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La Navidad no cambia

El aprendizaje derivado de la pandemia es multifacético. Desde el ejercicio de la paciencia y la disciplina hasta la certificación de que la vida puede escaparse en unos días, todos hemos aprendido.



A unas horas de la Nochebuena, la víspera de Navidad, los hogares mexicanos viven unos momentos totalmente distintos a los de hace un año, o dos, o más.

Hoy, el COVID-19 obliga a adaptar una serie de factores que en muchos casos ni siquiera habíamos imaginado que pudieran ser alterados.

Los abrazos y los besos, la cercanía de toda la familia, los regalos entregados en mano, incluso la cena abundante y compartida… todo eso será distinto este año.

No hace falta abundar en lo que la pandemia significa, en términos negativos, para la economía. La baja antes insospechada en las ventas, la reducción del dinero circulante y por tanto también de los ingresos de los trabajadores, el cierre de empresas, sobre todo pequeñas y medianas, son temas preocupantes en estos días.

Pero no todos los frutos de la pandemia son negativos. El aprendizaje derivado de la enfermedad es multifacético. Desde el ejercicio de la paciencia y la disciplina hasta la certificación de que la vida puede escaparse en unos días, todos hemos aprendido.

Todos, excepto los que, soberbios e imprudentes, desafían al coronavirus a expensas de cuantas personas tienen cerca, y a quienes pueden contagiar e incluso matar de COVID.

Pero conviene enfocarse en quienes actúan con responsabilidad y, más específicamente, en quienes han aprendido a retomar el sentido de la vida, de los acontecimientos y de la celebración de la Navidad.

Quizá no puedan estar con sus familiares. Quizá no puedan dar ni recibir regalos. Quizá estén aislados. A pesar de todo ello, la alegría debe imperar esta Nochebuena, porque se trata de un cumpleaños, y hay que estar feliz por ello.

En efecto, la Navidad no se trata de estar alegres por lo que nos ocurre o lo que nos dan, por lo que regalamos o podemos disfrutar. Tampoco se trata de Santa Claus ni de otros personajes, ficticios o no.

En un cumpleaños, los reflectores se centran en el festejado, y el 24 de diciembre se celebra un cumpleaños, cuyo personaje central es solamente uno: Jesús, hijo de María, nacido en Belén.

Es el cumpleaños de Jesús y hay que celebrarlo con gran gozo. ¿Sin regalos, sin fiesta, sin invitados? Jesús no necesita eso. Solo quiere que no lo olvidemos, que alimentemos nuestra fe, que aumentemos la esperanza y la alegría. Que amemos y lo amemos sin condición.

No hay desastre capaz de evitar la alegría que produce recordar la venida del Salvador, hace más de 2 mil años. Ni el coronavirus, ni nada.

Celebremos, pues, la llegada de Cristo al mundo, con alegría y fe, con amor y esperanza. ¡Feliz Navidad!


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@yoinfluyo

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