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El voto del odio

Ya nos quedan menos de 40 días para las elecciones, por lo que vale la pena aplicarnos para emitir un voto como el que se merece México.


 


Esta columna ha estado insistiendo en la necesidad de que nos informemos para poder tener un voto inteligente, debido a que es un voto informado. Vale la pena comentar otro aspecto: su voto no sólo debe ser informado; también debe ser un voto razonado. Desgraciadamente, y no es culpa de la población, en nuestro país se ha abandonado mucho la educación, sobre todo en los aspectos del razonamiento. Por razones muy amplias de exponer, se confunde el meramente discurrir y las ocurrencias con el razonar.

No es que sea un problema puramente mexicano o latinoamericano. Muchos autores han estado analizando el tema de que la razón se ha vuelto extremadamente rara en nuestra cultura occidental y probablemente estos conceptos han contaminado la cultura de otras regiones. Hay quienes hablan del “ocaso de la razón”, como dice Paul Feyerabend, famoso filósofo de la ciencia.

Esto es particularmente importante en este tiempo de elecciones federales y locales. En términos generales, nos encontramos frente a la situación de tener que tomar decisiones que nos afectarán para varios años. El problema consiste en que se nos está induciendo a votar por odio. Y esto ocurre, desgraciadamente, en todos los bandos. Ninguna formación política puede decir con veracidad que no han hecho uso de la siembra del odio. Desde muy diversas tribunas, en muy diversos niveles, los ataques personales y a diversos grupos políticos se han vuelto el pan nuestro de cada día. No se razona: se acusa, muchas veces sin pruebas, no con una intención de denuncia, sino para crear odio contra los acusados. Y, esto ha ocurrido en todos los grupos políticos.

Normalmente, la acusación no va acompañada de un razonamiento ni de la posibilidad de dar opciones diferentes a las que se han llevado a cabo o que aplicó en el pasado el acusado. Se apela a la emoción, se busca construir científicamente esta molestia, y convertirla en odio y resentimiento. Una vez creado esto, es relativamente fácil conducirlo con propósitos electorales: “Esta es tu oportunidad, este es el modo de castigarlos, como ellos no nos hicieron caso cuando los necesitábamos, como nos trataron mal, ahora es nuestro turno”, nos dicen.

Nuestra naturaleza humana tiene diversas funciones, que algunos llaman potencias: emoción, memoria, razón. Y cada uno de ellos tiene una función diferente. La razón, particularmente, es lo que nos sirve para tomar decisiones. La clase política nos está manipulando en estas elecciones para que decidamos mediante las emociones, primordialmente el odio y el resentimiento. Y nos cuesta mucho trabajo entender que el hígado no sirve para tomar decisiones.

He estado tratando de animarlo a usted, amiga y amigo, para que vote en estas elecciones. Que venza el desagrado que nos provocan muchos en la clase política, que venzamos el desánimo, la desesperanza. Todas muy naturales, pero que son mayormente emociones o que fácilmente se pueden conducir hacia ello. Lo animo a que piense y vote con la cabeza. A que utilice la información, más o menos disponible, que analice las relaciones entre las distintas informaciones que pueda recabar y busque hacer un juicio sobre el desempeño de nuestra clase política y, en particular, de aquellos que se están proponiendo para los puestos legislativos y ejecutivos en distintos niveles. Y vote de acuerdo con el resultado de esos razonamientos. Tratando de hacer a un lado, si es posible, el desagrado, la molestia, el enojo, En resumen, el odio que nos ha venido inoculando la clase política desde hace ya bastantes años. ¿Qué es difícil? Seguro. No estamos acostumbrados a esto. ¿Qué posiblemente no dé resultado? Bien puede ser. Está en nosotros la decisión de dejarnos manipular o la de tratar de votar con razones, no como fruto de una maniobra científica. Ellos tratan de cambiar nuestra decisión de voto para poder conservar o acceder a los puestos de poder. No podemos dejar que nos influyan tramposamente.

Aún si no tenemos los mejores resultados, habremos estado haciendo un ejercicio profundamente ciudadano: el ejercicio de tratar de votar en conciencia y usando nuestra razón. El ejercicio de no permitir que nos manipulen con facilidad. Y, si quiere, vayamos un poco más allá de los mínimos que se les piden a los ciudadanos, es decir, presentarse el día de las elecciones y emitir el voto, que es lo menos que podemos hacer. Si quiere ir más allá, difunda estas ideas, póngalas a debate, discútalas y vaya sembrando en otros ciudadanos la semilla del voto responsable y razonado.

Nosotros, ciudadanos comunes, los sin poder, no tenemos los recursos enormes que se están empleando para convencer a la ciudadanía en el sentido que le conviene a las distintas fuerzas políticas. Independientemente de sus preferencias personales, de su tendencia política, de su historial de apoyo a diferentes fuerzas políticas, haga el esfuerzo de ir más allá de repetir mecánicamente los slogans, los lemas electorales y los no razonamientos que nos están recetando cada día estos candidatos y candidatas. Y después, vote. Pero con el convencimiento de que su voto no está manipulado, sino que ha sido razonado. Ya nos quedan menos de 40 días: vale la pena aplicarnos para emitir un voto como el que se merece México.

 

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com

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