"Mayo de 68", matriz ideológica de los "disidentes"
Federico Müggenburg .
Uno de los más importantes “teólogos” de la primera generación de “sembradores de cizaña” en América Latina, después del Concilio Vaticano II, fue Joseph Comblin, ex jesuita belga, fallecido en marzo de 2011 en Brasil. Junto a él, figuran por su importancia, Iván Illich, Gregorio Lemercier, Andrés Aubry y el belga Francois Houtart, único sobreviviente. |
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Transcribo algunos párrafos: “La historia de ‘la recepción del Vaticano II fue determinada’ por un acontecimiento totalmente imprevisto. 1968 es una fecha simbólica, la de la mayor revolución cultural en la historia de Occidente, más que la revolución francesa o la revolución rusa, porque toca la totalidad de los valores de la vida y todas las estructuras sociales. “A partir de 1968 lo que ocurrió fue mucho más que una protesta de los estudiantes. Fue el comienzo de un nuevo sistema de valores y una interpretación de la vida humana… En 1968 comenzaba abruptamente una revolución total que afectaba a todos los dogmas y toda moral tradicional, a todas las estructuras institucionales tanto de la Iglesia como de la sociedad… “En realidad era el comienzo de una nueva era que todavía está en pleno desarrollo hoy día. 1968 significa cambio de toda la política, la educación, los valores morales, la organización de la vida y la economía…1968 significa una crítica radical de todas las instituciones establecidas y de todos los sistemas de autoridad. Era la contestación global de toda sociedad organizada tradicional. “La crítica se dirigía al Estado, a la escuela en todos sus niveles, al ejército, al sistema jurídico, a los hospitales. Era una crítica a todas las autoridades establecidas que mandan por la fuerza de las estructuras y hacen de todos los ciudadanos los prisioneros de las instituciones. “Claro que la Iglesia Católica está incluida en esa crítica. La Iglesia Católica era el modelo típico de un sistema institucional radicalmente autoritario; ella fue inmediatamente atacada y denunciada con vigor. Los cambios conciliares, tan tímidos, no podían convencer a la nueva generación. El Vaticano II era totalmente inofensivo si se compara con la revolución cultural que comenzó en 1968”. Revista Voices No. 4, año 2011. Los íconos del mayo francés fueron Marx, Mao y Marcuse; sus intérpretes, variados: de Sartre, Morin, Garaudy, Debray, Bordieu, a los latinoamericanos como Méndez Arceo y Heberto Castillo. Mayo del 68, significó arrebatarle a los soviéticos el monopolio del marxismo, al que “habían burocratizado”, para abrirlo a todas las posibilidades de lucha dialéctica, no sólo a la aplicación de explotadores versus explotados. Desde entonces perdieron los partidos comunistas de obediencia soviética el liderazgo de la vanguardia del proletariado y el monopolio para hacer la revolución. Vinieron diversas modalidades: maoísta, gramsciana, eurocomunista, engelsista y la proliferación de la emancipación o liberación, juvenil, femenina, tercermundista, guevarista y por supuesto la “cristiana”. En este contexto no extraña el escrito de Comblin. La clave está en las primeras palabras: “La historia de la recepción del Vaticano II fue determinada por un acontecimiento totalmente imprevisto”. Los teólogos que desde entonces “interpretan”, haciendo la “recepción” en una clave, que lo “determina”. El mayo de 68 empezó el tres de mayo, en protesta por el arresto de Daniel Cohn Bendit el 27 de abril y terminó el 16 de junio con la evacuación de la Sorbona, ocupada por jóvenes iracundos y revoltosos. También hay que recordar cuatro muertes que alteran y condimentan los ánimos juveniles en el mundo: Ernesto Che Guevara, (9 de octubre de 1967); Martin Luther King, (4 de abril de 1968); Rudi Dutschke, (11 de abril de 1968) y Robert Kennedy, (6 de junio de 1968). Por estas razones e interpretaciones tan “sui generis”, los teólogos agrupados en Amerindia y ASETT, postulan que la llamada “teología de la liberación”, está considerada como el detonador revolucionario, que luego ha concebido la “liberación de la teología”. Así a base de piruetas y brincos teofánicos espectaculares, por diversos caminos se engendró la “teología india”, y la “nueva teología intercultural e interreligiosa de la liberación”, que han producido un itinerario: Para llegar a la culminación que se lanzará en el “Congreso Continental de Teología”, con “El paradigma post “religional” emergente”, que dejará atrás todas las “religiones agrarias neolíticas”, rescatando la “espiritualidad cósmica “religiosal” de los animistas, indígenas y afrodescendientes originadas en el paleolítico, para ingresar felizmente al “nuevo tiempo axial”. Este auge de la complejidad herética actual, está llegando a su conformación o configuración final, haciendo competencia histórica con lo que fueron en su momento las complejidades del arrianismo, el cátaro-albigenismo y el protestantismo, que tanto daño hicieron a la obra creadora, redentora y vivificadora de Dios en la historia. Sin embargo, las virtudes teologales: Fe, Esperanza y Caridad, están presentes y son garantía de la promesa de que el mal no prevalecerá. 06AGO12 RS446 |










Comentarios
¡¡¡ ZACATELASBABUCH AS !!!
¡¡¡ CHANFLE !!!
Hay que decir a los congresistas que nos traduzcan sus gongorísticos términos.