El bono de la pandemia

Es cierto que la propia pandemia ha puesto de relieve situaciones sociales muy positivas de las que no teníamos conciencia.



En algunas situaciones se habla de un bono, que obtienen las naciones por las circunstancias en las que viven. Un ejemplo es el bono demográfico que, se dice, México debe de tratar de aprovechar. Este bono consiste en que, a pesar de muchas décadas de insistencia por limitar el crecimiento de la población, en México todavía se tiene una estructura demográfica mucho más joven que la que tienen la mayoría de los países desarrollados. Y esto, que en un principio se consideró como un problema, ahora se considera como un bono. Un beneficio que nos permite tener ventaja frente a otras naciones que sí siguieron al pie de la letra el llamado a limitar el crecimiento de la población.

En una circunstancia totalmente diferente, ahora podemos hablar del bono de la pandemia. Un bono que algunas sociedades podrían aprovechar. Tal vez sea demasiado pronto para evaluar dicho bono. De hecho, en comparación con otras pandemias, algunas de las cuales han durado hasta un siglo, esta es una pandemia relativamente breve. O eso esperamos. Sin embargo, sí se puede especular con bastantes bases respecto a los cambios sociales que nos está trayendo el aislamiento que la pandemia nos ha impuesto.

A riesgo de no ser exhaustivo, se me ocurren algunos cambios sociales que ya están ocurriendo:

• Una austeridad un tanto forzada, impuesta por el aislamiento. La mayoría de la clase media ha reducido sus gastos, se ha alejado de su proverbial consumismo, algunos por la reducción de sus ingresos y otros simplemente por el hecho de que al visitar menos al comercio se ha reducido su gasto. Alguna parte de la clase media, sobre todo aquella que todavía tiene ingresos gracias a que puede trabajar remotamente, se ha dedicado a reducir sus deudas. Y la mejor prueba de ello es la insistencia de los bancos por ofrecer tarjetas de crédito con mejores condiciones, en una campaña que ya resulta un tanto pesada. Claramente, a los bancos no les conviene que la clase media les deba menos. Su negocio consiste precisamente en lograr que la mayor parte de sus cuentahabientes vivan en un nivel de endeudamiento que sea un buen negocio para los bancos sin que signifique que el deudor se arruine. Un equilibrio difícil, pero que muchos bancos han logrado dominar.

• Cuidado de la salud. El temor a los contagios debidos al COVID 19 ha creado una serie de costumbres sanitarias que pueden aplicarse también a otras enfermedades. Muchos médicos, en particular los médicos pediatras, reportan un descenso importante en las enfermedades de la infancia. Habrá que ver si esta reducción se mantiene, una vez que los críos regresen a clases presenciales, o no. Sin duda las familias están tomando bastante en serio estos cuidados, No son ni con mucho la totalidad, pero sí tienen el impacto suficiente como para reducir las posibilidades de contagio de estas enfermedades por las que antes muchísimos infantes pasaban. Y no sólo ellos: los adultos, muchos de ellos justamente atemorizados por la situación de la pandemia, están tomando más en serio su cuidado personal. Obviamente, no se trata de la mayoría, pero son los suficientes como para tener un impacto en la salud pública.

• Las familias, que en muchísimos casos tenían una preocupación por la educación de sus hijos, pero sin una participación en un tema que es su derecho y su responsabilidad, se han visto obligados a tener una participación mucho más activa en su educación. Claro, aquellos que tienen la posibilidad de una educación a distancia. Pero aún en aquellos que sólo tuvieron acceso a la educación por medio de la televisión abierta, se vieron obligados a participar en educación de sus hijos de una manera mucho más directa, por el hecho de que los niños por sí solos no podían tener suficiente capacitación como para aprovechar ese medio. Y el resultado es que muchos se dieron cuenta de que el nivel de enseñanza que se recibe en las escuelas mexicanas dista mucho de ser el óptimo. Las informaciones periodísticas sobre el bajo nivel educativo en México tuvieron muy baja penetración. Pero al tener que participar padres y madres de familia apoyando a sus hijos en la educación a distancia, se dieron cuenta tanto del escaso nivel que estaban adquiriendo sus hijos como, dolorosamente, de su escasa capacidad para poder apoyar a sus hijos en ese tema.

• La sociedad mexicana, clara y justamente apreciada por su solidaridad, sobre todo en las tragedias, está entrando con un nuevo nivel. No sólo el apoyo en casos de crisis, sino el concepto de más largo plazo, de un soporte de manera permanente. Apoyos para despensas, a organizaciones de la sociedad civil que aportan a causas de diversos tipos, organizaciones informales que se comunican a través de las redes sociales para proyectos muy puntuales, muy en pequeño, pero que antes no se organizaban para apoyar a sus conciudadanos. Y, curiosamente, en muchos casos no esperan a que el Gobierno haga deducibles sus donativos para decidirse a contribuir.

• El interés por los asuntos políticos y sociales, que tradicionalmente han sido poco apreciados y atendidos por el grueso de la población, ha crecido de una manera importante. Y este interés no ha sido fomentado por la clase política tradicional: se trata de un nuevo fenómeno, en parte impulsado por las redes sociales, por el mayor acceso a la información, y posiblemente por el descontento por el desempeño con buena parte de la clase política.

• Finalmente, un pequeño pero interesante crecimiento en la expresión de conceptos religiosos. Tal vez por el miedo como diría algún marxista, tal vez por el agradecimiento de haber salvado algunas situaciones difíciles, pero ya es notable en algunos ambientes que las expresiones religiosas, que en otro momento se consideraron como de mal gusto, están dándose cada vez con mayor libertad.

¿Serán duraderos estos cambios? Es muy difícil decirlo. Los cambios sociales no ocurren tan rápidamente: con frecuencia se tardan décadas para que un cambio social se consolide. Pero, por otro lado, esta pandemia viene en un momento particular de la historia, en el cual tenemos un nivel de comunicación mucho más extenso y mucho más actualizado de lo que tuvimos en ninguna época de la humanidad. Y eso podría acelerar este cambio.

Podría ocurrir que una situación que dure entre 5 y 10 años provoque cambios permanentes. Pero sólo el futuro nos lo dirá. Bien puede ser que, una vez vencida la pandemia, la sociedad vuelva a sus costumbres anteriores. Se dice, y creo que es cierto, que la pandemia ha descubierto temas negativos que no se trataban, ha hecho visibles situaciones que anteriormente se ignoraban. Pero también es cierto que la propia pandemia ha puesto de relieve situaciones sociales muy positivas de las que no teníamos conciencia. Ojalá podamos aprovechar este bono que la situación nos ha dado.


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