Amor y tragedia a la mexicana. Carta de un emperador a su madre. Capítulo LIV
Jorge Espinosa Cano .
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Mucho se conoce sobre los hombres a través de sus cartas, he aquí un extracto de una que escribió Maximiliano a su madre: Querida y buena mamá: |
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"No podría expresar con palabras lo que me ha costado separarme de ella; es terriblemente duro saber tan lejos a la fiel compañera, la estrella de mi vida, en un momento en que quizá Europa arde; pero en el cumplimiento de sus deberes todo el mundo debe hacer los mayores sacrificios... los meses durante los cuales nos separe el océano serán sin duda la prueba más dura de mi vida, pero para los grandes fines hay que hacer grandes sacrificios. "...Puesto que Europa nos abandonaba de todas partes de una manera ignominiosa y el mundo aventajado tiembla con cobardía ante Norteamérica, es aquí necesaria la más intensa actividad. "Los monarcas europeos lamentarán algún día amargamente haberse inclinado con imperdonable debilidad ante la vecina república sin conocerla; pero esto no me concierne en nada, tengo que reflexionar día y noche sobre la manera de salvar, en la medida de mis débiles fuerzas, a mi nueva patria ya tan amada. En este propósito de deber y amor Carlota me secunda con su actividad fiel y honradamente...". Y es que mientras tanto el embajador de Estados Unidos en Francia no dejaba de manifestar su disgusto por la presencia francesa en México ni su enorme simpatía por el gobierno republicano (el de Benito Juárez, porque por los gobiernos republicanos conservadores nunca mostraron la menor simpatía, pues se oponían a la injerencia del futuro país imperialista del norte en México), parte del mensaje del embajador decía así: "La causa del descontento producido en Estados Unidos por la ocupación de México consiste en que el ejército francés al invadir México, ataca a un gobierno profundamente simpático a Estados Unidos", y ya sabemos que este país no tiene amigos, sino sólo intereses. Varias cosas podemos ver con claridad en esta carta, desde luego que Maximiliano se sentía en verdad comprometido con su nueva patria e incluso se consideraba mexicano; se notaba su desesperación por el temor que las cortes europeas sentían respecto del gigante mundial que hacía su aparición en el escenario político, y su determinación de no dejar que estadounidenses se entrometieran en los destinos de México. Maximiliano no se había dado cuenta que hasta ese momento no había sido más que una pieza del ajedrez político con el cual Francia pensó que se podía oponer al crecimiento dominante de Estados Unidos, mientras que con una mayor frialdad política Juárez entendió que lo que más le convenía era seguir siendo un gobierno simpático ante los vecinos del norte. |











