado a algunos decir: “El próximo año será un año mejor, porque es muy difícil que haya un año peor que el que está terminando”. Otros dicen: “Hay que darle tiempo a Morena; este año próximo será un año de buenos resultados”. Sin embargo, la realidad es que hay muchas cosas que hacer para que este 2020 sea un año verdaderamente mejor que los anteriores. Si seguimos haciendo las cosas de la misma manera, lo más probable es que los resultados sean iguales. Habrá que cambiar, si es que de veras esperamos resultados diferentes.

Para mi gusto, el primer lugar en la lista es lograr una sana autocrítica. Tanto de la actual administración como de la oposición y, en mi opinión, también de la ciudadanía. Es claro que el gobierno de Morena no acepta críticas. Para ellos, toda crítica es malintencionada. Creen que los demás ven las cosas del mismo modo que ellos, pero que atacan sus decisiones por mera mala voluntad. Morena se coloca en un nivel de infalibilidad; una infalibilidad aún más severa que la del papa. Porque el papa, de acuerdo con las creencias de los católicos, sólo es infalible cuando habla Ex Cátedra y solamente en temas de fe y moralidad. En todo lo demás: en aspectos de gobierno, de política, de economía, el papa puede equivocarse y la historia demuestra que eso ha ocurrido en muchas ocasiones. Pero no es así para el presidente de la República: todas sus acciones son siempre correctas, de acuerdo con quienes administran su comunicación.

Pero no es diferente el caso de la oposición. Nada bueno encuentran en las decisiones del ejecutivo federal. Todo está equivocado y todos los males, dicen, se deben al error que cometió la ciudadanía al elegir a este presidente. No reconocen los graves errores que cometieron mientras estaban en el poder ni están dispuestos a aceptar que su manera de dirigirse a la ciudadanía está muy equivocada. Al no reconocer sus fallas, de alguna manera se colocan en el mismo nivel de intransigencia del actual gobierno.

Y habría que reconocer que la ciudadanía tampoco tenemos mucha autocrítica. No aceptamos que nos falta mucho para ser verdaderamente ciudadanos como los que requiere el país. Somos buenos para criticar, malos para proponer. Pero siempre la culpa la tienen los demás.

La sana autocrítica tiene mucho que ver con la responsabilidad. Como político, no se puede ser responsable si se considera que uno siempre tiene la razón. Muchas veces no somos autocríticos porque no queremos que nos pidan cuentas de nuestra actuación. Por supuesto, esto tiene también mucho que ver con tener objetivos vagos, no medibles, muy cualitativos porque de esa manera es muy difícil pedir cuentas. Y todos tenemos una parte de responsabilidad: la tiene el gobierno, la tiene la oposición, los medios y, por supuesto, la ciudadanía. ¿verdaderamente conocemos nuestros deberes, cada cual en su campo? ¿Nos sometemos a una rendición de cuentas estricta o sólo rendimos cuentas de nuestros éxitos, de nuestros logros y callamos piadosamente nuestras fallas? En este punto, hay que reconocer que los que menos nos sometemos a una evaluación somos los medios y la ciudadanía. Y, tal vez, en esto está una buena parte de nuestros males.

Deberíamos someternos a una evaluación rigurosa, en el caso del gobierno y de la oposición, mediante planes y programas medibles, que propongan resultados cuantitativos. En los distintos momentos en que los diferentes niveles de gobierno rinden un informe de sus actividades, generalmente de no se comparan contra los resultados establecidos en sus planes, en el caso del Gobierno Federal, comparándose con los resultados expresados en el plan nacional de desarrollo. Que, de acuerdo con la evaluación del exsecretario de Hacienda, no es un verdadero plan sino una proclama política. En los tres niveles de gobierno y también en la oposición, deberían tener planes que se presentarán a sus afiliados y se rindieran cuentas de sus resultados. Hoy por hoy, la única rendición de cuentas de la oposición se hace al terminar un periodo electoral, en donde se comparan sus resultados contra el número de puestos en disputa, pero sin evaluar sus actividades de manera que se pueda mejorar su actuación.

¿Qué le deseo a nuestro país para este año 2020? Le deseo una clase política con mucha autocrítica, con una gran confianza en sí mismos que les permita reconocer sus fallas sin sentirse atacados. Le deseo una oposición responsable, que haga una evaluación profunda de sus fallas en 2018 y 2019 y se proponga planes concretos para entender mejor las necesidades de la ciudadanía y encontrar opciones que den más valor a la población que las que propone el Gobierno Federal. Porque hoy en día, se ve mucha crítica, pero muy poca propuesta, ninguna opción que resulte atractiva a los ciudadanos. Porque la población no quiere que volvamos atrás: nuestro ideal no es volver a los tiempos del PRI y del PAN. Queremos propuestas novedosas que verdaderamente nos hagan lograr un pleno desarrollo.

Le deseo a nuestro país mayor unión entre los mexicanos. Esto no se va a lograr mediante los ataques cotidianos contra todos aquellos que osan opinan diferente de las autoridades, de la oposición y de los medios. No podemos seguir sembrando odio entre los mexicanos, y nadie puede decirse inocente de este cargo. La propia ciudadanía está copiando el modo rijoso de debatir mediante insultos, descalificaciones, señalamientos que sólo avivan el odio. Ojalá pudiéramos hacer un voto de civilidad: si lo que proponen mis oponentes me parece mal, en lugar de atacarlos y descalificarlos, proponer una solución mejor y crear una argumentación convincente. Conscientes de que no espero necesariamente que mi oponente lo reconozca, sino lograr que la población vea que tenemos razones que podemos debatir, enmendar si es el caso, y apoyar o rechazar.

Finalmente, le deseo a nuestro país que aumente la confianza en nuestra sociedad. Confianza en el gobierno, confianza en la oposición, confianza en los medios, confianza de unos hacia los otros. No sólo confianza de los inversionistas hacia el gobierno, que es lo que actualmente se está buscando por diversos medios pero que, en la práctica, no está funcionando. Porque no se ve confianza del gobierno a los empresarios. Y no una confianza medida en encuestas: una confianza que ocurra en la vida diaria. Y, sobre todo, confianza del gobierno hacia la sociedad, que es probablemente uno de los déficits más importantes. Una confianza que nos ganemos cada uno.

¿Habrá algo en lo que usted pueda contribuir? Reconozcamos que un año bueno no es responsabilidad únicamente del gobierno, ni de la clase política. Un año bueno depende de que todos, gobernantes y gobernados, empresarios y trabajadores, cuerpos intermedios, familias, medios, hagamos nuestra parte. Eso es lo que le deseo, desde el fondo de mi corazón. Tengo la confianza de que, si todos hacemos nuestra parte, aun si no logremos plenamente lo que deseamos, estaremos en una situación mucho mejor que la que actualmente tenemos. Porque si pusimos nuestra parte, habremos empezado a construir esperanza.

 

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