¿Qué haces cuando te cae un camión encima?
José Villela .
Me pasó un accidente que me cambió. Lo digo con el corazón y es importante que también se lea con el corazón. Lo importante no es lo que voy a decir sino lo que ustedes se digan a sí mismos. |
||
|
||
Yo no sabía que me había caído un camión de basura encima. A los pocos segundos me sentí paralizado del cuello para abajo. A los cinco minutos del golpe, se acercó un policía, rompió el vidrio y gritó “¡Está vivo!”. Fue la mejor noticia que me pudo dar porque yo me encontraba confundido. Empezó a llegar gente para ayudar. Luego llegaron rescatistas, rompieron el techo del coche y trataron de sacarme. Me tocaba ser dócil y dejarme ayudar. El médico está para curar, ahora me tocaba ser curado. Era un golpe al ego. Una persona dijo “Dame el teléfono de alguien de tu casa”. Le di el celular de mi papá. Le marcó. Él estaba a tres kilómetros del lugar. Llegó enseguida y corrió hacia donde sonaban las sirenas. Yo estaba en la ambulancia, en una camilla, paralizado. Mi papá alcanzó a subirse, sudando, respirando rápido. No dijimos nada, nuestras miradas se cruzaron y con eso nos dijimos todo. Con su mirada él me decía “Soy tu papá. Aquí estoy, tranquilo”. Con la mirada yo le decía: “¡Te necesito!”. Volví a ser un niño. Rechinando las ruedas, la ambulancia me llevó al hospital ABC (en México D.F.). Entró a la sala de urgencias, me metieron a la sala de choque y me desvistieron. Sentí mi vulnerabilidad. Me sacaron muestras de sangre. Llegó el doctor Felipe Cervantes. Dijo “Pepe, tienes el cuello roto; te vamos a operar”. La tomografía mostraba tres vértebras cervicales rotas y la médula espinal fraccionada. Tengo un tío sacerdote, primo de mi papá, misionero del Espíritu Santo. Fue a verme, a darme la unción de enfermos y a confesarme. Eso me dio mucha paz. Mis hermanos lloraban y yo trataba de tranquilizarlos. Llegó el doctor Soriano y dijo “Pepe, vamos a pasar a quirófano, vamos a reconstruir el cuello y la cirugía va a durar 12 horas aproximadamente”. Dije por dentro “Señor, que sea lo que Tú quieres”. Supe que en la cirugía metieron tornillos, barras y alambres. Salí grave de la cirugía, la presión se descontroló. Algún médico aconsejó “Si cae en paro no lo resuciten”, pero otros médicos no pensaban así. Estuve 15 días en estado de coma, quieto, conectado a un ventilador para respirar. El panorama era negro. Cuando abrí los ojos me vi lleno de sondas y de catéteres, con los brazos fracturados enyesados. Caí en un enojo contra el conductor del camión de basura, porque estaba prohibido que a ese puente se subieran camiones. Ahora no estaba tan tranquilo. Una compañera me fue a visitar, y me dijo “Como has de estar aburrido te voy a leer las ‘Crónicas de Narnia’. Yo no podía contestar porque tenía un tubo en la boca. Luego dijo ‘Como no te está interesando mucho te voy a leer otra cosa…’ Pensé ‘El Señor de los anillos’”. “Los recados de las personas que te quieren” respondió. Fueron dosis de vida. Comprendí que tenía que luchar y regresar por ellos. Me escribieron primos, abuelos y amigos que tenía años de no ver. Una amiga de mi mamá me escribió en una hoja verde fosforescente con letras grandes: “Nada puede pasarme que Dios no permita, y todo lo que Dios quiere, por más malo que me parezca, es lo mejor para mí”, Tomás Moro. Al principio no entendí la frase. Después de releerla pensé que todo esto podría tener un sentido, pero que no me iba a esforzar por desvelarlo, con sólo saber que había un sentido me quedé más tranquilo. Pensé: Hay algo trascendente, algo que tiene que ver con mi alma. En la escuela me habían dicho que somos cuerpo y alma, que aunque mi cuerpo en ese momento no funcionara, mi alma podía volar. Eso fue lo que me permitió salir adelante. Luego me dio neumonía provocada por una bacteria, típica de hospital, resistente a muchos antibióticos; la infectóloga que me atendió es excelente y logró sacarme de ella. Después me salieron llagas y me cuestioné “¿quieres vivir, sí o no?” “Sí” respondí. Respiraba por el cuello. Nunca me había parado a considerar la belleza que es respirar. Me costó un mes recuperar la respiración normal sin horas de descanso. No se movían los músculos del diafragma, pero después de un mes, inexplicablemente, se empezó a mover. Otro reto fue ponerme en posición vertical, lo logré en tres semanas. Luego empezó la rehabilitación, ya que al principio sólo movía los hombros. Hice rehabilitación ocho horas diarias en el gimnasio del hospital. Recuperé el movimiento del bíceps y del triceps pero no el de los dedos. Otro reto era hacer vida normal. Tenía que aprender a comer, a bañarme, a cepillarme los dientes. Somos seres necesitados de los demás. Me ayudan y ayudo, no quiero ser terco. Salió la oportunidad de ir a Phoenix, Estados Unidos, a hacer rehabilitación. El accidente fue en enero, me fui allá en octubre. Allí no consienten a los enfermos para que se den cuenta de que pueden hacer más cosas de las que piensan. Allá, a las 9 p.m. las luces y los televisores se apagan porque el enfermo tiene que estar listo temprano para la rehabilitación. Ofrecen baño cada tercer día, estuve durante 48 allá. Conocí gente igual que yo, que lleva una vida normal. Me enfrentaron con mi discapacidad. Regresé el 8 de diciembre. Me topé con una carta que me enviaba el prelado del Opus Dei, desde Roma. Llegó en un momento clave. Decía más o menos lo siguiente: “Queridísimo José. Estoy enterado de los detalles de tu accidente y quiero decirte que te acompaño con mucho cariño. Jesús te quiere mucho, y como te quiere con locura, pasa muy cerca de ti con la Cruz y te pide que le acompañes en ese camino”. A lo largo de este camino, La Obra (Opus Dei) jugó un papel importante porque me acompañaron y se preocuparon de que no me faltara la medicina del alma. Regresé a México. Mi abuela me recibió con mi comida favorita: albóndigas, lo que más me gusta, y empecé a trabajar en la universidad como adjunto de Fisiopatología y Propedéutica. Acabé la carrera como médico general a base de mucho empeño y apoyo de familia, maestros y colegas. El siguiente paso es la especialidad. Hice el Examen Nacional de Aspirantes a Residencias Médicas en septiembre y fui aceptado. Entraré a estudiar al Instituto Nacional de Psiquiatría. Para terminar quisiera recalcar tres ideas: a) Todos tenemos problemas de todo tipo, la adversidad es parte de la vida. Si no es en el trabajo, son problemas económicos o con el novio (a), o de otro tipo. No debemos huirle a la adversidad, hay que enfrentarla y ver en los problemas una oportunidad de crecimiento personal y espiritual, para de esta manera dejar de tener problemas. Sin importar el tamaño de la contrariedad, no todo está perdido, hay que tener esperanza. Las esculturas se hacen a base de cincelazos. A todos nos tocan ciertas dosis de dolor. A todos nos cae un camión de basura tarde o temprano, es decir, nos llega la adversidad. Ver lo positivo de nuestra vida ordinaria es una decisión que está en nuestras manos. b) Tenemos que ser personas responsables. Una mala acción tiene repercusiones que con frecuencia no se pueden medir. Mi accidente fue fruto de una mala decisión tomada en un segundo. El chofer del camión de basura, iba hablando por celular y discutiendo con alguien. El perdió la vida en el accidente y yo la movilidad. c) A base de oración humilde y trabajo se llega a aceptar la voluntad divina cuando ésta no coincide con la nuestra. Un buen amigo (Fritz Thompson), quien sufrió hace algunos años un accidente similar me dijo: “No cuestiones las decisiones de Dios, dales entrada a tu corazón y construye con ellas”. |










Comentarios
Eres un ejemplo de vida , yo pensé que mi problema era enorme y cuando leeo esto que tan lindo compartes con la gente me doy cuenta que no tengo excusa para tener miedo , ni para dudar de Dios . ME ENCANTARÍA SER TU AMIGA , yo quiero gente como tu en mi vida . Te mando un abrazo con mucho cariño . Y te doy las gracias por lo que hoy dejas en mi . Felicidades también por los papis que tienes . Un abrazo Maria del mar !
Jaime Garanzuay